Hasta 1990, los patinadores colombianos usaban solo los patines convencionales de cuatro ruedas. De pronto, un joven llamado Alfonso Cano Camargo empezó a competir en Colombia con patines en línea. Fue rechazado, por sus patines, como parte del equipo bogotano a los Juegos Nacionales de 1992. Decidió instaurar la primera tutela, figura creada en Colombia, en 1991, ganó, pero no fue llevado a los Juegos. Esta es la versión del propio corredor.

Por Alberto Galvis Ramírez
Director de la Revista Olímpica y presidente de la Academia Olímpica Colombiana
Alfonso Cano Camargo es, sin pretender serlo y conservando su sencilla condición de deportista toda la vida, un singular pionero en Colombia: utilizó por primera vez los patines en línea en el país; fue el primer profesional colombiano de este deporte, y quien instauró, en 1992, la primera tutela en Colombia, con el objetivo de hacer respetar sus derechos como ciudadano deportista.
Por esas razones y por haber hecho del patinaje la razón de su existencia, durante más de 30 años de práctica continua, Alfonso Cano Camargo ganó un especial lugar en la memoria de este deporte en Colombia.
Hijo de Alfonso Cano Isaza y de Lucila Camargo, vivió su infancia en Nueva York, junto a su mamá, de origen mexicano.
Cuando tenía cuatro años de edad se enamoró del patinaje sobre hielo, que practicaba en una pista llamada Skate Way, mientras estudiaba en la escuela Michael Torena.
En 1972, su madre lo envió a Colombia para que viviera una temporada con su abuela en Bogotá, y lo primero que hizo fue ubicar a los patinadores de entonces, que tenían su centro de entrenamientos y competencias en el luego denominado Park Way, junto al barrio La Soledad y la Universidad Nacional.
Cano, aún juvenil, se empezó a destacar en el grupo de la categoría de mayores, que dirigía Hugo Urdaneta, y que contaba con figuras de la talla de Dagoberto Mateus y Luis Guillermo Lombana, entre otros.
En 1974 se realizó en Girardot el primer campeonato nacional juvenil de patinaje de carreras, y Urdaneta conformó la delegación bogotana con Cano incluido. Con su consagración como el primer campeón nacional juvenil de patinaje.
Más que una afición
Luego de formar parte de las selecciones nacionales a seis torneos mundiales y a varios juegos bolivarianos, centroamericanos y panamericanos, Alfonso Cano Camargo empezó a olvidarse de cualquier actividad que no fuera el patinaje, hasta convertirlo en la razón de su vida.
Luego de representar al país en algunas carreras callejeras, como las maratones de Long Beach y Long Island, en Nueva York, y el Tour de Timarú, en Australia, en 1979 recibió una oferta de la firma norteamericana Criptonics para que promocionara sus implementos de patinaje. Desde entonces su vida ha sido solo patinar y patinar por todo el mundo, junto a la élite de Estados Unidos y Europa, como uno de los promotores del patinaje comercial.
En 1990, acompañado por varios corredores importantes de Norteamérica conoció los patines en línea, en una visita que hicieran a Holanda con la firma que representaban, y al año siguiente fue partícipe del primer torneo que se celebró en Colombia, con estos singulares implementos.

Luego de ese experimento, Alfonso Cano y sus patines en línea comenzaron un calvario, porque fueron rechazados en Colombia, pues se consideraba que esta modalidad no tenía futuro y que, además, dañaba las pistas. Vetado para entrenar en el Patinódromo Recreodeportivo de El Salitre, Cano fue convocado por Bogotá a los Juegos Nacionales de 1992, en la costa Caribe colombiana. Ante su insistencia de utilizar los patines en línea, La Liga Bogotana de este deporte lo excluyó de la delegación.
Entonces el deportista acudió a la recién creada figura de la tutela, obra de la Constituyente de 1991: instauró la primera en la historia colombiana, para hacer respetar su derecho de participar con sus patines en línea, la ganó, pero la Liga desacató el fallo y él no adelantó acción legal posterior alguna.
Se impone el patinaje en línea
Cano continuó compitiendo en pruebas callejeras con sus extraños patines, hasta que un año después de sufrir el rechazo, la Federación Internacional de Patinaje aceptó los patines en línea, primero de manera experimental y al poco tiempo como única modalidad para sus competencias internacionales.
Terminaba para el deportista una lucha contra la resistencia impuesta en Colombia, que no fue inútil, porque tuvo eco en Guillermo León Botero, quien condujo a Antioquia por los senderos de la nueva especialidad, primero que en las demás regiones del país.

Luego de la frustración por no haber podido correr en los XIV Juegos Nacionales, Alfonso Cano continuó participando en pruebas callejeras. En 1993 se inventó una singular competencia, entre Bogotá y Bucaramanga, acompañado por la patinadora de Fusagasugá Carolina Giovanna Rodríguez. Los dos deportistas recorrieron los 488 kilómetros que en ese entonces separaban a Bogotá de Bucaramanga, en tres etapas, la primera, entre la capital del país y Tunja; la segunda entre esta ciudad y San Gil, y la última, de La Perla del Fonce, a la capital de Santander.
Este tipo de competencia la repitió Cano poco después, entre San Francisco y Los Ángeles, en California, también durante tres etapas, que se realizaron en tres días seguidos.
Poco después, Alfonso Cano Camargo se fue a vivir a Redondo Beach, condado de Los Ángeles, acompañado por su mamá, en donde continuó participando en las competencias del calendario internacional, como miembro de la Asociación de Patinadores del Sur de California. Paralelo a su actividad deportiva ha ejercido labores como profesor de inglés y de matemáticas.





























