Si la historia del softbol colombiano se confunde con la de Guillermo El Boly Bonfante, la de la antioqueña Ana María Jaillier también se confunde, y con las dos, porque ninguna hubiera sido posible sin su presencia. Su paso por el softbol la elevó a la condición de mejor jugadora de Suramérica y de Centroamérica y el Caribe.
Por Alberto Galvis Ramírez
Director Revista Olímpica
Ana María Jaillier fue protagonista de los mejores momentos del softbol femenino colombiano, en las décadas de los años 80 y 90, del siglo XX, al lado de su maestro el Boly y junto a varias generaciones de jugadoras antioqueñas, que descollaron en todos los torneos nacionales e internacionales, especialmente en aquel inolvidable campeonato centroamericano y del Caribe, de 1993.
Ese monumento -que también incluye su belleza e imponencia- se complementa con detalles como su hiper capacidad física para practicar varias disciplinas deportivas a la vez, porque se dio el lujo de jugar béisbol, softbol, tenis, balonmano, voleibol, atletismo y natación, en la alta competencia, lo que deja en claro sus enormes capacidades en tan diferentes disciplinas. Inclusive, Ana María Jaillier participó en unos Juegos Nacionales, los de Villavicencio, en 1985, en softbol y en los lanzamientos de bala y de jabalina, del programa de atletismo. Para completar sus dotes como ser humano integral, Ana María es ingeniera civil, profesión en la cual también se ha destacado como profesional.

Ana María Jaillier nació en Medellín el 24 de abril de 1968, y llegó al deporte por un extraña inclinación natural, pues de niña jugaba béisbol, en las calles de su barrio Las Palmas, de Medellín, deporte que le gustaba, a pesar de su rudeza, con sus jóvenes vecinos, a quienes algunas veces superaba.
Pero además de esa inclinación natural por un deporte que jugaban casi exclusivamente los hombres, la niña Ana María tenía otra extraña atracción, por las máquinas enormes, tractores y retroexcavadoras, gusto que la llevaría a escoger como su profesión la ingeniería civil, y su actividad laboral “la construcción de calles y puentes”.
Su primer contacto con el softbol lo tuvo gracias a que su madre, Carmencita, lo jugaba, mientras su padre, Gilberto, practicaba fútbol, en la sede de la cadena de almacenes Cadenalco de Medellín, y ella los acompañaba, dice que “por curiosidad” y porque era idéntico al béisbol callejero que practicaba en su barrio.
Sin embargo, Ana María jugaba todo lo que se le atravesara en sus ratos de ocio, que significara libertad y explosión física. Por eso, en el Colegio de la Enseñanza, en donde estudiaba la primaria compitió en béisbol, softbol, tenis, balonmano, voleibol, atletismo y natación, porque le sobraban las energías y debía convertirlas en actividad física.

En 1967 empezó a definir su perfil como softbolista, cuando fue creada la liga antioqueña de este deporte y ella se inscribió, y fue descubierta por entrenadores que impulsaban esta disciplina, hermana del béisbol, pero con algunas modificaciones que “suavizaban” su práctica.
Sin embargo, sus primeros triunfos los alcanzó en unos Juegos Intercolegiados, en Medellín, en dos pruebas, lanzamientos de jabalina y bala, que eran las que menos practicaba, es decir, fue campeona “al natural”.
A partir de 1982, Ana María se dedicó por entero al softbol y desde entonces conformó todas las delegaciones que convirtieron a Antioquia en la potencia de este deporte, en la rama femenina, y a ella como la mejor jugadora de todos los tiempos, bajo las guías de maestros como Guillermo Bonfante, Enrique Cuestas, Sergio Duque y Jaime Isaza.
Durante su carrera en el softbol, Ana María fue figura en la conquista de todos los títulos nacionales y de Juegos, entre 1982 y 2005. Sólo se les escaparon dos, el del Nacional de 1986, ante Atlántico y el de los Juegos Nacionales de Bucaramanga 1996, ante Bolívar.
De igual manera integró los seleccionados colombianos que ganaron cinco títulos suramericanos femeninos; uno, centroamericano y del Caribe en 1993, y participaron en tres mundiales, en Taiwan, China; en Winnipeg, Canadá, y en Tokio.
Además hizo parte de todos los seleccionados nacionales en los juegos del ciclo olímpico. “Sólo nos faltó estar presentes en unos Juegos Olímpicos, pero cuando estábamos cerca de alcanzarlo, para Atlanta 1996, en el pre clasificatorio la organización favoreció a Venezuela.

El recuerdo del título Centroamericano
Tanto para la historia del béisbol femenino colombiano, como la de la propia Ana María, la más grande hazaña se conquistó en 1993, al ganar el seleccionado nacional, dirigido por Guillermo El Boly Bonfante, el título del Campeonato Centroamericano y del Caribe, en el torneo celebrado en Valencia, Venezuela, participación que tuvo un especial realce, pues se venció al archi favorito, Cuba, y a Puerto Rico, en tres oportunidades. Además, Ana Maria Jailleir, fue declarada la mejor lanzadora del torneo por juegos ganados y perdidos, (9-0); la mejor lanzadora por efectividad, y la jugadora más valiosa de todo el campeonato.
Ana María -quien era la única jugadora de Colombia que creía en ese título- recuerda esa conquista por su contundencia y por un episodio que ocurrió varios días antes: “dos días antes de viajar, los sicólogos del equipo tiraron al piso montones de papeles con palabras alentadoras, y cada una debía escoger cinco de esas palabras y explicar por qué lo hizo. Las mías fueron: “grupo”, “responsabilidad”, “disciplina”, “alegría” y “triunfo”. Luego, ellos dijeron que escribiéramos una palabra que no estuviera allí. Yo escribí “campeonas” . Fui la única que escogió esa palabra”.
Ana María llegó al torneo como la mejor jugadora de Suramérica y salió de él considerada, además, la mejor de Centroamérica y el Caribe, región que es una potencia del softbol del mundo.
Después del retiro, en 2005, Ana María terminó su carrera universitaria, ingeniería civil, en la Escuela de Ingeniería de Antioquia y trabajó durante muchos años como jefe de sistemas y asistente del departamento técnico, en la firma Construcciones El Cóndor, en Medellín. Además fue presidente de la Liga de Softbol de Antioquia.
Como premio a su carrera deportiva, en el año 2006 fue incluida en el Salón de la Fama del softbol mundial, honor que comparte con su maestro, Guillermo El Bolly Bonfante.





























