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Revista Olímpica

Libros. La educación en el patio

Esta obra es un intento de conjugar la realidad de las escuelas y sus alumnos, con una nueva forma de pensar y resolver su educación física. Es probable que, a partir de algunas de las ideas y análisis expuestos se generen oposiciones, polémicas y nuevos desarrollos que incidan en un enriquecimiento del quehacer en patios, campos deportivos, natatorios y gimnasios; si esto se produce, el objetivo básico se habrá cumplido.

Lic. Jorge Roberto Gómez

Decano de la Facultad de Actividad Física y Deporte, de la Universidad de Flores, en Buenos Aires, Argentina; Director del Instituto Superior del Pinar; integrante de Comisiones de Curriculum (Área Educación Física) en el Ministerio de Educación de la Nación y en las Secretarías de Educación del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y de la Provincia de Buenos Aires, y autor de cinco libros de educación física, en colaboración.

La educación es imprescindible, pensando en el devenir de cada ser humano, nacido en un espacio social y en un momento histórico determinados, que le requerirán el aprendizaje de conocimientos y competencias complejas para vivir y desarrollarse.

En el proceso de civilización se creó la escuela para que se ocupe de complementar la educación inicial que brinda la familia, como idea ingenua v primitiva. La complejidad de los hombres y las formas que el poder asume en la construcción de las relaciones sociales, ha hecho de la institución escolar el sitio para educar a los alumnos haciéndolos partícipes de los paradigmas y conocimientos que definen las formas de vivir en cada comunidad, pero también se ha convertido en un espacio políticamente fundamental para los estados modernos.

En la actualidad, ha cobrado fuerza el rol de contención social que la escuela tradicional detentaba secundariamente, junto con su misión de enseñar contenidos validados. La necesidad de ocupar y controlar a las grandes masas de niños y adolescentes que pueblan el planeta, hace que cada vez se extienda más el tiempo de escolaridad obligatoria; por supuesto, que si a esta necesidad sociopolítica se agrega una oferta de alta calidad en el servicio educativo, que promueva la convivencia pacífica, el pensamiento crítico, la capacidad laboral para actuar con creatividad y satisfacción, promoviendo cambios en los sistemas productivos y de distribución equitativa del producto del trabajo, el placer por el arte, la recreación activa en el tiempo libre, entre los propósitos de mayor relevancia, estaríamos ante una escuela valiosa y al servicio de la calidad de vida de cada ser que transita por ella.

La realidad nos señala que esto último sólo es ofrecido en las instituciones educativas a las que tienen acceso las clases sociales de mayores recursos, acumuladoras de riqueza y cerradas a las necesidades de las demás, inexorablemente expulsadas hacia escuelas que no pueden ofrecer la misma oportunidad y posibilidad educativa.

La población de los países que no han alcanzado a ingresar en el concierto de los que se incluyen en el llamado primer mundo, no acepta más dilaciones, para que niños v adolescentes reciban una educación significativa, que les permita superar sus carencias y les brinde el acceso a competencias necesarias para comprender e intentar modificar un modelo de sociedad altamente competitivo y consumista, signado por un pensamiento individualista y escasamente solidario, con formas de relación signadas por la indiferencia y la desvalorización del otro.

La escuela, desjerarquizada por la propia sociedad, que espera de ella un accionar actualizado y dinámico, sin comprender cabalmente la existencia de un poder hegemónico, que intenta mantenerla sólo como institución contenedora, se debate en una serie de dificultades y contradicciones: por un lado, no le resulta fácil cambiar las teorías y prácticas pedagógicas centradas en el docente, para normalizar y uniformar la enseñanza, por aquéllas que ubican al alumno como el factor desencadenante del quehacer escolar; por el otro, la intención de muchos docentes para trabajar en esta línea, se estrella contra las imposibilidades estructurales y el mandato subyacente de no producir cambios sustanciales.

Sin embargo, aquí está presente el desafío. Éste es el punto de inflexión.

Las fronteras formales entre docentes, alumnos, padres y directivos, tienden a desaparecer, ante la necesidad de alcanzar una forma de comunicación y accionar conjunto que les permita operar con mayor justeza y celeridad, en contra de un sistema inmovilizador, reproductor de los órdenes establecidos y de los contenidos que deben ser enseñados. Esta realidad es altamente saludable, pero también guarda el germen del

caos, si quienes deben conducir los procesos institucionales y quienes deben instrumentar en el aula o el patio una educación diferente, no se capacitan debidamente, fundamentalmente no cambian su posicionamiento pedagógico.

Sobre los docentes recae la última responsabilidad señalada, que conlleva la obligación de ampliar sus conocimientos y sus estrategias pedagógico-didácticas, para poder responder en forma adecuada a los alumnos de estos tiempos. Su rol tradicional de enseñantes de contenidos estáticos de la matemática, la lengua, la historia, la geografía o los juegos y deportes, debe transitar por los nuevos caminos del enseñar a aprender, el enseñar a hacer y el enseñar -finalmente- a ser.

En esta profunda revisión de la educación escolar, la Educación Física puede tener un papel altamente protagónico, siempre y cuando modifique seriamente su enfoque.

Foto: La Silla Vacía.

Asistimos al definitivo abandono del dualismo cartesiano que llevó durante décadas a la educación física a ser «la hora para dedicarnos al cuerpo*.

La omnipresencia de la corporeidad como sustento del ser y estar en el mundo, su rescate hedónico, desculpabilizando el placer y el bienestar corporal, el planteo de nuevas formas de entender la inteligencia y su génesis, en las cuales al motricidad cumple un papel fundante, llevan, necesaria e indefectiblemente, a revisar los paradigmas convencionales con que la educación física se instaló en la escuela.

Aprender a vivir con y a partir del cuerpo, disfrutar de las diferentes actividades físicas y deportivas desde la perspectiva de la creatividad, la expresión plena del ser corporal, la recreación del potencial lúdico y una nueva forma de relacionamiento social,

que utilice el agonismo deportivo para el encuentro con el otro, en pos de logros comunes son algunas de las líneas orientadoras de una educación física que cubra realmente las necesidades de los niños y adolescentes, anhelantes de obtener aprendizajes significativos y no sólo una serie de técnicas deportivas impuestas rutinariamente o un tratamiento objetal y disciplinante de sus cuerpos

Los documentos iniciales para la transformación educativa y el material de contenidos básicos comunes elaborados por los cuerpos técnicos de los ministerios de Cultura y

Educación, los diseños curriculares jurisdiccionales y la elaboración consecuente de los proyectos educativos Institucionales propios de cada establecimiento han creado un contexto particular, caracterizado por propuestas y desarrollos curriculares disímiles, que en algunos casos ha llevado a los docentes a una situación de incertidumbre sobre la forma de encarar su tarea escolar cotidiana.

En el caso de la educación física, el problema es doble: por un lado, persiste la dificultad para definir su posicionamiento filosófico y epistemológico como disciplina, y,

por el otro, los docentes se encuentran con lineamientos curriculares que modifican sus paradigmas pedagógicos convencionales, sin disponer de elementos teóricos ni propuestas didácticas que les permitan visualizar las modificaciones que se les solicita implementar en su quehacer educativo.

Es necesario, entonces, ofrecer una fundamentación clara y precisa de la educación física hacia la cual se tiende y una explicitación de las estrategias didácticas que deben utilizarse para cumplir cabalmente con el compromiso de ayudar a los alumnos del sistema escolar a encontrarse con su realidad corporal y motriz y a proyectarse desde ella en un crecimiento signado por el equilibrio, la seguridad, la independencia y la capacidad de adaptación constructiva, condiciones indispensables para desenvolverse en un contexto sociocultural en que el cambio permanente será el marco de referencia durante sus vidas.

Esta obra es un intento de conjugar la realidad de las escuelas y sus alumnos, con una nueva forma de pensar y resolver su educación física. Es probable que, a partir de algunas de las ideas y análisis expuestos se generen oposiciones, polémicas y nuevos desarrollos que incidan en un enriquecimiento del quehacer en patios, campos deportivos, natatorios y gimnasios; si esto se produce, el objetivo básico se habrá cumplido.

No hay más espacio para persistir en la inmovilidad de las ideas y en la aplicación de modelos caducos, en los que prima la instrucción deportiva y el desarrollo funcional de músculos, corazón y pulmones, sobre la base de la normalización y el disciplinamiento externo, si tomamos conciencia de rol que significan éticamente.

Una nueva mirada es posible y necesaria, para hacer que una profesión relegada por la sociedad, se constituya en la orientadora de un aprendizaje vital para todo ser humano: vivir comprendiéndose a sí mismo, como un ser corporal inteligente, afectivo y social. 

Foto portada: Ministerio de Educación Nacional.