Tradicionalmente, el ciclismo es uno de los deportes más fuertes, destacados y visionados en Colombia. Entre los diferentes atletas que firmaron con su nombre las páginas de la historia, se encuentra un humilde antioqueño que destacó a nivel nacional e internacional por su singular forma de ser y por las aptitudes que solo los referentes en la disciplina poseen.

Rigoberto Urán Urán nació el 26 de enero de 1987 en el municipio antioqueño de Urrao. Antes de recorrer sus paisajes montado en una bicicleta, el futuro campeón adquirió los valores y las enseñanzas de su mayor ídolo, su mejor amigo y la figura que lo encaminó desde su primer momento de vida.
Su padre, Rigoberto de Jesús Urán, fue el modelo a seguir para ese futuro campeón. Sus enseñanzas fueron el catalizador para que apunta de actitud su hijo superara las etapas de una competición y las situaciones del día a día. Antes de subirse a la bicicleta, Rigoberto jr. compaginó los estudios y el trabajo, pues como todo buen paisa, no le faltaron las ideas para ayudar a su familia.
Inicialmente trabajó con varios familiares, pero su padre lo encaminó en su labor, en la venta del chance, y en su pasión, el ciclismo. La rutina de Rigoberto entrelazaba las clases de la mañana con las ventas en la tarde, pero eso sí, los fines de semana existía una actividad que le permitía recorrer los paisajes de Urrao, aquella belleza que solo brinda la naturaleza cuando se recorre sobre una bicicleta.
Aunque al principio comenzó a montar cicla a regañadientes, pronto empezó a disfrutar los recorridos con su papá y con varios de sus amigos. El ‘hobby’ de Rigoberto padre pronto se heredó a su hijo, no obstante, las situaciones de la violencia en el país lo llevaron a sufrir una dura caída, una en la que ninguno de sus huesos se rompió, pero su corazón se fracturó.
En el 2001, cuando apenas el día daba sus primeros pedalazos, Rigoberto de Jesús salió de su hogar para iniciar, como de costumbre, su recorrido en bicicleta durante el fin de semana. Para su familia fue extraño que no regresara a la hora habitual y, peor aún, que no volviera durante la noche. Aunque su hijo hizo todo lo posible por buscarlo, el padre de la familia Urán no regresó a su vivienda, pues fue asesinado por los paramilitares de la zona.
Con 14 años, aquella fractura dejó una huella en lo más profundo del corazón de Rigoberto, no obstante, decidió acoger el rol de su padre y sacar a su familia adelante. Contrario a lo que se puede pensar, el antioqueño no le guarda rencor a la vida y ni a las personas que causaron dicha situación, más bien la relación con su padre no desapareció y continúa más que presente, pues en cada línea de partida o de llegada está con él.
Durante los primeros meses, después de lo sucedido, el hijo de Urrao dejó de lado el deporte y se concentró en la venta del chance y en los estudios. Sin embargo, su pasión apareció, inexplicablemente, cuando faltaban pocos minutos para iniciar con una contrarreloj en su municipio natal. Como pudo, Rigoberto se las arregló para cambiarse de ropa y montarse en la bicicleta.
Luego de convencer a los organizadores para participar en la competencia y sin saber en lo que consistía una prueba contrarreloj, Rigoberto acató la especificación de ir del punto A al B lo más rápido posible y sin parar. Esa indicación fue suficiente para que pedalazo tras pedalazo su virtud resplandeciera a través de una victoria arrolladora. Con muy poco tiempo de práctica, Rigoberto fue el ganador de la modalidad frente a ciclistas que llevaban años en el deporte.
Más que una victoria, aquella ocasión representó el inicio de una nueva etapa en el tour de su vida, una en la que el club Bicicletas de Urrao fue el primer maillot de su carrera. Con el equipo de su municipio, el antioqueño comenzó su crecimiento y desarrollo a través de la experiencia. Luego de proclamarse campeón en un certamen de cazatalentos, Rigoberto consiguió dar el salto al conjunto ‘Orgullo Paisa’ y acercaba su bicicleta a la meta del profesionalismo.
Desde aquel momento el ritmo de vida cambió todavía más, durante la mañana entrenaba, en las tardes vendía el chance y en las noches estudiaba. Su rutina fue un premio de montaña que logró conquistar cuando comenzó a ganar un salario como ciclista y, sin lugar a dudas, su recompensa creció al destacarse entre las jóvenes promesas y dar el salto a un terreno desconocido.
A los 19 años, Rigoberto Urán llegaba a Europa gracias al equipo italiano Tenax. Aunque las condiciones del recorrido parecían no tener mayores complicaciones, las lesiones físicas aparecieron desde su primera temporada, pues en la tercera etapa de la Panne (Bélgica) sufrió una fractura en su clavícula.
Lejos de su hogar, en un país prácticamente nuevo y con pocas personas conocidas, Rigoberto encontró una luz en su vida. Su lesión fue tratada en el municipio de Brescia (Italia) y allí aparecieron sus padres adoptivos, los italianos Beppe Chiodu y Melania Charutti lo acogieron como a un hijo, le enseñaron italiano y lo animaron para volver a subirse a la bicicleta.

Desde ese entonces sus padres adoptivos estuvieron presentes dentro y fuera de las competiciones, como apoyo en las victorias y en las derrotas y, sobretodo, como la fuente de motivación para una seguidilla de lesiones y fracturas que perjudicaron al colombiano durante varios años.
Entre el 2006 y el 2011, los reconocimientos se entrelazaron con varios accidentes que resultaron en las fracturas de sus codos, una de sus muñecas y la clavícula (en un par de ocasiones). Para el año 2008 el colombiano clasificó a los Juegos Olímpicos de Beijing, sin embargo, no finalizó la prueba. Ese periodo fue como una de las etapas reinas en el Tour de Francia, pues el mínimo descuido alejaba al antioqueño del pelotón, por lo que redobló esfuerzos para alcanzar y superar aquella montaña.
Indudablemente, el año 2012 fue el punto de quiebre para el hijo de Urrao. En ese momento, Rigoberto fue el primer colombiano en obtener el reconocimiento del mejor joven en la clasificación general del Giro de Italia y en los Juegos Olímpicos de Londres escribiría una nueva página para el deporte de nuestro país.
Como si de una clase de dejavú se tratara, el nombre de Rigoberto Urán no se encontraba en las listas para iniciar el recorrido de Londres 2012. Desde la noche anterior, durante la ceremonia de inauguración, el Jefe de la Misión Colombiana, Ciro Solano Hurtado, recibió una llamada en la que le notificaron que, en lo reportes públicos, Rigoberto no había sido mencionado en la prueba de ruta que se realizaría durante la mañana del siguiente día.
En tiempo récord, el equipo colombiano trabajó durante la madrugada revisó el DMR (el registro de la delegación) y confirmó que el antioqueño estaba inscrito. Durante esa misma mañana, la delegación demostró ante los diferentes encargados, como el presidente de la Unión Ciclística Internacional (UCI) Pat McQuaid, que un error en la logística de la prueba no permitió incluir a Rigoberto en la lista y estaba a punto de quedarse fuera.
Solo 30 minutos antes de iniciar el recorrido, el error fue corregido y el mismo presidente de la UCI le entregó el número al hijo de Urrao. Sin ser de los favoritos del pelotón para ganar, los colombianos Sergio Luis Henao, Rigoberto Urán y Fabio Duarte iniciaron la prueba de ruta por la capital inglesa.
El recorrido total estaba compuesto por 250 kilómetros, sin embargo, durante los primeros 10, Colombia sufrió un revés. Fabio Duarte, quién en teoría era la carta más fuerte de nuestro país, tuvo una fuerte caída que lo dejó fuera de competencia. Luego de aquel incidente, el pelotón mantuvo un buen ritmo y tanto Rigoberto como Sergio no desentonaron y pronto surgiría una oportunidad para brillar.
Con el paso de los kilómetros no destacaba ninguno de los participantes, no obstante, cuando la meta comenzaba a divisarse inició una fuga de 20 ciclistas, misma con la que creció la ilusión para que los colombianos terminaran en el top 20. La relación era directamente proporcional, mientras más kilómetros se recorrían, la exigencia aumentaba, Rigoberto no dejó nada al azar y su rendimiento respondió ante el desafío.
El hijo de Urrao, con cada pedalazo, demostraba todo lo que aprendió a través de sus caídas, sus triunfos y la experiencia que adquirió desde que inició esa etapa en su vida. Faltaban 10 kilómetros, Rigoberto y el kazajo Alexandre Vinokourov iniciaron una fuga que parecía no prosperar, pero cada metro hacía más y más grande la distancia con los otros ciclistas.
La expectativa de la primera medalla colombiana en ciclismo de ruta creció con el paso de los kilómetros finales. Quizás en un tipo de charla consigo mismo, el antioqueño se enfocó en mantener el ritmo y dejarlo todo hasta el final. Como dice el dicho: «más vale prevenir que lamentar», por lo que, al divisar el imponente palacio de Buckingham junto a la meta, Rigoberto decidió asegurarse de la ventaja, por lo que volteó su cabeza y registró el panorama.
Esa decisión que podría considerarse un error, simplemente detalla que nada está escrito en la vida, por lo que, en pocos segundos, puede suceder una infinidad de distintos resultados. Luego de ese movimiento, el kazajo adelantó rápidamente al hijo de Urrao y culminó en el primer lugar.

Aunque Alexandre lo superó en el sprint final, Rigoberto obtuvo un reconocimiento doblemente inédito, aquella medalla era la primera para Colombia tanto en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 como en la historia del ciclismo de pista. En el podio, con sus ojos cerrados y la presea en posesión, el antioqueño levantó su cabeza y le entregó el reconocimiento a su principal figura, a su padre Rigoberto de Jesús.

Dicho resplandor olímpico fue el presagio para el inicio de unos destacados años para un gran escalador nacido en Urrao. Los subcampeonatos en el Giro de Italia 2013 y 2014, al igual que en el Tour de Francia 2017 y de sus participaciones en los Juegos Olímpicos de Río 2016 y Tokio 2020 fueron algunos de sus logros.
Luego de pertenecer a los equipos europeos de Team Tenax, Unibet.com, Cassie d’Epargne, Sky Procycling, Quick Step y el EF Education-EasyPost (actual), a principios de 2024, Rigoberto Urán anunció su retiro del deporte profesional. A sus 37 años, el ‘Toro de Urrao’ entregó todo de si al deporte que lo enamoró desde temprana edad, el ciclismo fue esa etapa que le permitió dar pedalazos por una nueva vida.





























