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Frank Chirimía sueña en ‘grande’ con la Escuela de Talentos de Atletismo

Frank Sebastián Chirimía Ramos tiene 14 años y ya mide 1,80 metros. En el Encuentro Nacional de Escuelas de Talento de Atletismo, en Ibagué, es imposible no notarlo: Se eleva por encima de sus compañeros como si la vida le hubiera regalado la altura para que nadie pase por alto su presencia.

Pero detrás de esos importantes centímetros de ventaja, hay un adolescente que aprendió pronto una lección que lo marcará siempre. No es la estatura la que define a un campeón, sino su disciplina.

Nació en Cabuyaro, Meta, y desde hace cuatro años entrena. No fue él quien dio el primer paso hacia la pista, fue su madre. Un día le sugirió probar el deporte y, aunque en ese momento no era tan alto, ahí empezó un camino que lo transformaría.

“El atletismo me ayudó a crecer muchísimo”, cuenta con una sonrisa tímida. Creció en estatura, sí, pero sobre todo en carácter y confianza.

Frank se especializa en los 400 metros planos y, por supuesto, el salto largo. Sus ojos se iluminan cuando habla de las pruebas que le encantan. Eso sí, no se escuda en su tamaño, insiste en que lo que lo sostiene es el trabajo.

“La disciplina y el entrenamiento son todo para la persona. No es porque sea grande que me va a quedar más fácil, es el esfuerzo el que me hace capaz”, afirma con certeza.

Su ‘profe’, Francisco Mauricio Sosa, lo confirma: “Cuando Frank empezó, era mucho más pequeño. La disciplina ya estaba sembrada antes de que llegara el estirón. Eso nos mostró que lo que hace grandes a los atletas no es la genética, sino la constancia y el esfuerzo diario”.

Ese mensaje lo repite con fuerza en presencia de su pupilo, porque sabe que, si no se cultiva la responsabilidad, los talentos naturales se pueden desvanecer con el tiempo. Con Frank, el entrenador asegura que el trabajo ha sido mental y técnico, el objetivo es ayudarle a entender que la altura es un recurso, pero nunca la garantía del triunfo.

En Cabuyaro, al lado del Río Meta, junto con otros 15 atletas que entrenan dos horas diarias, Frank ha forjado su carácter. Lo respalda el ejemplo de su hermana, campeona nacional de taekwondo, quien también le enseñó que el deporte es una escuela de sacrificios y recompensas.

Sus sueños no caben en la medida de un metro con ochenta centímetros. Son más grandes, más ambiciosos. “Quiero ser campeón olímpico”, dice Frank sin titubear. Su voz suena firme, como si ya hubiera dibujado ese futuro en su mente, y cada entrenamiento fuera un ladrillo más en la construcción de esa meta.

Hoy, en el Encuentro Nacional de Escuelas de Talentos de Atletismo en Ibagué, organizado por el Comité Olímpico Colombiano y el Ministerio del Deporte, Frank no solo representa a su municipio ni a su escuela. Representa la certeza de que el talento necesita de guía, de paciencia y de trabajo duro. Cada zancada que da sobre la pista, cada impulso en la pista y la arena, lo acercan un poco más a un sueño que no se mide en centímetros, sino en disciplina.

Por Ronal Rengifo Álvarez

Especial para el Comité Olímpico Colombiano