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Revista Olímpica

«El mar siempre me está esperando»: Simón Gómez

Esta es una semblanza de Simón Gómez, uno de los más importantes navegantes colombianos, quien siguió la huella de su padre, también velerista, para construir su propia historia ,ya colmada de éxitos, pero también de metas por las cuales trabaja con mucha disciplina. 

Por Santiago Prieto Diazgranados. 

Simón Gómez no nació en Colombia, pero la lleva tatuada en el alma. Nació́ en Iquique, Chile, y fue traído a tierras colombianas. cuando apenas tenía dos años. Su infancia se tejió́ entre atardeceres junto al agua, momentos familiares y días de pesca. Pero lo que realmente marcó su destino fue el primer contacto con un velero: “Mi primer contacto con la navegación fue en Acuarela, un lago en la Mesa de los Santos, Santander. Ahí́ aprendí a navegar. Al principio no me gustaba mucho, pero le agarré gusto rapidito”. 

Simón practica el deporte de la vela, desde muy niño.

Desde muy pequeño -“como desde los cinco o seis años”- comenzó́ a familiarizarse con el viento, las velas y el vaivén del agua. Aprendió́ a navegar antes de saber nadar, con una mezcla de temor e intuición. Pero como todo navegante enfrentó su primer gran reto: “No recuerdo todo muy bien, pero creo que mi mayor miedo fue caerme al agua. Eso fue lo más duro al comienzo”. 

El amor por la vela no fue casual. Su padre, Ariel Gómez, también navegante, lo llevó por los caminos del viento desde temprana edad. “Mi papá navegaba desde joven, y fue él quien me quiso meter en esto. Ya luego, mi mamá (Mónica Ortiz) también jugó un rol muy importante para que me gustara de verdad”. Lo que comenzó como una afición familiar se transformó́ en una vida dedicada al deporte. Hoy, Simón lo dice con claridad: «Yo dedico mi vida a la vela».

Su primera competencia internacional fue en Salinas, Ecuador, y la recuerda con cariño y asombro: “Fue una locura. Yo venía de un lago chiquitico y me fui al Pacífico gigante, con ballenas y un montón de competidores”. Desde entonces, su carrera ha estado llena de momentos memorables, sacrificios y victorias, que hablan de esfuerzo y entrega. 

Simón Gómez, uno de los mejores exponentes de la vela, en Colombia.

Uno de sus mayores logros fue la clasificación a los Juegos Panamericanos. Pero más allá del resultado, lo que realmente lo marcó fue la historia detrás de esa participación: “No fue el mejor resultado que pude haber esperado, pero fue un evento lleno de sacrificios, entrenamiento y esfuerzos. Dejé muchas cosas atrás por ese sueño que se me escapó por tan poco…”. Y aunque el cupo olímpico quedó a un paso, ese momento se convirtió en un hito personal que cambió el rumbo de su preparación y su forma de ver el deporte. 

Entre sus triunfos más destacados están: el título norteamericano juvenil y abierto del 2018 y el Mundial Juvenil de Sunfish, en 2019. Pero Simón no solo es competidor; también es formador. En los últimos años ha descubierto una nueva pasión: enseñar. “Últimamente me gusta mucho entrenar, llevar procesos deportivos de algunos chicos. Me apasiona muchísimo”. Ha dirigido clínicas, seguimientos, y 

asegura que en un futuro se ve formando a nuevas generaciones: “Aún me falta mucho por cumplir como deportista, pero estoy seguro de que eso será parte de mi vida”.

Ha sido el campeón más joven, en la historia de los Juegos Bolivarianos.

 

La disciplina, para él, es el eje del éxito: “La disciplina es lo más importante en el deporte, más que la motivación. Es lo que te hace entrenar los días que menos quieres, y son esas horas las que más cuentan”. 

Simón se describe como un atleta híbrido, consciente de que la vela exige tanto fuerza como resistencia. Su preparación física va de la mano de su hermano, Antonio Gómez, quien cumple un papel clave en su evolución como deportista. Pero no todo es técnica: un buen navegante, dice, debe tener “feeling, esa capacidad de sentir el barco, leer el viento y fundirse con el agua. 

Aunque la vela en Colombia pasa por momentos difíciles, Simón es optimista. Cree en las nuevas escuelas de formación, en los semilleros que están brotando en distintas regiones del país. “Esperemos que en unos años se vea reflejado en los eventos internacionales”, dice con esperanza. 

Lo que lo motiva a levantarse cada día es simple y poderoso: “Lograr cosas que aún no he logrado. Siento que me falta mucho. Quiero hacer historia y dejar una huella en el deporte colombiano”. 

Cuando se le pregunta cómo le gustaría ser recordado, responde sin dudar: Como un navegante apasionado, alguien que se movió en torno a la vela y que tenía su corazón puesto en el agua

Y así es como vive Simón Gómez: con los pies en tierra firme, pero el alma navegando, sabiendo que, como él mismo lo dice, el mar siempre me está esperando