{"id":7558,"date":"2022-09-20T12:01:56","date_gmt":"2022-09-20T17:01:56","guid":{"rendered":"https:\/\/olimpicocol.co\/web\/?p=7558"},"modified":"2022-09-20T16:37:09","modified_gmt":"2022-09-20T21:37:09","slug":"la-primera-bicicleta-nina-para-el-nino-efrain","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/olimpicocol.co\/web\/la-primera-bicicleta-nina-para-el-nino-efrain\/","title":{"rendered":"La primera bicicleta &#8220;ni\u00f1a&#8221;, para el ni\u00f1o Efra\u00edn"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Uno de los mejores trabajos period\u00edsticos sobre la vida de Efra\u00edn Forero Trivi\u00f1o, la escribi\u00f3, en julio de 1956 el nada\u00edsta Germ\u00e1n Pinz\u00f3n, en la revista&nbsp;<em>Sucesos<\/em>. Este es su texto.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00abEstaban ah\u00ed don Argemiro, con su nervioso silencio. Do\u00f1a Sara, ca\u00edda en la lastimada dejadez de quien ha sentido dolorosamente descuajarse un \u00edntimo y privado trozo de s\u00ed misma. Y por \u00faltimo, ella misma: do\u00f1a Josefa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00abCort\u00f3 limpiamente el cord\u00f3n umbilical. Fue necesario tambi\u00e9n la leve y afectuosa palmada para destaparle la boca y abrirle paso a la primera bocanada de aire. Y una vez ba\u00f1ados, aceitados y liados entre pa\u00f1ales y bayetas, do\u00f1a Josefa expuls\u00f3 un suspiro profundo y se volvi\u00f3 para examinar esos cuatro kilos de carne viva y gritona que se debat\u00edan perneando y chillando puntudos vagidos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00abHab\u00eda ayudado al tercer hijo de los esposos Forero Trivi\u00f1o a meterse al mundo grande desde el peque\u00f1o submundo de la madre. Al filo de la media noche de aquel 4 de marzo de 1930, fue urgida por el llamado de don Argemiro. Su mujer apuraba los dolores. Lleg\u00f3 a la casa -al frente de la c\u00e1rcel de Zipaquir\u00e1- y all\u00ed, como lo hab\u00eda hecho con Blanca y Argemiro, los dos mayores, puso sobre la tierra a Efra\u00edn Forero,&nbsp;<em>El Indomable Zipa<\/em>, sin siquiera sospechar qui\u00e9n ser\u00eda, un cuarto de siglo despu\u00e9s, ese chiquillo delgaducho y dudoso del que en ese momento se sent\u00eda un poquito mam\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00abDo\u00f1a Josefa, que sab\u00eda muy bien poner inyecciones y tener hijos ajenos, sigui\u00f3 viniendo peri\u00f3dicamente a descubrir la cara a los nuevos e inagotables reto\u00f1os del matrimonio Forero. Cund\u00eda el apellido, hasta completar la lista actual de nueve hijos, acogidos en su mayor\u00eda por las manos de do\u00f1a Josefa, primer contacto humano que experimentaron en la vida. Despu\u00e9s de Blanca, Argemiro y Efra\u00edn, aparecieron Gloria, Yolanda, Marina, Antonio Mar\u00eda, Ana Helena y Hugo Enrique, el \u00faltimo de los cuales contabilizar\u00e1 apenas doce o trece a\u00f1os. Entre tanto, Efra\u00edn acumulaba cent\u00edmetros sobre sus pies y problemas menudos sobre sus padres.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00abMuchos a\u00f1os, la mitad de su vida, ejerciendo la profesi\u00f3n de farmac\u00e9utico y leyendo infatigablemente, don Argemiro Forero tiene una quejumbre habitual que a la larga ha perdido su fuerza y, de las inflexiones resignadas en su voz, ha pasado al tono intencionado de la observaci\u00f3n humor\u00edstica:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00ab-\u00a1Ah, yo que fui tan estudioso, y estos muchachos que no quieren aprender nada! Deben haber salido a la mam\u00e1&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00abSiete a\u00f1os us\u00f3 Efra\u00edn Forero en los cinco se\u00f1alados para los estudios de primaria. Y los juzg\u00f3 suficientes. Nunca fue lo que los maestros denominan \u2018un ni\u00f1o aplicado\u2019 \u00a1O estudia o trabaja! espet\u00f3 un d\u00eda don Argemiro, como dr\u00e1stico ultim\u00e1tum. Entonces Efra\u00edn se puso a aprender taquigraf\u00eda, oficio que desempe\u00f1\u00f3 aqu\u00ed en Bogot\u00e1, cuando el jefe de la familia viaj\u00f3 con todos para establecerse en la capital, logrando como resultado la quiebra econ\u00f3mica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00abPara entonces, Efra\u00edn s\u00f3lo sab\u00eda montar en triciclo. Ah: y en patineta. La patineta lo atra\u00eda vigorosa y particularmente. Al paso del tiempo se le deshizo entre las manos. Opt\u00f3 ahora por el triciclo, y andaba por entre las atemorizadas piernas de los mayores, anarquista y peligrosamente como un \u00b4buscaniguas\u00b4. Le hab\u00edan nacido las ruedas.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-large\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"562\" height=\"702\" src=\"https:\/\/olimpicocol.co\/web\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Banrepcultural-562x702.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-7569\" srcset=\"https:\/\/olimpicocol.co\/web\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Banrepcultural-562x702.jpg 562w, https:\/\/olimpicocol.co\/web\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Banrepcultural-432x540.jpg 432w, https:\/\/olimpicocol.co\/web\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Banrepcultural-768x960.jpg 768w, https:\/\/olimpicocol.co\/web\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Banrepcultural.jpg 960w\" sizes=\"(max-width: 562px) 100vw, 562px\" \/><figcaption><strong><em>Foto: Banrep.<\/em><\/strong><\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00abPor la tarde tomaba el camino de las salinas, y en aquellos terrenos pulcramente asfaltados, don Argemiro renovaba diariamente, con paciencia apost\u00f3lica, sus esfuerzos por ense\u00f1ar a Efra\u00edn y a Argemiro Junior, a montar en bicicleta. Hab\u00eda comprado una peque\u00f1a m\u00e1quina, una bicicleta ni\u00f1a para ni\u00f1os, con anchas ruedas y espejeante pintura. Chiquitica y hermosa como un beb\u00e9 de bicicleta. A comienzo, el alboroto feliz de la chiquiller\u00eda dio pruebas fehacientes y escandalosas de su satisfacci\u00f3n. Pero, poquito a poco, fue merm\u00e1ndose al entusiasmo, y cada tarde la actitud de los chicos acusaba un cambio visible. Don Argemiro fue comprendiendo que aquellas pr\u00e1cticas cicl\u00edsticas estaban adquiriendo para los peque\u00f1os, casi la misma significaci\u00f3n fastidiosa y ardua de las lecciones escolares. Sus hijos no aprender\u00edan nunca a montar en bicicleta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00abYa en los \u00faltimos intentones trat\u00f3 de animar a Efra\u00edn dando personalmente el ejemplo. Sub\u00eda al aparato y, con la mand\u00edbula entre las rodillas, pedaleaba y se ufanaba en demostraciones de equilibrio. Pero su integridad f\u00edsica empez\u00f3 a sufrir por esto. Ante su perplejo p\u00fablico infantil, que no entend\u00eda ni aprobaba semejantes payasadas, se iba de bruces, se aporreaba espectacularmente, pirueteaba con angustia en las volteretas de las ca\u00eddas irremisibles, y se replegaba en s\u00ed mismo, retir\u00e1ndose al \u00faltimo rinc\u00f3n de su personalidad, avergonzado y t\u00edmido frente a las miradas condenatorias de su gente menuda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00abArroj\u00f3 furioso la bicicleta cualquier d\u00eda. Renunci\u00f3. Se declar\u00f3 vencido. Sus hijos no aprender\u00edan nunca a montar en bicicleta. Efra\u00edn Forero no aprender\u00eda nunca a montar en bicicleta. En cuanto a su triciclo qued\u00f3 confundido entre los trastos in\u00fatiles, hasta que se le encontr\u00f3 un objetivo que disculpase honestamente su presencia: servir de dormitorio a la lora de su casa. Fue colgado de un gancho, como los esqueletos para los estudiantes de medicina. El triciclo muerto fue guindado ah\u00ed. La lora se encarama en \u00e9l y lo ensucia con toda naturalidad. Pero ahora, cuando el juguete rodante principia a parecer un \u00e1rbol con la hoja verde de la lora arriba, ha comenzado tambi\u00e9n a ser una especie de s\u00edmbolo o trofeo. Va con la familia a todas partes y ya no lo abandonar\u00e1n jam\u00e1s. El mismo p\u00e1jaro ha captado la calidad especial de su horqueta met\u00e1lica, porque hoy, despu\u00e9s de treparse en ella como a una tribuna, tras aplaudir con las alas y escudri\u00f1ar gravemente con sus pupilas redoradas y globulosas, grita estent\u00f3reamente:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-\u00a1Viva Efra\u00edn Forero! \u00a1Viva el Indomable Zipa&#8230;!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00abFue inevitable. Efra\u00edn, finalmente, tuvo que rendirse a la bicicleta. La acept\u00f3 con un breve sentimiento afectuoso, porque le aliviaba en su incipiente y caminante trabajo de cartero. Lentamente fue acerc\u00e1ndosele, descubri\u00e9ndole las ventajas, domestic\u00e1ndola, hasta que los dos integraron una unidad indespegable e, incluso, solidaria. Es muy posible que la bicicleta aprendiese tambi\u00e9n a encari\u00f1arse con Efra\u00edn. Conocimos a Forero en esa \u00e9poca, en Zipaquir\u00e1, como apasionados lectores que \u00e9ramos de una novela distribuida en folletos y por entregas, y cuyo contenido, al que recordamos vagamente lleno de h\u00e9roes de capa y espada, con Luis XV, adulterios y Madame Pompadour presidi\u00e9ndolo todo sobre el po\u00e9tico y sospechoso fondo versallesco, se franqueaba a gritos en el t\u00edtulo truculento.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00abAs\u00ed ve\u00edamos a Efra\u00edn, desmesurado, t\u00edmido, embutido en un mutismo que parec\u00eda defensivo. Y nos acostumbramos a la idea de un Efra\u00edn ecuestre que no andaba sobre los pies como todos los mortales, sino sobre un par de veloces y extraordinarias ruedas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00abTal vez ya Efra\u00edn Forero estaba so\u00f1ando -a esa edad p\u00faber todos lo hacen- con ser torero.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00abPero parece que un porrazo propinado por un ceb\u00fa termin\u00f3 el ensayo de Forero como toreador de pueblos y, de paso, le ahorr\u00f3 ese viacrucis jalonado de d\u00edas hambrientos y noches al descampado, vivido secretamente, como los sacrificios a los que obliga una devoci\u00f3n, para los humildes y heroicos matadores de las ferias y fiestas pueblerinas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00abAhora, otra vez ante el astado. S\u00f3lo que con un cartel multitudinario, obtenido no en los circos de toros, sino en las carreteras. No con el fr\u00edo terror de los s\u00e1bados por la noche y de los \u00b4cinco minutos para las tres\u00b4, sino con el esfuerzo muscular y el otro terror, el terror de perder a trav\u00e9s de horas y horas sobre una bicicleta\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Foto portada: Infobae.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Uno de los mejores trabajos period\u00edsticos sobre la vida de Efra\u00edn Forero Trivi\u00f1o, la escribi\u00f3, en julio de 1956 el nada\u00edsta Germ\u00e1n Pinz\u00f3n, en la revista&nbsp;Sucesos. Este es su texto. \u00abEstaban ah\u00ed don Argemiro, con su nervioso silencio. 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