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Revista Olímpica

La anécdota. El ladrón atleta

En alguna oportunidad, a mediados de los años sesenta del siglo XX, cuando el atletismo vallecaucano era la máxima potencia en Colomba, se estaba armando  en Cali, una delegación nacional, para el torneo suramericano, a la que le faltaba un velocista de calidad para completar el equipo de relevos de 4×100 metros.

Un día, un grupo de preseleccionados y seleccionados, entre quienes estaba Pedro Grajales, el mejor velocista colombiano del momento, salía del estadio Pascual Guerrero de uno de los entrenamientos, cuando de pronto un ladrón le arrancó el reloj al técnico Carlos Ávila y salió corriendo. 

De inmediato todos miraron a Grajales, porque era el más rápido del grupo. El corredor entendió el mensaje y salió detrás del ladrón. Cuenta Grajales: “Juro que corrí más rápido que cuando lo hacía en las competencias, pero no lograba alcanzarlo. En medio de la desesperación le grité que me esperara y que se quedara con el reloj, porque él era el atleta que nos faltaba para el relevo. Finalmente no conseguimos, ni el reloj, ni el atleta”.