“Y si al fondo de su prisión hubiese un eco que repitiese las palabras de los que pasan ¿no se figurarían que oían hablar a las sombras mismas que pasan por delante de sus ojos.? – Si. – Finalmente, no creerían que existiese nada real fuera de las sombras – sin duda.” (Diálogos. Libro séptimo)
Fabio Alfredo Navarro Pasquali
Filósofo de la Universidad Nacional, Abogado de la Universidad Libre de Colombia, Especialista en Filosofía del Derecho y Teoría Jurídica de la Universidad Libre, Magíster en Historia de la Pontificia Universidad Javeriana.
Resumen.
El ensayo titulado En torno al sistema judicial o la búsqueda de una justicia subyacente, presentado como trabajo final de segundo semestre de Maestría en Historia en la Universidad Javeriana, sirve como escenario de fondo al propósito de escribir respecto del deporte, teniendo como referencia para tal propósito la alegoría del pintor y la casa en la colina de la cultura china, en la obra ¿Cuánta verdad necesita el hombre?, de Rudiger Safranski, filósofo alemán, considerado por algunos como el más influyente pensador del siglo XX.

La anterior precisión resulta pertinente, dada la utilización de esa bella alegoría en la cual un pintor pinta una casa a la que se llega por un camino que asciende en medio de una arboleda y prados. El pintor invita a sus amigos a la exposición de su pintura; una vez finalizaron la crítica inspección, los invitados miraron hacia el lugar en dónde se encontraba el pintor, y con sorpresa observaron que éste ya no estaba junto a ellos; al volver la mirada hacia el cuadro le vieron avanzar por el camino, y al llegar a la casa se detuvo, se volvió hacia ellos sonriendo, les dio nuevamente la espalda y cuidadosamente cerró la puerta tras de sí.
Es el pintor como ser humano, que logra trascender el tiempo y el espacio a través de la pintura, con la cual ilustra a sus amigos sobre su propia vida, su camino y el paso a paso que lo conduce al podio de esa, su existencia, para desde la sonrisa convertirse en historia por él mismo escrita.
Escenarios en los cuales el ser humano debate su existencia, sin prevenir las fuerzas subyacentes que deben ser advertidas, una vez iniciado el camino y sus distintas circunstancias, desde lo profundo de la caverna se advierte la luz que disipa las sombras; Platón sonríe saludando a la distancia al pintor que desde la puerta de su casa en la colina hace una oriental reverencia y entra en la casa por él convertida en pintura. Un podio espera.
Palabras clave.
Podio, Subyacente, presente, sombras disipadas,
Introducción.
Entre lo dispuesto como ejercicio por el viejo pintor, para alcanzar la relación significante–significado y llevar a sus amigos a la suprema experiencia de la obra de arte, escenario de vida, más allá de la misma pintura, pero inalcanzables sin ella, media la íntima convicción de alcanzar el beneplácito de la sonrisa como amigable componedora de los disímiles tiempos, de quienes observan al pintor que desde lo alto de aquel camino por él construido, vuelve sus pasos a la casa para desaparecer de la vista de los sorprendidos amigos.
Transitar la propia pintura como recorriéndose en el ejercicio de la historia personal y por ende social, desconocida por los amigos, pero puesta en evidencia al coronar con una sonrisa la empinada colina para adentrarse en el hogar del cual salió un día para combinar colores, apresurar el paso, sonreír bajo la lluvia y con cada paso perfeccionar el trazo de la sin igual pintura.
Adentrarse en la pintura siguiendo el camino por él mismo pintado, llevando a la distancia a sus amigos que también compartieron la idea del pintor, pues sin duda, tal ejercicio resultaba mágico y maravilloso, dado que develaba profundas razones de vida jamás exploradas, pero soñadas y contadas.

Una sonrisa de niños en la plenitud de la vida
Para Rüdiger Safranski, probablemente, el relato alcanza la circularidad de la pintura que desaparece tan pronto el pintor cierra la puerta y queda un vacío sólo observado por los amigos que le seguían, quienes son testigos del maravilloso suceso, a la vez que sujetos de la historia así narrada.
¿Pero, desaparece la pintura tan pronto el pintor entra en la casa? No, dirían sus amigos, pues también ellos escalaron las colinas de sus propias vidas, históricamente realzadas por aquel pintor, que se deshizo de las sombras para alcanzar la cumbre.
De lo anterior surge la pregunta por el sentido mismo de la verdad que se busca. afirmaría Safranski, llevando sus pensamientos al punto de señalar que quien pregunta por la verdad pretende familiarizarse con “el difícil terreno de la vida”.
Intentar la verdad tiene como supuesto básico encontrar una cierta seguridad, provisoria quizá, pero seguridad al fin y al cabo, que permite de alguna forma exorcizar los fantasmas asentados en la premisa oculta, por lo demás falsa, de una tal armonía preestablecida y anunciada por la historia o por buena parte de ella.
Esa búsqueda de la verdad y ella en sí misma considerada puede entenderse desde la perspectiva de una cierta relación entre el sujeto que indaga, hace la historia o pretende hacerla y el mundo en el cual se halla inscrito, es decir, la búsqueda tiene el sello inobjetable de “las propias expectativas vinculadas a la verdad.
“Pregunta que puede pasar por insensata: ¿Cómo es posible pensar en volver a lo humano, si ni siquiera supimos que nos habíamos ido? (Navarro Pasquali, Fabio, Educación, Deporte y Democracia, 2013).
Pensar una respuesta es difícil, pero es dable acercarse a entender que, cuando dejamos de recrear la pintura de nuestra propia vida, sin camino que condujera a una casa en la colina y no pudimos sonreír a nuestros amigos desde la puerta de aquella casa de los sueños libertarios, o no encontramos la salida de aquella caverna de oscuras sombras y no pudimos invitarlos a creer que podían tener sueños libertarios y hacerlos realidad; ahí, en ese instante, debimos detenernos para darnos la respuesta de nuestro propio ser hecho camino.
Arte y deporte como breve aproximación a una puerta – podio que se abre.
Por eso, cuando desde el podio un deportista sonríe, vale recordar los pasos dados por el caminante hacia la luz, más allá de la presea, se constituye en camino libertario que devela las sombras, porque logró, más allá de toda duda, vencer, no al contrincante o contrincantes, sino a la historia del desasosiego mil veces contada para someter la voluntad del caminante.
El caminante que plasma en un lienzo su vida y el sendero transitado para alcanzar su destino responde las preguntas de las oscuras sombras, sin decir palabra alguna; sabe que basta el podio, para desmentir la historia, pero si éste no se alcanza, igual está en la cumbre.
“Para el filósofo y dramaturgo alemán Friedrich Schiller, el juego resulta ser expresión fundamental del ser humano, no sólo desde la perspectiva del arte que, entiende como impulso creador para hacerse realidad como fulgor de belleza, debe articularse con la razón fría y distante, para convertirse en unidad dialéctica a través del juego como instancia superior del hombre” (Navarro Pasquali, Fabio Del juego y la belleza, como camino de construcción social, 2019).
Es el instante dialectico en el que el deportista, en veloz y precisa travesía llega al podio y se detiene, como el pintor de Safransky, para sonreír a sus amigos desde la puerta abierta, para luego girar y fundirse con su propia pintura, su propia historia, desaparece tras la puerta, y a partir de ese instante hacerse historia, mientras sus amigos miran desde el camino la puerta del cuadro, tras de la cual el pintor, y para el caso medallista, sueña sueños de gloria.
Es pintar en un lienzo de vida el camino a recorrer, y en lo alto de aquella colina plasmada, una casa, que al final del camino se convierte en podio, desde dónde sonreír a los amigos invitados desde siempre a recorrer el camino, para luego desaparecer tras la puerta, dejándolos ahí en el pináculo de su gloria mientras sonríe, sabiéndose historia que los niños repiten sin cesar en los juegos de su presente, a la vez futuro, como intergeneracional legado, pues también son parte de la pintura.
Se ha insistido a lo largo de distintas reflexiones respecto del deporte, sobre la necesidad de reconocer en dichas prácticas, cualquiera sea la disciplina, en el acervo lúdico instalado en el pasado-presente de los pasos infantiles, para desde ahí, en ese ahora, constatar las instancias futuras de esos primeros pasos que constituirán mundo.
Todo ese proceso lúdico formativo se va decantando en el transitar cotidiano de las risas y los sueños en el jardín de las casas de padres o abuelos, constituyéndose a cada instante en recuerdos de vida, pero proceso al fin y al cabo, que llevará a las pistas, si los sueños por ahí discurren.
Es, quizás encontrar en ese jugar infantil, el paso a paso que lleva a la salida de aquella mítica caverna platónica, en dónde las sombras eran la realidad, pero desprendido de ellas, el lúcido caminante que trasciende los espacios para alcanzar la salida y disipar las sombras, que van desapareciendo con el eco de las risas, acompañando el despuntar de la mañana.
¿Será entonces posible pensar que aquel mítico caminante que abandona la caverna y las sombras de lo cual da cuenta Platón puede ser en cultura distinta, el pintor que, desde la puerta de la casa en la colina sonríe a sus amigos, luego de coronar la cumbre y descorrer el velo de la ignorancia, representan el salto dialéctico que hace posible un humano futuro, una vez se descorre el velo de las sombras en el paso a paso de las pistas, claridad y esperanza de vida desde la omnipotencia olímpica de los pueblos?
“Pasado y presente reunidos en un gran instante, en donde el historiador como sombra furtiva recorre el camino y abre la puerta, como acto de ruptura y desprendimiento, que le permite configurar el mundo hasta el punto de hacer desaparecer el cuadro con todo y pintor, para en un segundo paso, entendido como de responsabilidad de uno mismo frente al mundo, afirma Safranski, hacer reaparecer el cuadro con todo y pintor, abriendo la casa desde adentro permitiendo el baño de luz por toda ella.” (Navarro Pasquali, Fabio. En torno al sistema judicial o la búsqueda de una justicia subyacente. PUJ. 2008)
Aproximación a conclusión.
El deportista como sombra furtiva que se desplaza tejiendo pistas y sueños, construye la historia de los pueblos, más allá de la lisonja y de la duda razonable, pero con la férrea voluntad del artista que plasma en el lienzo caminos entre bosques de difícil tránsito, sólo posibles para quienes hacen de la vida común la propia casa, adonde todos sus invitados han de llegar, no a festejarlo, sino a entender que, ese es su propio camino, pues también forman parte de la pintura y son tan reales como el cuadro y el pintor, más allá de la caverna.
Inmensa pintura y largo camino hacia la casa de la cumbre, quizá una maratón la defina o una final de sable, espada o florete, o, cualquier otra disciplina con sus propios abanderados, sonriendo todos ellos desde la puerta de aquella casa habitada por estirpes de Nóbel presencia, rodeados de mariposas amarillas que, desde lo profundo de aquel bosque van tras el héroe que abrió la puerta por donde entrarán a la casa y por fin entenderán que, el pasado es presente, pero también futuro.
Bibliografía
(s.f.). En Platón, Dialogos. Libro séptimo (pág. 552). Porrúa.
Pasquali, F. N. (2013). Educación, Deporte y Democracia. Bogotá: Uniiversidad Incca de Colombia.
Pasquali, F. N. (2019). Del juego y la belleza como camino de construcción social. Bogotá: Revista Olimpica Colombia.
Escritos de referencia.
Educación y deporte como ejercicio democrático. Págs. 74 – 77. Revista Olímpica. Colombia. Nro 58. Enero – Febrero. 2018.
De fondas camineras a elegantes salones. Págs. 70 – 76. Revista Olímpica. Colombia. Nro. 59. 2018 Marzo – abril.
Del juego y la belleza, como camino de construcción social. Revista Olímpica. Colombia. Nro 64. Enero – febrero 2019.
Foto portada: Motociclismo.
Foto 1: Casa del Dr. Gachet en Auvers, de Paul Cézanne.





























