{"id":23650,"date":"2024-01-30T08:49:01","date_gmt":"2024-01-30T13:49:01","guid":{"rendered":"https:\/\/olimpicocol.co\/web\/?p=23650"},"modified":"2024-01-30T10:59:33","modified_gmt":"2024-01-30T15:59:33","slug":"leyendas-olimpicas-el-perro-sanchez-arena-mar-leyenda-y-brisa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/olimpicocol.co\/web\/leyendas-olimpicas-el-perro-sanchez-arena-mar-leyenda-y-brisa\/","title":{"rendered":"Leyendas Ol\u00edmpicas.\u00a0El Perro\u00a0S\u00e1nchez: arena, mar, leyenda y brisa"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>A prop\u00f3sito de los Juegos Ol\u00edmpicos Par\u00eds 2024 iniciamos la publicaci\u00f3n de art\u00edculos sobre las m\u00e1s importantes leyendas ol\u00edmpicas colombianas de la historia. Comenzamos con Jos\u00e9 Domingo\u00a0<em>El Perro<\/em>S\u00e1nchez, atleta integrante del primer equipo ol\u00edmpico nacional, que particip\u00f3 en las justas de Berl\u00edn 1936.<\/strong><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"459\" height=\"640\" src=\"https:\/\/olimpicocol.co\/web\/wp-content\/uploads\/2024\/01\/A5D213ED-3883-40BE-A817-2F18E7D44C53_1_201_a.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-23654\" srcset=\"https:\/\/olimpicocol.co\/web\/wp-content\/uploads\/2024\/01\/A5D213ED-3883-40BE-A817-2F18E7D44C53_1_201_a.jpeg 459w, https:\/\/olimpicocol.co\/web\/wp-content\/uploads\/2024\/01\/A5D213ED-3883-40BE-A817-2F18E7D44C53_1_201_a-387x540.jpeg 387w\" sizes=\"(max-width: 459px) 100vw, 459px\" \/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Por Jorge Uribe\u00a0<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Periodista de Deporte Gr\u00e1fico, edici\u00f3n 27.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cMe voy en estos d\u00edas. Mi familia me llama. Viajo a Panam\u00e1\u201d. La voz es fuerte, de un hombre que construy\u00f3 al cabo una existencia a su manera, como mejor se le acomodaba. Las palabras resuenan en la alta morada y pueblan la habitaci\u00f3n donde a\u00fan cuelgan, a pesar de estar todo empacado, diplomas, fotograf\u00edas de otras \u00e9pocas, menciones honor\u00edficas para el atleta, el dirigente, el organizador. Tambi\u00e9n se amontonan libros. Buenos libros de atletismo, recientes y de hace varios a\u00f1os. No faltar\u00e1 un incunable de la especie entre ellos. Las tarjetas ponen notas vivas en las paredes largas. La casona es grande, el espacio es inmenso. Se podr\u00eda hacer un \u2018pique\u2019 de cien metros, en sus corredores.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>La calle del cuartel<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Inmensos recuerdos se represan en la vida de Jos\u00e9 Domingo S\u00e1nchez,&nbsp;<em>El perro<\/em>. Los a\u00f1os se han empalmado en su cabello de penachos blancos y han acerado la luz de sus ojos zarcos. Tambi\u00e9n le han dado profundidad. Es una mezcla de arena y mar, leyenda y brisa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Suya es esa voz que anuncia el viaje largo&nbsp;&nbsp;y acaso con fecha incierta para el regreso. As\u00ed pues, que se marcha el hombre que de los a\u00f1os 32 al 40, limpi\u00f3 de rivales las distancias de sprinters sobre 100 y 200 metros en Colombia. El mismo que ayud\u00f3 a ondear la bandera criolla, en las Olimp\u00edadas de Berl\u00edn, en 1936, junto con Guti\u00e9rrez, Torres, del Vecchio, Navarrete y Juan de Dios Salgado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La calle del cuartel ha tra\u00eddo por a\u00f1os a Jos\u00e9 Domingo, en las tardes, cuando el sol lo palmotea en los hombros. La calle sigue de largo hasta embarcarse en el mar. La bordean casas altas, casa viejas, empolvadas de longevidad, cargadas de arrugados balcones, donde a\u00fan cuchichean reminiscencias y pernoctan las charlas de los vecinos. Todos son conocidos por generaciones que enhebran hasta hoy un vivir sin prisas, con la vocaci\u00f3n irreductible de querer seguir a paso de caracol, mat\u00e1ndole el ojo al desfile de los d\u00edas, con la misma intenci\u00f3n con que flotaba por all\u00ed cerca, el eterno Tuerto L\u00f3pez.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hemos ido hasta la casona del Distrito Militar, en Cartagena, en esa Calle del Cuartel, para escuchar y volver a ver a ese hombre que llen\u00f3 de distinciones los primeros tiempos del atletismo nativo. Distinciones para medir una distancia por la sola vocaci\u00f3n de correr sin detenerse en los pre\u00e1mbulos de las severas teor\u00edas, de las preparaciones met\u00f3dicas (hoy d\u00eda cient\u00edficas), sin ahondar en nada diferente a marcar tiempos, los mejores tiempos para el pa\u00eds y para pulsarse a s\u00ed mismo. Ah\u00ed s\u00ed hab\u00eda prisa, preocupaci\u00f3n, ambiciones. La pesadilla del atletismo lo envolvi\u00f3 desde entonces. Primero como obsesi\u00f3n, que no ces\u00f3 hasta haberle hecho llenar nueve a\u00f1os en los anales. Despu\u00e9s, como prop\u00f3sito, convirti\u00e9ndolo en mentor, consejero y predicador.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><img decoding=\"async\" width=\"500\" height=\"500\" src=\"https:\/\/olimpicocol.co\/web\/wp-content\/uploads\/2024\/01\/jose-domingo-el-perro-snchez.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-23653\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\">&#8211;<\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>El perro<\/em>\u00a0S\u00e1nchez ser\u00e1 respetado por eso: por iniciador, por investigador natural, por autoridad erudita que comenz\u00f3 como autodidacta. Tambi\u00e9n ser\u00e1 recordado por su magisterio honesto, que lo hace intransigente y vertical.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando este hombre habla, se asiste a una versi\u00f3n emocionante del grado de entendimiento del atletismo en la concepci\u00f3n colombiana. Liso y llano, como la superficie en que se empe\u00f1\u00f3 en correr, vencer y ense\u00f1ar.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cSi yo les contara aquella vez en Berl\u00edn&#8230;\u201d, golpea, con el mismo calor con que debi\u00f3 sentir entonces los estrujones&nbsp;&nbsp;del espl\u00e9ndido espect\u00e1culo, en ese escenario inmenso, donde un negro, Jesse Owens, humill\u00f3 al anfitri\u00f3n blanco, despedaz\u00f3 marcas y extrajo cuatro medallas de oro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cEl mismo calor, id\u00e9ntico \u00e9nfasis como cuando defiende la necesidad de sentir \u00edntimamente el orgullo de saber ser colombiano. Todos los s\u00e1bados en la tarde, se cumple, con fervor de rito, una concentraci\u00f3n de amigos viejos en la casona de Jos\u00e9 Domingo. Seguir\u00e1 siendo el hermoso ceremonial hasta cuando se marche.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00abPrecisamente llegamos all\u00ed en una tarde de s\u00e1bado. Esas reuniones son un alambique donde se deslizan, como vinos a\u00f1ejos, recuerdos del mejor mosto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cFuimos, pues, invitados a rememorar sus andanzas desde cuando se lanz\u00f3 a correr, por pura intuici\u00f3n personal, en la manga estirada frente al Pastelillo, despu\u00e9s de cansarle el b\u00e9isbol, mortificado por su escasa potencia ofensiva cuando el turno lo llamaba al bate. Jugaba bien en su posici\u00f3n de jardinero izquierdo, y no hab\u00eda nadie m\u00e1s veloz para llegar al safe o \u2018estafar las almohadillas\u2019. Esos 1,80 metros de estatura para sus 81 kilos, constitu\u00edan un torbellino f\u00edsico imposible de aventajar, e inmejorable elemento motriz para la carrera.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hab\u00eda jugado de 1925 a 1932 en el equipo \u00c1guila de los Guaniperos. Al lado de Antonio Su\u00e1rez Herrera, Pedro Herrera, Ra\u00fal Vargas V\u00e9lez (un primera base catalogado a\u00fan hoy, excepcional para todos los tiempos), El\u00edas del Valle, Antonio Lorduy y Viroli G\u00f3mez. Esa tribu dio mucho palo en su \u00e9poca. Inspiraron una cancioncilla con estribillo:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Son, son los guaniperos<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>que no se salen de liga<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>si no ponen nueve ceros.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Todos eran muchachos de 19 y 20 a\u00f1os; los tres primeros se hicieron m\u00e9dicos (Herrera falleci\u00f3); los restantes eligieron otros caminos. G\u00f3mez fue baterista de Lucho Berm\u00fadez.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Dej\u00f3 el bate y el calz\u00f3n a media pierna. Tir\u00f3 la cachucha cl\u00e1sica. Se fue a las mangas, a correr contra el viento, contra la soledad, contra nadie. Descifr\u00f3 su vocaci\u00f3n, respondiendo a un llamado aguantado largo tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Despu\u00e9s de improvisarse como principiante solitario, Jos\u00e9 Domingo se hizo docto en la especialidad: libros, consultas, conferencias, seminarios y correspondencia copiosa, lo llevaron a profundizar en las ramas de este deporte. A\u00fan conserva aquel volumen How to sprint, una de sus primeras cartillas, suministrado por Te\u00f3filo Barbosa, consejero ocasional en los primeros tanteos. Se llen\u00f3 de preciosos conocimientos que m\u00e1s tarde habr\u00eda de verter, a manos llenas, con generosidad sin l\u00edmites, donde quiera lo requer\u00edan.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por ello vale Jos\u00e9 Domingo. Por su prodigaci\u00f3n en funci\u00f3n y beneficio de todos los que le han buscado. Por eso, su abrirse paso en provecho de los otros, dejando como se\u00f1al apenas, los 11 segundos clavados para el tiro de 100 metros.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img decoding=\"async\" width=\"1027\" height=\"702\" src=\"https:\/\/olimpicocol.co\/web\/wp-content\/uploads\/2024\/01\/755D19B9-E72F-473E-B0EB-C80477972831_1_201_a-1027x702.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-23652\" srcset=\"https:\/\/olimpicocol.co\/web\/wp-content\/uploads\/2024\/01\/755D19B9-E72F-473E-B0EB-C80477972831_1_201_a-1027x702.jpeg 1027w, https:\/\/olimpicocol.co\/web\/wp-content\/uploads\/2024\/01\/755D19B9-E72F-473E-B0EB-C80477972831_1_201_a-790x540.jpeg 790w, https:\/\/olimpicocol.co\/web\/wp-content\/uploads\/2024\/01\/755D19B9-E72F-473E-B0EB-C80477972831_1_201_a-768x525.jpeg 768w, https:\/\/olimpicocol.co\/web\/wp-content\/uploads\/2024\/01\/755D19B9-E72F-473E-B0EB-C80477972831_1_201_a.jpeg 1200w\" sizes=\"(max-width: 1027px) 100vw, 1027px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>\u00bfY por qu\u00e9\u00a0<em>Perro<\/em>?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El abuelo lleg\u00f3 a las Islas Labrador. Garboso, ojos azules. Sent\u00f3 plaza en esa tierra de promisi\u00f3n espiritual. El padre, cartagenero, no protagoniz\u00f3 sucesos. Investig\u00f3 la manera de vivir: lleg\u00f3 a los 92 a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Jos\u00e9 Domingo es hijo \u00fanico. Naci\u00f3 el d\u00eda de San Jos\u00e9, en 1906, en el \u2018barrio de la mala crianza\u2019 (hoy Getseman\u00ed). Para acristianar el extra\u00f1o mote, los vecinos bautizaron la calle como \u2018Calle del Esp\u00edritu Santo\u2019.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ya en el colegio, doblaba a los dem\u00e1s corriendo. En el barrio fue lo mismo. En las playas, igual.&nbsp;&nbsp;Pronto, la imaginaci\u00f3n popular, vagabunda y antojadiza, encontr\u00f3 la imagen: \u2018corre como un perro\u2019. El futuro instructor de la Universidad Nacional, qued\u00f3 marcado desde entonces. No le molesta el apodo: le arranca una sonrisa ir\u00f3nica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Jos\u00e9 Domingo S\u00e1nchez apareci\u00f3 en las pistas nacionales en 1932, con ocasi\u00f3n de los Juegos Nacionales, en Medell\u00edn. Hab\u00eda entrenado dos meses y medio, sin m\u00e9todo alguno. Gan\u00f3 los 100 planos, con 11 segundos flat. Compiti\u00f3 tambi\u00e9n en 200, 400 y las postas corta y larga. Fue el comienzo. A partir de entonces empezar\u00eda su reinado, que durar\u00eda hasta 1940, en las pistas del pa\u00eds.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En los juegos ol\u00edmpicos de 1936, en Berl\u00edn, clasific\u00f3 en la primera serie eliminatoria de 100 metros. Fue eliminado en la primera serie de 200. En esta \u00faltima, compiti\u00f3 al lado del suizo Hieny, el hombre de los 21.2. Presenci\u00f3 la m\u00faltiple haza\u00f1a de Jes\u00e9 Owens, ganador de las medallas de oro en 100, 200, la posta de 4 por cien y el salto largo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En 1937, asisti\u00f3 a los Juegos Atl\u00e9ticos Panamericanos, en Dallas, Texas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Compiti\u00f3 en Balboa, Panam\u00e1, en un mitin organizado en 1941 por el Colegio Zona del Canal. Perdi\u00f3 en 100 metros y empat\u00f3 la final de 200\u201d.&nbsp;<em>Jorge Uribe, Adi\u00f3s Perro S\u00e1nchez, Deporte Gr\u00e1fico, n\u00famero 27.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A prop\u00f3sito de los Juegos Ol\u00edmpicos Par\u00eds 2024 iniciamos la publicaci\u00f3n de art\u00edculos sobre las m\u00e1s importantes leyendas ol\u00edmpicas colombianas de la historia. Comenzamos con Jos\u00e9 Domingo\u00a0El PerroS\u00e1nchez, atleta integrante del primer equipo ol\u00edmpico nacional, que particip\u00f3 en las justas de Berl\u00edn 1936. 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