Categorías
Revista Olímpica

Olimpismo, Comunicación y Desarrollo

Durante su conferencia en el Congreso, el profesor Emilio Fernández Peña habló de la alianza simbiótica del movimiento Olímpico y los medios de comunicación; de la ascesis, fenómeno que cree que se traslada al deporte, y de la Inteligencia Artificial, sobre la cual dijo que se comporta como un niño de cuatro años que dice palabras malsonantes, sin ser consciente de su significado.

Profesor Dr. Emilio Fernández Peña

Director del Centro de Estudios Olímpicos de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB). Director Fundador del Instituto de Investigación sobre Deporte de la UAB

En este trabajo quiero abordar la correlación entre comunicación, libertades democráticas individuales, derechos humanos y desarrollo. En esta convergencia de elementos el deporte en general y el Olimpismo en particular juegan un rol fundamental. Desde sus orígenes, el movimiento Olímpico moderno ha sido promotor de paz, de justicia social, desarrollo, y actualmente el Comité Olímpico se erige en bastión de los derechos humanos y elemento clave de comunicación de la convivencia pacífica. No existe desarrollo económico sin paz, ni paz y desarrollo sin democracia y libertades individuales, base principal y garantía de la estabilidad futura. Los valores Olímpicos: excelencia, amistad y respeto constituyen una guía esencial en ese camino hacia la paz y el desarrollo. Son elementos constituyentes fundamentales para las sociedades prósperas y pacíficas que todos deseamos para nuestros países. 

Desde finales de los años 80, en que fue creado el Centro de Estudios Olímpicos de la Universidad Autónoma de Barcelona, por mi mentor y maestro, el profesor Miquel de Moragas, los estudios olímpicos se conciben como un territorio abierto a la multidisciplinariedad. Los Juegos Olímpicos como fenómeno son un microcosmos del macrocosmos de la sociedad en general. Todas las mutaciones, los nuevos procesos que están teniendo lugar en la sociedad tienen su reflejo y aplicación en el Olimpismo. Por otra parte, desde el punto de vista de los avances tecnológicos o de la adaptación a los cambios sociales, el Olimpismo siempre ha sido pionero: defensor de los derechos humanos a través de instrumentos de poder blando o introductor de nuevas tecnologías en las retransmisiones de los Juegos de diferente naturaleza.

Foto: Fundéu.

Las ascesis, los Juegos Olímpicos, impulsos thimóticos y desarrollo

Tal y como señala el filósofo español José Ortega y Gasset en El Origen Deportivo del Estado, la génesis del deporte está relacionado con la idea de ascesis, de ejercicio, que surge con el fenómeno religioso. Son ascetas, aquellos que se abandonan a una vida de sacrificios y privaciones para estar más cerca de Dios, en un camino de perfección o para conocerse a sí mismos, en el caso de las religiones orientales.  Tal y como apunta Peter Sloterdijk en el libro Has de Cambiar Tu Vida, las ascesis, que comienza con el fenómeno religioso se transfiere a lo deportivo. Según el filósofo alemán, la ascesis domina nuestras vidas. Los seres humanos somos animales que nos entrenamos para mejorar en cualquier apartado de nuestra vida. Así desde lo deportivo, la ascesis domina nuestra vida diaria y en ella aplicamos esa pulsión de mejora constante que está presente en lo deportivo. Entrenamos en la vida diaria para aprender nuevas destrezas, a conducir, a manejar un programa informático o para entender cómo la inteligencia artificial cambiará nuestras vidas. Sloterdijk añade que Freud estaba equivocado, que las personas no sólo estamos condicionados por los impulsos eróticos, la búsqueda incesante del placer. Argumenta que un deportista que se entrena con dolor o un estudioso que dedica cientos de horas a la resolución de un problema no están alimentados por una búsqueda del Eros, sino por un afán de superación y sacrificio, que será premiado por el reconocimiento de los otros. Esto excita nuestros mecanismos del orgullo y reivindicación, y nuestra ansia de ser reconocidos. Así, Sloterdijk afirma que junto a los impulsos eróticos, las personas se mueven por esa pulsión thimótica, que hace que vindiquemos presumir de lo alcanzado frente a los demás, mostrar nuestros éxitos con orgullo por ser resultado de un sacrificio en la ascesis, en el ejercicio. Parece que la ética católica ha cultivado la modestia como virtud y no está bien visto que reivindiquemos nuestra excelencia. Sin embargo, estos impulsos thimóticos constituyen un importante motor de cambio, de progreso, de innovación, toda vez que desde el deporte se han transferido a una vida diaria que requiere constantemente de nuestra mejora. De ello se colige que el deporte es un gran impulsor de progreso y cambio positivo para nuestras sociedades y, por lo tanto, una herramienta de gran valor para el desarrollo y el progreso basado en el esfuerzo.

Olimpismo como medio de comunicación

El movimiento Olímpico y los medios de comunicación han establecido una alianza simbiótica que ha beneficiado al Olimpismo y a los medios. Ya desde el Congreso de París de 1894, Pierre de Coubertin reconoce el papel fundamental de prensa en el apoyo al emergente movimiento Olímpico. Desde entonces, los medios de comunicación, especialmente la televisión, han sido los financiadores fundamentales del movimiento Olímpico y los diseminadores del Olimpismo y su cultura. Entendemos la comunicación como un concepto integral: no se puede no comunicar. Siempre comunicamos: cuando estamos dormidos, cuando guardamos silencio. Además, todo comunica: una piedra, una mesa, una silla, el techo de una casa, su arquitectura, una roca. Lo único necesario en la comunicación es la existencia de un intérprete, de alguien que lea lo que se comunica. Ello tiene como consecuencia que la comunicación no depende de nosotros como emisores, de lo que queramos decir, sino en la interpretación del receptor, lo que lo convierte en ejercicio de comunicación polisémico y abierto a muchas interpretaciones no vinculadas muchas veces con la intención de quien crea ese elemento de comunicación. 

Tradicionalmente se han considerado medios de comunicación, intermediarios de la comunicación a la prensa, la radio, la televisión o los nuevos medios basados en los protocolos de Internet. Sin embargo, los fenómenos potentes y radicales, que hunden sus raíces en sólidos elementos culturales, como el Olimpismo se erigen a veces en medios de comunicación. Decimos esto, porque el Olimpismo comunica cuando se manifiesta un rico abanico de significados. Se vincula a una tradición religiosa antigua generadora de paz y, además, es rico en símbolos y ritos, tan apreciados y necesarios en las sociedades modernas. Además, porta un poderoso valor añadido con gran capacidad transformadora y comunica unos valores olímpicos de amistad, excelencia y respeto, que articulan a sociedades e individuos orientándolos al progreso. Por lo tanto, hablar de Olimpismo es hablar de desarrollo, es apelar a la paz y a los derechos humanos.

Foto:La Vanguardia.

Los retos de la Inteligencia Artificial para el Olimpismo

La inteligencia artificial alberga la potencialidad de mejorar nuestras vidas en muchos aspectos, pero encierra también peligros de los que debemos ser conscientes. En el mundo Olímpico permitirá seguir desarrollando sistemas de entrenamiento y de mejora del rendimiento, que igualará las oportunidades de los deportistas de países en vías de desarrollo con los de las grandes potencias Olímpicas. Permitirá evitar lesiones y acelerar su recuperación, mejorar la eficiencia en la gestión de los Juegos Olímpicos, haciéndolos más sostenibles y eficientes y lograr un reparto equitativo del acceso a nuevas tecnologías. Es una extraordinaria tecnología de apoyo al arbitraje y permitirá conectar mejor con unos fans jóvenes que buscan experiencias más participativas e inmersivas con los Juegos Olímpicos. También en el terreno de la comunicación habrá pronto inteligencias artificiales de apoyo a la realización audiovisual y capaces de seleccionar imágenes para elaborar resúmenes de los momentos más destacados de una competición deportiva.

En el momento de redactar este texto, posterior a la presentación en el Congreso, el Comité Olímpico Internacional acaba de sacar a la luz el documento titulado Agenda Olímpica de la Inteligencia Artificial, un documento que tiene una finalidad práctica y también política. Que busca tranquilizar y ofrecer seguridad en las alianzas a los miembros de la familia Olímpica y sus socios más próximos, en un momento de grandes incertidumbres debidas al advenimiento de estas tecnologías. Deja claro también que a pesar de esta tecnología los deportistas seguirán siendo los grandes protagonistas de los Juegos. Tal y como declaró Thomas Bach, la Agenda Olímpica de la Inteligencia Artificial busca ofrecer una mirada integral a un fenómeno que es realidad ya para el Movimiento Olímpico. El documento se irá actualizando y examinando los nuevos retos a medida que se vayan produciendo. 

La inteligencia artificial afecta al concepto de verdad. Las aplicaciones de diálogo como Chat GPT están diseñadas para dar una respuesta creíble y plausible. No para contar necesariamente la verdad. Esto afecta de forma seria al periodismo, una parte fundamental de los procesos de comunicación, sobre todo, en las sociedades democráticas. El periodismo ha estado siempre basado en la verdad, no en la verosimilitud de verdad, lo que constituye una importante crisis, en la definición de periodismo. Al mismo tiempo, la inteligencia es capaz de crear imágenes ex novo, imágenes que nunca existieron, por lo que se pone también en crisis la idea de que una imagen vale más que mil palabras, pues no pocas veces lo que parece creíble podría ser la mera invención de una máquina. Lo mismo ocurre con los audios. La inteligencia artificial es capaz de reproducir el tono, el timbre de una voz, el ritmo del discurso habitual de un personaje: toda la prosodia. Todas estas cuestiones ponen en cuestión, ideas claves democráticas y son potencialmente utilizables con finalidades de manipulación. 

No parece cercana la creación de una inteligencia artificial general, es decir, una tecnología capaz de realizar todo tipo de actividades. Sin embargo, las inteligencias artificial específicas, especializadas sí que tienen un buen presente y futuro. En la actualidad, la inteligencia artificial no es capaz de pensar, no es inteligente. En la elaboración de discursos “sabe” de gramática, pero no de semántica. No entiende los significados: se comporta como un niño de cuatro años que dice palabras malsonantes, sin ser consciente de su significado. La inteligencia artificial no es capaz de producir obras de arte. El ser humano es único, de momento. Existen una serie de elementos cualitativos detrás de la persona que las máquinas no pueden entender ni imitar de momento. Estemos preparados para todo, pero parece que el final apocalíptico no está cerca. Aprovechémonos de sus potencialidades, para el desarrollo humano y la libertad.