Se cumplen 85 años de la primera participación colombiana en un certamen del ciclo olímpico: los Juegos Centroamericanos y del Caribe, realizados del 5 al 24 de febrero de 1938, en Ciudad de Panamá.
El año de 1938 marcaría un cambio brusco en las rutinas del deporte colombiano, que apenas avanzaba con los primeros torneos nacionales, el más importante, los Juegos Nacionales, que habían celebrado las ediciones de Cali 1928, Medellín 1932, Barranquilla 1935 y Barranquilla 1936.
Hasta ese año de 1936, Colombia se había mantenido ajena a participar en unos Juegos Olímpicos como país, aunque en 1932, un solitario y valiente boyacense, Jorge Perry Villate, compitió por su propia iniciativa, en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, sin que Colombia contara con Comité Olímpico, como lo ordenaban las normas del Comité Olímpico Internacional, hecho, de por sí, irregular.
Ya habían nacido los Juegos Centroamericanos y del Caribe, primer certamen múltiple regional celebrado en el mundo, que fueron creados en 1925, con la Organización Deportiva Centroamericana y del Caribe.
En 1936 la actividad deportiva colombiana había crecido un poco, tal vez no lo suficiente para darle vida a una estructura conformada por las instituciones básicas, es decir, las federaciones deportivas nacionales, que impulsaran la creación del Comité Olímpico nacional.
Sin embargo, otros hechos fueron definitivos para dar ese paso que faltaba: la creación del Instituto Nacional de Educación Física, que daría vida académica a esta profesión; el nombramiento del barranquillero Julio Gerlein Comelín, como representante del COI en Colombia, quien, junto al director de Educación Física de Cundinamarca, Alberto Nariño Cheyne, impulsaba la idea de crear el COC; el manifiesto apoyo del gobierno a la presencia nacional en los Olímpicos de Berlín, entre otros sucesos, y la existencia de un buen número de deportistas en varias regiones del país.
Colombia se estrenó en los Olímpicos de 1936, con un equipo conformado por cinco atletas, que cumplieron, como era de esperarse, una pobre actuación.
Pero el gran triunfo de ese estreno lo conquistó el delegado de Colombia, Alberto Nariño Cheyne, quien logró que se aprobara la creación de un certamen llamado Juegos Bolivarianos, para los países liberados por Bolívar, y que se celebrara su primera versión, en 1938, en Bogotá.
Toda la dinámica generada para organizar los Bolivarianos despertó el interés de Nariño Cheyne, para que Colombia se asomara a certámenes internacionales, inclusive antes de los Bolivarianos, programados en agosto de 1938.
En 1926 había comenzado los Juegos Centroamericanos y del Caribe, en Ciudad de México, y se habían realizado dos ediciones más, en 1930, en La Habana, Cuba, y en 1935, en San Salvador, El Salvador, sin la presencia de Colombia.
Como se venía trabajando para los I Juegos Bolivarianos, y se contaba con una delegación en borrador, Nariño Cheyne creyó importante foguear dicho equipo en los Cuartos Juegos Centroamericanos y del Caribe, que se celebrarían del 5 al 24 de febrero, de ese año de 1938, en Ciudad de Panamá.
Y ese fue el debut de Colombia, en un certamen del ciclo olímpico

Cincuenta colombianos pioneros
Colombia asistió por primera vez a un evento múltiple del ciclo olímpico, los IV Juegos Centroamericanos y del Caribe, celebrados en Panamá, del 5 al 24 de febrero de 1938, con la mayoría de deportistas que actuarían en la cita de Bogotá, seis meses después.
En el certamen actuaron 1.216 atletas, 50 de ellos colombianos, en representación de diez países del área centroamericana: México, Panamá, Jamaica, Honduras, Guatemala, El Salvador, Costa Rica y Cuba, que habían participado en las dos anteriores ediciones, y Colombia y Venezuela, quienes hacían su estreno.
Los juegos de Panamá son considerados los primeros de la era de consolidación del certamen, por la presencia de diez países, el incremento de los deportes y los resultados técnicos, que fueron superiores a los obtenidos hasta entonces. La más destacada marca fue lograda por el panameño Jenning Blackett y el cubano Jacinto Ortiz, quienes en una serie eliminatoria igualaron la marca mundial de los 100 metros, al establecer 10.3, el mismo registro del legendario Jesse Owens, logrado dos años antes en los Juegos Olímpicos de Berlín, Alemania.
Las dos únicas medallas obtenidas por Colombia fueron de bronce, la primera a cargo del equipo de fútbol dirigido por el argentino Fernando Paternoster, y la segunda en tenis, con Carlos Bauer y Jorge Combariza, en dobles.
También se destacaron los ciclistas Guillemo Pignaloza y Marco A. Gutiérrez, quienes fueron cuartos en los 1.000 metros contrarreloj y 1.000 metros scratch, respectivamente.

Un juicio periodístico benévolo
Sobre los resultados obtenidos en Panamá por nuestros deportistas, el periódico El Tiempo publicó un comentario en el que se justificaba la actuación colombiana: “El hecho de que nuestros atletas no hayan conquistado una docena de títulos, fue tema que se prestó para toda clase de títulos, fue tema que se presentó para toda clase de comentarios, inclusive por parte de aquellas personas, que solo conocen el deporte por referencias fraternales.
“Si los comentaristas se hubieran tomado el trabajo de analizar las causas de nuestras derrotas habrían justificado la actuación de nuestros delegados. Careciendo de pistas, de elementos para trabajar, de entrenadores y de orientación técnica, los triunfos en Panamá eran menos que imposibles. Se imponía la participación como escuela de experiencias y aprendizaje.
“Hemos sido derrotados por países en que el deporte tiene un alto significado…Para nosotros las jornadas en Panamá no significan el fracaso de nuestro deporte. En Panamá triunfaron los mejores, que no fueron -por muchas razones- los representantes colombianos”1.
1 El Tiempo, 14 de febrero de 1938.





























