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Revista Olímpica

La gran herencia de “La Tregua Olímpica”

Publicamos en esta edición de la Revista Olímpica, la segunda parte de los resúmenes de las conferencias del Congreso Olimpismo Desarrollo y Paz, realizado por la Academia Olímpica Colombiana, los días 3 y 4 de abril pasado. La primera charla de esta edición corresponde a la figura de  la tregua olímpica de los antiguos griegos.

Por Kostas Georgiadis

Decano de la Academia Olímpica Internacional

El desarrollo armonioso de la mente y el cuerpo ha sido un objetivo arraigado en Olimpia, transmitido de generación en generación con propósitos educativos. Es esencial recordar que los Juegos Olímpicos, en su esencia, persiguen la educación y la ética. En la antigua Olimpia, la educación ética se arraigaba en las creencias religiosas, personificadas por el templo de Zeus, padre de los dioses, como una expresión artística significativa. Al analizar el arte presente en Olimpia es crucial reflexionar sobre el profundo significado de los frontones y frisos decorativos, donde los trabajos de Hércules simbolizaban la protección y prosperidad del mundo, reflejando así los fundamentos de los ideales democráticos y la igualdad ante la ley.

Además, en la Olimpia antigua existía un parlamento olímpico que seguía una ley implícita, actuando como guía poética para inculcar una predisposición moral interna, enriqueciendo el discurso filosófico y fomentando la moralidad y la búsqueda de la verdad.

El concepto de desarrollo físico e intelectual constituye uno de los principales objetivos perseguidos por las instituciones olímpicas, tanto para los individuos como para la sociedad en su conjunto. Este ideal se materializaba en una de las manifestaciones históricas más antiguas y representativas: el establecimiento de la tregua olímpica. Esta tregua, encomendada por el divino Apolo, representaba un acuerdo entre las ciudades-estado de la Antigua Grecia, destinado a prevenir la hambruna y la guerra civil, y promoviendo así el desarrollo y progreso de las ciudades.

Las discusiones sobre la tregua olímpica tenían lugar en el templo de Hera, considerado una fuente de ley, donde cada parte se comprometía a cumplir con el mandato. Plutarco, un destacado académico de la antigüedad, la consideraba un medio para fomentar la paz. En sentido práctico, brindaba una oportunidad única cada cuatro años, para que los representantes oficiales de las ciudades-estado declararan una paz temporal, se reunieran en Olimpia y buscaran la reconciliación, alejándose de la violencia para preservar las libertades e integridad de los demás.

Con el tiempo, la tregua olímpica evolucionó para convertirse en un símbolo educativo de la búsqueda continua de la paz duradera, promoviendo un proceso investigativo para resolver diferencias mediante el diálogo. Las experiencias compartidas durante los Juegos fortalecían la confianza personal y colectiva entre los representantes de las ciudades en la antigüedad.

En última instancia, la tregua olímpica se erige como una escuela para la paz y la democracia, trascendiendo su mera connotación política para convertirse en un proceso educativo que fomenta el respeto mutuo y fortalece la coexistencia entre la paz y el movimiento olímpico.

En el contexto de los Juegos Olímpicos, la paz es un tema comunitario vinculado a la aspiración de las personas de vivir en un espíritu de reconciliación y rechazo a toda forma de violencia, eliminando prejuicios e injusticias. Además, implica buscar el progreso en ausencia de guerra, expresando preocupación social e institucional por el bienestar individual, espiritual y psicológico.

Uno de los motivos principales para la «resurrección» de los Juegos Olímpicos es la creencia en la capacidad del movimiento olímpico para promover la paz a través del deporte. El Barón Pierre de Coubertin consideraba que el impacto del deporte era más significativo que el de las conversaciones políticas racionales, ya que contribuía a la reconciliación entre pueblos y equilibraba el amor por la patria con el amor por la humanidad.

Por tanto, se insta a los atletas olímpicos a contribuir al desarrollo social, utilizando el movimiento olímpico como plataforma para la educación y la paz. De hecho, el segundo principio fundamental de la Declaración Olímpica establece que el olimpismo está al servicio del desarrollo armonioso de la humanidad, promoviendo la paz y la dignidad humana.

Por último, se destacan los esfuerzos realizados por el Comité Olímpico Internacional, las Naciones Unidas, la UNESCO, los Comités Olímpicos Nacionales y los Comités Organizadores de los Juegos Olímpicos de Río, Tokio y París para promover la solidaridad, el respeto mutuo, la inclusión social, la coexistencia pacífica, la armonía social, la justicia y las sociedades igualitarias.