La restauración de los Juegos Olímpicos de la Era Moderna tuvo como protagonistas a Grecia, por su lejano y glorioso pasado, y a Francia, por el liderazgo de Pierre de Coubertin. Esta vez, París podría permitir coronar la gran utopía de la perfección olímpica.

Por Alberto Galvis Ramírez
Director de la Revista Olímpica y Presidente de la Academia Olímpica Colombiana
Francia es el único país que puede reclamarle a Grecia, la condición pionera de los Juegos Olímpicos Modernos.
Los antiguos, que inspiraron los actuales, nacieron en Olimpia, Grecia.
La sede de los primeros Juegos modernos, celebrados en 1896, la disputaron Grecia, con Atenas, y Francia, con París.
El restaurador de los Juegos creados por los griegos, bajo la inspiración del Dios Zeus, hace más de 800 años fue el francés Pierre de Coubertin, al constituir en la Universidad de la Sorbona, de París, el Comité Olímpico Internacional y restaurar los Juegos.
Como un homenaje a los creadores, finalmente el naciente COI determinó, en 1894, hacer los primeros de la era moderna en Atenas, Grecia, en 1896, y los segundos, en París, en 1900.
El griego Demetrios Bikelas fue el primer presidente del COI, como un homenaje al pueblo helénico, pero con la promesa que una vez terminara la primera celebración, en Atenas 1896, renunciaría, para dar paso al francés Coubertin, como nuevo presidente.
Como se puede ver, cuando Francia debía estar a la sombra de Grecia en la restauración de los Olímpicos modernos, ocurrió lo contrario, porque París parecía tener el control de las decisiones, pero por gratitud con Grecia, pues finalmente los delegados de los países fundadores estaban más sintonizados con París.
En la Ciudad Luz, los Juegos de 1900 fracasaron, porque fueron opacados por una Feria Internacional dentro de la cual se organizaron y pasaron inadvertidos, casi hasta por los países que asistieron.

Por esa razón, París realizó de nuevo los Juegos, en 1924, como una revancha de aquel gran fiasco de 1900. En esta oportunidad todo fluyó mejor, aunque todavía el certamen no había despegado por completo.
París fue elegida sede en 20ª. Sesión del Comité Olímpico Internacional celebrada el Lausana, Suiza, el 2 de junio de 1921, y derrotó las postulaciones de Ámsterdam (Países bajos), Barcelona (España), Praga (Checoslovaquia) y Roma (Italia), por Europa, y Los Ángeles (Estados Unidos).
Varios hechos inéditos sucedieron en esa versión de los Juegos Olímpicos, que después serían normales en todos las celebraciones:
- Es estrenado oficialmente el lema olímpico, propuesto por el sacerdote dominico francés Henry Didón, amigo personal de Coubertín: “Citius, Altius, Fortius”, que significa “más rápido”, “más alto”, “más fuerte”.
- Por primera vez se izan tres banderas durante la ceremonia de clausura: la del Comité Olímpico Internacional; la de Francia, como país sede, y la de Estados Unidos, por ser la sede, en Los Ángeles, de los próximos Juegos.
- Existió una pequeña Villa Olímpica en el suburbio de Colombes, en el noroeste de la ciudad. Por primera vez, todos los atletas se alojaron en una Villa Olímpica, construida cerca del Estadio Olímpico. La Villa constaba de casas portátiles de madera con agua corriente, y también contaba con una oficina de correos, una oficina de cambio de dinero, una peluquería y un restaurante .
La figura fue el finlandés Paavo Nurmi ganador de cinco medallas, en los mismos Juegos. Tal logro lo alcanzó en los eventos de 1.500 metros, 3.000 metros por equipos, 5.000 metros y dos eventos de cross country. Lo más emocionante de la participación de ese gran atleta es que 55 minutos después de ganar la prueba de 1.500 mts., después compitió en la prueba de 5.000 m. planos, y ganó el oro.

Ahora, París siglo XXI
En esta oportunidad, los Juegos Olímpicos alcanzarán la más alta categoría, porque reunirán en París, todo aquello que encierra el movimiento olímpico y la idealista filosofía de su creador, Pierre de Coubertin, que ha superado diferentes desafíos, para sobrevivir por 128 años, en busca de coronar la gran utopía.
El movimiento olímpico habla de un encuentro de las juventudes del mundo, alrededor de una fiesta deportiva, en la cual participen en sana competencia, representantes de los 206 países afiliados al COI, y París está preparado para hacer la más majestuosa y de más alta calidad física y técnica, de todas las celebradas hasta ahora.
La filosofía olímpica habla de actividades culturales paralelas, como se hacían en la antigüedad griega, y París es la capital cultural del mundo, gracias a una historia que les permitirá a los visitantes disfrutar de las más exclusivas muestras del desarrollo de la civilización.
Pierre de Coubertin hablaba del deporte como factor educativo, y París permitirá que cada paso que den los competidores les enseñe las más selectas lecciones para coronar su formación educativa en el deporte.
La carta Olímpica y el amplio bagaje de las teorías olímpicas han puesto al servicio de la humanidad, valores y principios, como la excelencia, el respeto, la amistad, la paz, la sostenibilidad, la inclusión, la equidad y el desarrollo, todos ellos pilares de las civilizaciones modernas, y París es un ejemplo de la más alta expresión de la cultura humana.
Hoy, el mundo gira a una velocidad impresionante, empujado por el desarrollo tecnológico, y París permitirá que siga ese tránsito, pero sin olvidar los valores y principios cosechados desde hace siglos y que forman parte de la más sólida enciclopedia de la civilización.
En fin, París tiene todo para permitir que el mundo disfrute del Olimpismo ideal. Con seguridad quienes han venido asistiendo a los últimos Juegos Olímpicos, y tienen el privilegio de estar presentes en esta celebración, podrán darse cuenta que algo faltaba para alcanzar esa perfección plasmada en la mente y en los documentos originales del Barón Pierre de Coubertin, cuando restauró esta fiesta maravillosa. Entonces concluirán que lo que faltaba era, precisamente, volverlos a realizar en París.






























