El deportista zipaquireño, fallecido el pasado 13 de septiembre, a los 92 años, lideró el equipo nacional que ganó el primer título internacional del ciclismo, en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1950, en Guatemala; fue el inspirador de la Vuelta a Colombia y su primer campeón; conformó el primer equipo nacional que participó en el Tour del Avenir, en Francia, en 1953; ganó el tercer oro colombiano en unos Juegos Panamericanos, en 1954, y fue el primer técnico de un equipo femenino nacional de ciclismo, en Europa.

Por Alberto Galvis Ramírez
Director de la Revista Olímpica del COC y secretario de la Academia Olímpica Colombiana.
Efraín Forero, El Indomable Zipa, fallecido el pasado martes, 13 de septiembre, nació el 4 de mayo de 1930, en Zipaquirá, Cundinamarca, en la familia del farmaceuta del pueblo, Argemiro Forero y Blanca Triviño, quienes tuvieron ocho hijos, que en el orden fueron: Blanca, Argemiro, Efraín, Gloria, Marina, Yolanda, Antonio, Ana Helena y Hugo Enrique.
De Argemiro, su padre, aprendió entre muchas lecciones, precisamente que no siempre los buenos servicios prestados se pagan con gratitud. El farmaceuta de Zipaquirá dedicó su vida a los pobres, a quienes examinaba, dictaminaba y casi regalaba la droga, lo que le mereció el rechazo de los médicos, que perdían su clientela porque además de las ventajas de los muy bajos precios, los dictámenes del tegua del pueblo, nunca fallaban.
Efraín, el tercero del escuadrón Forero Triviño era perezoso. Muy joven se vinculó como trabajador a la empresa orgullo de su pueblo natal, la Planta de Soda de Zipaquirá, pero le costaba trabajo madrugar. Su mamá era quien finalmente lograba la hazaña de ponerlo en pie para iniciar la carrera contrarreloj que lo llevaba a la empresa en diez minutos, a bordo de una bicicleta con neumáticos llenos de parches, que por lo general se desprendían durante el trayecto y lo obligaban a dejar el aparato en algún lugar de confianza y continuar su camino corriendo. Por ese trajín, él siempre creyó que como atleta, también le hubiera ido muy bien.
Un reloj y el orgullo herido lo hicieron ciclista
En 1948, a Efraín ‑de 18 años‑ le eran indiferentes las competencias de ciclismo que se realizaban a menudo en Zipaquirá. Le eran indiferentes, hasta cuando una vez vio un reloj destinado al ganador de una de ellas, le gustó y decidió que participaría, pero solo por el premio. Se compró una camiseta y una pantaloneta de fútbol y llegó a la línea de partida. Su pinta de inmediato provocó la mofa de sus rivales. Herido en su orgullo, el hijo del popular farmaceuta del pueblo les ganó la competencia y el reloj. Esa fue la primera vez que sintió ira por la «mamadera de gallo» de que fue víctima por quienes tenían alguna experiencia, una mejor máquina y un decoroso atuendo. Dice: «Me convertí al ciclismo por esa burla de mis rivales; de lo contrario, creo que no hubiera sido figura».
Animado por el triunfo ‑y por el reloj, que conservó durante toda su vida‑ Efraín empezó a participar en las carreras que todos los domingos organizaba en la Liga de Cundinamarca, Guillermo Pignalosa, italiano impulsor de la organización del ciclismo colombiano. Desde entonces, cuando era apenas un muchacho que no veía más allá de las salinas de su patria chica tuvo el aliento vital del ciclismo. Alguna vez llegó a la oficina de Pignalosa y al verlo leyendo recortes de periódicos europeos, en los cuales se hablaba de competencias como el Tour de Francia, el Giro de Italia y la Vuelta a España, le comentó que Colombia debería hacer una carrera igual. “Él me respondió -nos dijo alguna vez- que sería muy difícil porque no había ni el dinero, ni los ciclistas. Sé que le quedó la inquietud, que en 1950 empezó a tomar forma, gracias al trabajo de dirigentes como él y Donald Raskin».

Inesperado título internacional
Efraín Forero fue definitivo en la conquista del primer título internacional del ciclismo colombiano, alcanzado en 1950 durante los Juegos Centroamericanos y del Caribe, en Ciudad de Guatemala. Seleccionado para la competencia de ruta, Forero rodó por primera vez en un velódromo -en Colombia no existía ninguno-, días antes de comenzar los juegos y a bordo de una bicicleta de carretera. Fue tal la impresión que causó su facilidad para desenvolverse en el óvalo, que Pignalosa, técnico del equipo, tomó la decisión de incorporarlo en la cuarteta de persecución, invitación que aceptó el ciclista, convencido de lo bien que se sentía en la recién conocida pista.
Manos a la obra. Los cuatro integrantes del conjunto -el seminarista Efraín Rozo, Efraín Forero, Jaime Tarquino y el capitán de la policía Luis Ortiz- realizaron algunas sesiones de entrenamiento para ajustar sus líneas. En la carrera oficial terminaron ganándoles a todos los rivales y apabullando en la final a Cuba, que era el favorito.
Esta victoria lo acabó de convencer de que tenía unas condiciones que, en ese entonces, nadie más poseía en Colombia.
Al regredo a Colombia, los dirigentes de la Liga de Ciclismo de Cundinamarca, liderados por Donald Raskin, y Guillermo Pignalosa, hablaron con Forero sobre su idea de realizar la Vuelta a Colombia, y las dudas que tenían, por la baja calidad de los ciclistas colombianos del momento y por las malas carreteras del país. Entonces el ciclista los invitó a que lo acompañaran a hacer un recorrido en bicicleta de Bogotá a Honda y luego a Manizales. A la capital de Caldas llegó primero que los dirigentes, quienes viajaban a bordo de una volqueta prestada por la Policía de Carreteras, porque en la subida final se distanció de ellos.
Después de este prometedor laboratorio quedó en firme la idea de realizar la primera Vuelta a Colombia, en enero de 1951.
El recorrido definitivo de la carrera, confirmado después de la prueba fue el siguiente:
1a. etapa: Bogotá-Honda (163 kilómetros).
2a. etapa: Honda-Fresno (41 kilómetros).
3a. etapa: Fresno-Manizales (100 kilómetros).
4a. etapa: Manizales-Cartago (82 kilómetros).
5a. etapa: Cartago-Cali (209 kilómetros).
6a. etapa: Cali-Sevilla (169 kilómetros).
7a. etapa: Sevilla-Armenia (72 kilómetros).
8a. etapa: Armenia-Ibagué (100 kilómetros).
9a. etapa: Ibagué-Girardot (88 kilómetros).
10a. etapa: Girardot-Bogotá (130 kilómetros).

Una carrera hecha a su medida
Forero regresó a Zipaquirá y empezó a buscar apoyo para asistir a la carrera que él había propuesto y ayudado a concebir. La primera puerta que tocó fue obvia: la Planta de Soda, en donde trabajaba. La respuesta, también parecía acorde con las dudas que generaba semejante locura. Forero recibió un vehículo sin conductor y la promesa que le pagarían los días de sueldo de su permanencia en la vuelta. El asunto del conductor lo resolvió con su hermano Argemiro. Los elementos para competir los tenía, por lo menos para comenzar. Debió reunir $5.500 para completar el equipaje técnico que creía que se iba a necesitar durante casi 50 horas de pedaleo. En vista de su éxito, la víspera de terminar la carrera, la empresa, animada por la bulla nacional que había causado su joven empleado, le envió una bicicleta para que la utilizara en la última etapa, entre Girardot y Bogotá.
Cuando comenzó la carrera, el 5 de enero de 1951, se presentaron en la línea de partida, en la carrera 7ª. con Avenida Jiménez, de Bogotá, frente al diario El Tiempo, 34 corredores, entre quienes estaba el favorito, Efraín Forero Triviño. Con ellos partieron solo dos carros acompañantes: en uno viajaban los organizadores y en el otro, Argemiro Forero Triviño y Blanca Triviño de Forero. El primero sería su asistente técnico, y la segunda, ejercería todas las labores que le correspondían como madre.
A esa primera Vuelta a Colombia solo le faltaba que la ganara El Zipa, porque era su inspirador, su termómetro, su mentor, su más grande simpatizante y, lo más importante, el más preparado de todos. La ganó, en efecto, con una diferencia de dos horas, nueve minutos y 38 segundos, sobre el antioqueño Roberto Cano Ramírez, y dos horas y 27 minutos, frente al tercero, también paisa, Pedro Nel Gil.
Esta amplia victoria y las inmensas diferencias de calidad con los demás ciclistas colombianos insinuaron fáciles triunfos del corredor cundinamarqués en las siguientes vueltas a Colombia. La realidad, sin embargo, fue otra: Efraín Forero, el motor del primer triunfo internacional del ciclismo colombiano y primer monstruo del naciente deporte, no volvió a ganar la Vuelta a Colombia.

La aureola de invencible que se posó sobre su cabeza, y su fuerte temperamento le merecieron rivalidades hasta de los propios corredores de Cundinamarca. Mientras tanto, las lecciones de los ciclistas argentinos, Julio Arrastía Bricca y Roberto Serafín Guerrero, quienes habían sido contratados por la Liga de Ciclismo de Cundinamarca, quedaron cesantes a finales de 1952 y fueron llevados a Medellín, empezaron a dar sus resultados. Su trabajo aceleró los progresos de los corredores paisas, que en menos de dos años ya superaban a los cundinamarqueses.
La segunda victoria internacional del Zipa Forero se frustró ese mismo año, cuando participó en la prueba de ruta de los Primeros Juegos Panamericanos, celebrados en Buenos Aires, Argentina. A dos kilómetros de la meta era el único líder, con más de un minuto de ventaja sobre el segundo, un argentino. De pronto, un motociclista argentina que formaba parte de la organización, lo atropelló -él dice que intencionalmente- y lo mandó a un hospital, a donde llegó el casi seguro campeón panamericano, con golpes y laceraciones en todo el cuerpo “echándoles madres a todo el mundo, porque sentía mucha rabia que me hubieran ‘robado’ tan descaradamente la medalla de oro, que ganó, precisamente, ese argentino que me perseguía”, recordó.
Próxima edición, 4 de octubre de 2022: Efraín Forero, también pionero en Europa.





























