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Revista Olímpica

Carlos Andrés Muñoz, listo para luchar por su sueño olímpico

«No sabía si era real o si estaba soñando”, pensó cuando consiguió el tiquete directo a París 2024, actualmente el logro más importante de su trayectoria. En ese inolvidable día, lo primero que hizo al despertarse para el clasificatorio fue sacar de su maleta de viaje, las cartas de sus pequeños Emmanuel, Guadalupe y Lucia, los motores de su vida.

Por Mariana Primero Caviedes

Periodista del Comité Olímpico Colombiano

“Desde el primer momento que pisé una colchoneta de lucha, me convertí en un completo apasionado de esto”, afirmó Carlos Andrés Muñoz Jaramillo, tras recordar la conexión inmediata que tuvo con en el deporte que le cambió la vida, a pesar de haber perseguido un balón de microfútbol durante su infancia, solo fue necesario un primer contacto con la lucha grecorromana para encontrar su pasión. 

Michael Toro, actual entrenador de este deporte en Antioquia, es uno de los protagonistas en la historia que existe entre Carlos y la lucha, especialmente porque él fue quien lo invitó a conocer esta disciplina, y desde el primer entrenamiento, Carlos descubrió que estaba hecho para ella, sin embargo, todas las habilidades que tuvo desde el comienzo, no se debieron solo a un talento innato, sino a todo lo que pudo desarrollar dentro de aquella cancha en la cual corrió y aprendió sobre la agilidad, la fuerza y el control, las tres características que tanto le han ayudado en su proceso. 

El municipio de la Ceja, la tierra que lo vio nacer, fue el lugar donde pudo demostrar la destreza que tenía para convertirse en luchador olímpico, a pesar de haber sentido que empezó ´tarde´, por hacerlo a los 15 años. Él recuerda que para el año 2007, el profesor Fernando Pulgarín fue el pionero de la lucha en su municipio, razón por la cual afirmó que él fue un gran motivador para el grupo de 15 deportistas que empezaron a entrenar. 

“Nos dábamos a veces contra las paredes porque era un espacio muy pequeño”, recuerda Carlos de los primeros entrenamientos que realizó en aquel gimnasio del Incerde (Instituto Cejeño para la Recreación y El Deporte), sin embargo, sus ganas por crecer en el deporte pudieron más que las circunstancias y no hubo limitaciones en su cabeza ni en las de sus compañeros, de los cuales, siete de los 15 que iniciaron lograron convertirse en Selección Antioquia y dos más de ellos, en Selección Colombia; Carlos y Ditcher Toro. “Una historia muy particular que de ese grupito que iniciamos, haya habido tanto potencial”, expresó Carlos. 

Justamente es a sus compañeros, unas de las personas a las que él más les agradece, porque considera que han desempeñado un papel muy importante para su proceso “ellos son realmente mis entrenadores”, una afirmación con la cual no busca desvalorizar el trabajo de sus preparadores que también han sido fundamentales, sino reconocer que sus amigos de lucha han estado día a día para formarse juntos, entrenar, corregirse y apoyarse mutuamente. 

Al hablar de apoyo incondicional, para Carlos es inevitable no mencionar a quienes han sido su soporte diario y  motivación de vida: su familia, los que han estado desde el primer momento, sus padres Victor Muñoz y Sandra Jaramillo junto con sus hermanos Alejandro y Ana María, quienes lo han acompañado desde el instante que Carlos decidió dedicarse a la lucha olímpica, a pesar de que cuando él inició, ellos como familia estaban atravesando un reto económico muy grande, razón por la cual su apoyo no podía verse reflejado en dinero,  sino en aquello que no tiene precio, pero si todo el valor del mundo: el amor y la confianza de que él todo lo que se propusiera lo podía lograr, “Siempre estuvo ese aliento, ese permiso para practicar el deporte, porque sabían que era mi lugar seguro”. 

Un permiso que fue indispensable para que Carlos pudiese viajar, ir a sus concentraciones, entrenos desde muy temprano hasta muy tarde, ausentarse del colegio y entre otros sacrificios y decisiones que tuvo que hacer para perseguir su sueño deportivo como lo fue cuando se desplazó a Medellín a sus 19 años para prepararse a nivel profesional. 

El sueño deportivo en el cual ya lleva 17 años luchando día a día para lograr convertirse en la persona y atleta que es hoy, quien, además de destacarse como uno de los mejores luchadores del país, también se ha esforzado por ser el mejor compañero de vida para su esposa Valentina y para sus tres hijos: Emanuel, Guadalupe y Lucía, de siete, cinco y tres años, respectivamente. Ellos son el hogar que Carlos conformó teniendo como ejemplo el de sus padres, siendo ahora quienes lo acompañan de cerca en todo lo que significa y requiere ser un atleta de alto rendimiento.

Un acompañamiento que ha estado lleno de retos, puesto que han visto a Carlos en sus mejores momentos, pero también en los más difíciles, en aquellos donde el cansancio, el estrés, los entrenamientos y dificultades deportivas se han apoderado de él, pero han sido ellos mismos quienes lo han motivado a salir de ahí y seguir adelante. “Mi esposa le ha tocado una de las cargas más pesadas, de cuando he tenido que viajar por meses y ella se ha quedado sola con los tres niños”, él reconoce que ha sido muy complicado, pero siente que ha podido dar los resultados y que por esa razón ha valido la pena los momentos en los que se ha tenido que ausentar. Algo que ha ayudado para que a pesar de la distancia Carlos sienta cerca a sus hijos, son las cartas que ellos le hacen cada vez que él se va de casa.

Los resultados que ha conseguido tras numerosas veces lejos de su hogar y de los que ama, han sido los logros que han marcado un antes y un después en su vida y la de su familia, tras consagrarse como triple campeón nacional, doble campeón bolivariano, llevarse un título suramericano y otro panamericano. 

Dentro de los distintos logros que ha alcanzado Carlos durante su trayectoria, él afirma que los más importantes han sido las dos clasificaciones olímpicas; siendo la primera la de Rio 2016, en la cual logró tener la oportunidad de ir a representar al país y vivir su primera olimpiada, una clasificación que le dedicó al entrenador que lo impulsó en ese ciclo: Cristian Mosquera, por ser un apoyo fundamental en una temporada en la que él estaba nuevo en la Selección Colombia y era su primer ciclo. 

Carlos recuerda que entrenaba con mucha motivación, dedicándose a trabajar demasiado, pero con poco conocimiento en el tema de la planificación y de la técnica, sin embargo, fue una clasificación y experiencia muy significativa porque en Antioquia llevaban 16 años sin que un deportista estuviese presente en una justa olímpica. “Fue una experiencia muy bonita, todo lo que giró en torno a esos Juegos Olímpicos”, afirmó Carlos.

Aunque su presencia en Tokio 2020 no fue posible, ahora ocho años después desde su primer cupo olímpico, Carlos se siente preparado para representar a su país en París 2024, ya que considera que ahora es un atleta mucho más experto, maduro y con el conocimiento suficiente que ha construido durante todos estos años gracias a sus victorias y derrotas, para con eso lograr vencer al oponente que sea que le toque enfrentar, teniendo claro en su cabeza que en esta justa estarán los mejores del mundo. 

“No sabía si era real o si estaba soñando”, fue la inquietud que surgió en su cabeza cuando consiguió el tiquete directo a París 2024, actualmente el logro más importante de su trayectoria. En ese inolvidable día lo primero que hizo al despertarse para el clasificatorio fue sacar de su maleta de viaje aquello que nunca puede faltar cada vez que sale de casa y más aún si es un evento tan importante como el de ese momento, las cartas de sus pequeños Emanuel, Guadalupe y Lucia, su mayor motivación y motor de vida. 

Los escritos de sus hijos, la conversación previa con Dios y todo el apoyo de su familia, sus  compañeros como lo son los hermanos Toro, Nicolas Sierra y Johan Pino entre otros y  sus entrenadores, lo acompañaron en cada segundo que estuvo dentro de la colchoneta durante el Panamericano de Lucha en Acapulco de este año, el certamen donde consiguió su tiquete a París 2024, en el cual Inició ganándole a un deportista de Brasil con un marcador 9-1, luego se enfrentó al luchador de Venezuela con el que había perdido en cuatro ocasiones anteriores y era el campeón Panamericano, razón por la cual ese era el objetivo de Carlos desde un inicio y en un minuto y medio logró vencerlo con un marcador contundente de 11-1. 

Esto se convirtió en la razón por la cual Carlos actualmente tiene toda su energía y mente enfocada en lo que es su meta principal de este año, para escalar de nivel y continuar dejando el nombre del país en lo más alto, aunque hubo momentos donde la idea de retirarse estuvo en su radar, hoy día eso ya quedó en el pasado, y procurará seguir con su vida de atleta de alto rendimiento hasta donde su nivel y Dios se lo permitan, sin descuidar sus otros roles como esposo, padre de familia, entrenador, estudiante de contaduría pública, hijo, hermano y entre otros que desempeña en su día a día.