En este mes se cumplen 60 años de la hazaña colombiana en su estreno en un Mundial de Fútbol, el de Arica, Chile 1962. Recordamos en esta primera entrega de esta serie, los momentos previos a la clasificación al torneo.
Por Alberto Galvis Ramírez
Director de la Revista Olímpica y secretario de la Academia Olímpica Colombiana.
El 9 de abril de 1948 fue asesinado en Bogotá el candidato liberal a la presidencia de la República, Jorge Eliécer Gaitán, en un momento en que los dirigentes de la División Mayor del Fútbol Colombiano, Dimayor, planificaban el primer campeonato profesional, para comenzarlo en 1949. Sin embargo, en vista de la violencia, que se había iniciado con la destrucción del centro de Bogotá y se extendía a todo el país, el gobierno nacional presionó a los dirigentes del fútbol para que adelantaran el comienzo del torneo, como una posible fórmula para suavizar las pasiones desencadenadas y evitar que la violencia se volviera incontrolable. Aunque esta teoría ha sido desmentida en varias oportunidades por creadores y testigos del comienzo del certamen rentado colombiano, queda claro que de la fecha del comienzo, el 15 de agosto de 1948, sólo se habló después del magnicidio y que, además, resulta muy extraño que un torneo planificado para que durara todo un año se hubiese acortado a cuatro meses.
En ese primer torneo participaron 10 equipos, en representación de ciudades capitales de Colombia, conformados por 144 colombianos y 29 extranjeros traídos de Argentina, Chile, Ecuador, Perú y Costa Rica, cifra que un año después cambió de manera radical em favor de los foráneos. Los equipos pioneros del campeonato profesional de fútbol, en Colombia, fueron: Atlético Junior, de Barranquilla; Atlético Municipal y Medellín F.B.C., de Medellín; Los Millonarios, Universidad Nacional e Independiente Santa Fe, de Bogotá; Deportivo Cali y América, de Cali; Deportes Caldas y Once Deportivo, de Manizales.
Menos de un año después comenzaría la bellamente bautizada como “Época de El Dorado”, del fútbol colombiano, que no fue otra cosa que una descarada piratería internacional, que comenzó en 1949 y terminó en 1954, luego de unos años de explotación comercial del espectáculo, gracias a la presencia de grandes jugadores, que fueron traídos a Colombia, procedentes de equipos de países más desarrollados, como Argentina, sin el pago de los derechos que se cobraban en todo el mundo, por pases y transferencias. Gracias a esa irregularidad, los nacientes equipos profesionales colombianos pudieron contratar jugadores de gran categoría, muchos de ellos en ese momento desempleados, como consecuencia de una huelga que se vivía en Argentina, y pagarles unos salarios no tan altos, pero sí por encima de los que ganaban los colombianos. Por eso, los equipos profesionales pudieron armar unas nóminas hasta con un 90 por ciento de extranjeros, complementados por criollos de mediana y baja categoría. Un ejemplo que ilustra la desproporción tan grande en este sentido, y que el mundo conoció, por la fama que alcanzaron Los Millonarios, de Bogotá, fue la presencia en las canchas de 10 extranjeros y un colombiano, que por lo general era Francisco Cobo Zuluaga, un jugador normal, quien, además recibía la segunda consolación para Colombia, representada en su papel como capitán, decisión incomprensible, porque en al cancha era líder de 10 extranjeros calificados, experimentados y famosos.
Además de Pedernera, Di Stéfano, Rossi, Báez y Moreno, fueron estrellas de ese maravilloso espectáculo jugadores como Ángel Labruna, Valeriano López, Julio Cozzi, Heleno de Freitas, Marinho Rodríguez, Gerson dos Santos, René Pontoni, Alfredo Castillo y Angel Perucca, entre otros.
Era tal la sed de extranjeros que se trataba de calmar durante El Dorado, que un equipo húngaro quedó desmantelado luego de su paso por Colombia, en gira que abarcaba otros países de Suramérica. Se trató de Los Magyares, conjunto que llegó a Bogotá en noviembre de 1951, y después de jugar con Millonarios, Cali y Medellín continuó hacia Ecuador, en donde el itinerario fue interrumpido por diversas razones. Estacionados en Quito, los jugadores húngaros recibieron ofertas de los clubes colombianos Junior y Samarios. Irme Danko fue el primer contratado por el cuadro barranquillero. Danko exigió llevar consigo a varios compañeros de Magyares: Szoke, Nyers y Sarossi, condición que fue aceptada. El interés de los demás compañeros de Danko fue evidente, y la mayoría terminaron en el Deportivo Samarios, antecesor del Unión Magdalena.
El conjunto representativo de Santa Marta, que había sido la ciudad con mayores galardones en el balompié aficionado colombiano, había sufrido un trasplante curioso. El renombre alcanzado con jugadores nativos de la región, no pudo evitar que a partir de entonces, formara con Magyar, Rakcszy, Marik, Irme Danko, Zsengeller, Contin, Arango (único colombiano), Fuzessu, Torok y Hrotko.
Cae el telón de El Dorado
Las protestas de los clubes argentinos, uruguayos y peruanos por el despojo de que habían sido víctimas por sus homólogos colombianos no surtió efectos en los primeros años, porque la Dimayor había sido desafiliada por la Asociación Colombiana de Fútbol, Adefútbol, y, por lo tanto, era una rueda suelta, legalmente privada, sobre la cual la entidad rectora del fútbol colombiano no tenía ninguna autoridad. Por lo menos trescientos jugadores extranjeros pasaron por Colombia, muy bien remunerados eso sí, pero sin documentos y en contra de los requisitos de la FIFA.
En 1952, el Deportivo Cali intentó negociar -pero de vuelta- a algunos de los jugadores argentinos que actuaban en sus filas, y se produjo una fuerte reacción de la dirigencia argentina, respaldada por la prensa, porque se creía que era deshonesto vender derechos que les pertenecían a quienes los iban a comprar.
«Cae el telón en el sonado caso de la piratería colombiana. El club Deportivo Cali quiere negociar un lote de jugadores argentinos, que ya no le interesan o que no le conviene mantener; pero para hacerlo, tiene que conseguir la venta de los clubes argentinos a los cuales pertenecían esos futbolistas en el momento de emigrar. Vendrá a Buenos Aires a ponerse de acuerdo con las entidades argentinas, un representante del Deportivo Cali, a quien suponemos le ha de resultar demasiado difícil conciliar los intereses, ya que nos ha llegado la hora de cobrar el despojo de que fuimos objeto.
«A Independiente, le corresponderá poner condiciones para permitir el pase de Oscar Sastre y Fernando Walter, a Nacional de Montevideo y Magallanes de Chile, respectivamente; a Gimnasio le tocará poner las suyas para autorizar la transferencia de Oscar Charini, para el mismo club chileno; mientras que Rosario Central dirá en qué forma accede a dar su visto bueno al pase de Oswaldo Pérez, para el club oriental, y, finalmente, River Plate deberá definir la situación de Eduardo Rodríguez, quien, como es pretendido por Ferrocarril Oeste, seguramente contará con mayores facilidades que los demás.
«Feliz idea la del Deportivo Cali, si es que puede llevarla a la práctica, aunque nos parece que va a ser difícil obtener mediante estas negociaciones seiscientos mil pesos, aparte de los que tendrá que conseguir para los clubes argentinos de los cuales dependen directamente los pases. Pero más difícil nos parece que, con esos seiscientos mil pesos, en caso de lograrlos, consiga buenos refuerzos para su equipo, a no ser que ese club colombiano, acostumbrado a la piratería, insistiera en ese procedimiento poco correcto» 1.
A partir de ese momento se produjo una oleada de reacciones de los países de procedencia de los jugadores “pirateados”, y con ello, comenzó el fin de El Dorado.
La piratería, escondida tras el nombre de El Dorado, comenzó a desmoronarse cuando la Adefútbol lo quiso, es decir, en el momento en que sus administradores aplicaron mano fuerte y se plegaron a las peticiones de la FIFA, para poner fin a tan anómala situación.
A mediados de 1954 se produjo un cambio de directivos de la Adefútbol y, curiosamente, se necesitó la presencia del gobierno, en una forma de intervencionismo de Estado, para conseguir un método de veras coercitivo, que sepultara tal procedimiento y devolviera a los jugadores “raptados” a sus clubes de origen.
«Por enésima vez, la Dimayor había sido favorecida por la inagotable generosidad de la Adefútbol. En aras de lograr su reincorporación al fútbol asociado, poniendo así fin a la piratería, se hicieron algunas modificaciones al estatuto de la Asociación. La de más significación es la que estableció que el presidente de la entidad lo sería el gobernador del departamento del Atlántico (lo era en ese momento don Eduardo Carbonell Insignares).
«En la primera reunión del Comité Ejecutivo, se dio especial atención al problema de la enorme y casi fabulosa cantidad de jugadores extranjeros en Colombia, pirateados por la facción profesional, habida circunstancia de la celebración en Lima de un congreso extraordinario de la Conmebal, para buscar solución a tan delicada como vergonzosa situación.
«Con la prudencia y tino que lo caracterizan, el presidente Carbonell nombró una delegación paritaria (de la rama aficionada y de la profesional), integrada por don Jorge Garcés y el vicepresidente de la Adefútbol.
«Al llegar la delegación a Lima fue saludada no muy cordialmente por la prensa peruana, como los modernos Morgan y Drake del fútbol mundial.
«El temario del congreso reducíase a un solo punto: estudio y solución de los jugadores en territorio de la Adefútbol, sin el reglamentario pase internacional (alrededor de unos 300, con casi 100 argentinos entre ellos).
«Fue ardua, laboriosa y paciente la tarea. Principales escollos para lograr la solución: Perú (dueño de casa) y Paraguay. En cambio, factor importantísimo y puede decirse que definitivo: la delegación argentina, que apoyó firmemente la tesis de la Adefútbol, especialmente el delegado, don Antonio Lorenzo Rotili, de vieja y estrecha amistad con el presidente de la delegación colombiana.
«La tesis colombiana: que los jugadores pirateados en ese momento en suelo colombiano, quedaran pertenecientes al registro de los clubes de la Dimayor, y por lo mismo, al registro de la Adefútbol, sin indemnización de ninguna clase. Tesis paraguaya y peruana: indemnización y devolución de jugadores.
«Al final se aprobó la tesis colombiana, pero en arreglo privado se convino indemnizar al Paraguay con dos partidos de selecciones nacionales en Colombia, cuyo producto sería para Paraguay.
«El arreglo fue oficializado por la Confederación Suramericana ante la FIFA. Dato demostrativo e interesante, sobre lo que se llamó Pacto de Lima: el extraordinario jugador Alfredo Di Stéfano (pirateado), quedó, en virtud del Pacto, perteneciendo a la Adefútbol, desde el punto de vista internacional. Millonarios lo vendió al Real Madrid y el club español exigió solamente el pase de la Asociación Argentina.
«La Adefútbol hizo el reclamo a la Federación Española y obtuvo la transferencia de la Adefútbol mediante un desagravio de esta entidad, por escrito, redactado en Bilbao por el presidente de la Adefútbol, quien declinó indemnización en dinero al Real Madrid» 2.
A partir de 1954, luego de la terminación de El Dorado, la gran mayoría de jugadores extranjeros partieron de nuestro territorio, sin dejar algún tipo de enseñanza a las nuevas generaciones, a excepción de los buenos recuerdos de un fútbol bien jugado. Es decir, el fútbol colombiano debió comenzar de nuevo, en medio de pobrezas técnicas, físicas y económicas, bajo la iniciativa de directivos sin mayores conocimientos, y de técnicos autodidactos, la mayoría ex jugadores del mismo torneo, que se destacaban por su liderazgo y por el posible buen manejo de los conceptos empíricos, incluidos en planes también improvisados y ejecutados en el fragor de los partidos.
Fue tal la pobreza económica del fútbol en los años siguientes, que hasta Independiente Santa Fe, el primer campeón, en 1948, se quebró y debió comenzar de nuevo, con jugadores baratos o provenientes de las canteras capitalinas.
«Ciertamente, es dudoso que esa época de oro se hubiera aprovechado a cabalidad. Se insinuó la idea de que los cracks se aprovecharan para entrenar a los niños de las escuela públicas, pero el gobierno no quiso comprometerse a pagarles una parte del sueldo por ese servicio. En consecuencia, enseñaron poco a las nuevas generaciones, desde el punto de vista práctico. Pero enseñaron mucho al público, que aprendió a saborear el juego en su extraordinaria belleza y su magnífica emoción. Los grandes talentos creaban todos los domingos un ballet inédito, un espectáculo asombroso, generador de pasiones incontenibles. El hinchismo dejó de ser romántico. Se convirtió en una pasión tan ciega como la política.
«Como es natural, nuestros incipientes jugadores no podían competir en calidad con esas estrellas y no es raro que los equipos, sobre todo los llamados grandes, saltaran a la gramilla con once extranjeros. No existía límite alguno. Por eso, cuando terminó El Dorado, el juego se redujo a una pobreza franciscana, a partidas sin imaginación. Nos sucedió algo parecido a la bonanza cafetera que no sabemos cómo aprovechar. Tampoco supimos formar en nuestro medio, futbolistas de calidad. Eso fue lo malo.
«Y lo feo, que el fútbol colombiano tuvo que nacer de nuevo. Y aún está en su adolescencia» 3.
Esta larga introducción nos permite conocer los jugadores que protagonizaron la hazaña del futbol colombiano, que nos convoca en estas líneas, la correspondiente al Mundial de Arica, Chile, en 1962, surgieron de un panorama gris, pobre e incierto, como el surgido después de la terminación de El Dorado.
1 El Tiempo, 2 de abril de 1952.
2 Efraín Borrero, citado en Nuestro fútbol, de Hernán Peláez Restrepo, 1976.
3 El Espectador, 8 de mayo de 1961.





























