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Revista Olímpica

Yilmar González, el orgullo de Siloé, en los Juegos Olímpicos

Yilmar González es un caleño del barrio Siloé, en Cali, que con golpes certeros se clasificó para los Juegos Olímpicos París 2024 y que durante quince años de su vida alternó la finura de la jardinería con la tenacidad de sus puños en el boxeo.

Por Andrés Camilo Beltrán

Community mánager del Comité Olímpico Colombiano

Yilmar González debutará en unos Juegos Olímpicos. No le tiembla la mano para darle una paliza a sus oponentes o para darle la mano a sus amigos del Cementerio la Aurora, de Cali. Es campeón de Juegos Centroamericanos y del Caribe (2023). Es medallista de oro bolivariano (2022). Trabajó durante 15 años como jardinero en un cementerio. Fue el protagonista de un largometraje premiado que contaba la historia de un boxeador que vivía en Siloé. Vive en Siloé con su familia. Es el octavo mejor en el ranking mundial dentro de 1.843 pegadores… Ah, y una vez bajó ocho kilos en 15 días, para representar por primera vez en su vida a Colombia.

Crecer en Siloé y encontrar el norte

González nació en Puerto Tejada, Cauca. Su familia está conformada por seis hermanos, y es el tercero de los seis. Él vive con su mamá, cuando le queda tiempo para estar en casa, por sus concentraciones. Dos mujeres y cuatro hombres. Cabe resaltar que tres de los seis hermanos son atletas. José Luis, el menor, es taekwondista y Eva González es luchadora olímpica. Su padre, don Jaime Gonzales Balanta, fue durante mucho tiempo conductor de flotas para el Cauca, mientras que su madre, Carmen Mireya Landázuri, oriunda de Barbacoas, Nariño, ha sido una mujer incansable, muy trabajadora y rebuscadora, para que no les falte nada a sus muchachos.

Los González Landázuri llegaron al barrio Siloé cuando Yílmar tenía seis años, esto por decisión de don Jaime González Balanta; él quería que sus hijos crecieran en un mejor entorno, y la violencia en Puerto Tejada hizo que llegaran a una casa que tenía su padre en la comuna 20, de la ciudad de Cali, en Siloé. Con el tiempo, la relación de sus padres terminó; doña Carmen se hizo cargo de Camilo, Eva y Yílmar, y ella solita los levantó y educó por el camino del deporte.

Doña Carmen hacía lo necesario para que sus hijos estuviesen en excelentes condiciones, vendiendo desayunos y tintos frente al centro comercial Cosmocentro. Una mujer echada para adelante, ella los dejaba en casa y aunque Siloé también era un lugar inseguro, Yílmar aprendió a vivir, convivir y adaptarse. No pensaba en su entorno, pensaba en el boxeo y en una casa para su madre.

Las salidas siempre fueron en familia. De hecho, su hermana Eva lo llevó a su primer entrenamiento de fútbol cuando tenía 11 años. Tenía buena condición física, era uno de los más rápidos, pero no era bueno con el balón y algo de ese deporte no lo llenaba. Un día, después de salir de un entrenamiento de fútbol, estaba sentado frente al andén de su casa, y por la calle bajaba Cristhian Angulo, una persona que con el tiempo se convertiría en uno de sus mejores amigos. Cristhian venía con su ropa de boxeador, iba para un combate llamado Los Guantes de Oro y le dijo a Yílmar que lo acompañara. Le causó gracia ver cómo existía un deporte donde su objetivo era darse golpes, pero también le entró una corazonada, unas ganas de practicarlo y, a su vez, sentía miedo de recibir un golpe que lo dejara en el piso.

Un lunes de algún mes del 2005 inició sus entrenamientos en el boxeo, luego de que su amigo Cristhian le presentara al técnico Arbey Castro, entrenador de la Liga del Valle. A los tres meses de estar entrenando lo llevaron a su primer combate. Se escapó de su mamá, ella pensaba que seguía entrenando fútbol, pero se iba para el ring. Ese día se ganó su primera medalla, una de plata. Derrotó a Erick Murillo, en la categoría de los 30 kilos, del campeonato infantil Buenaventura 2005. Su mamá se enteró que estaba en el mundo del boxeo, cuando llegó con la medalla de plata. No le gustó que practicara un deporte que implicaba salir lastimado, pero Yilmar ya había encontrado su norte.

Las tumbas son para los muertos y de muerto no tengo nada

Su amigo Cristhian le presentó uno de los trabajos que le permitiría continuar con su carrera de boxeador. Su primer instrumento de trabajo fue un machete, para hacer zanjas a las tumbas y limpiar la maleza alrededor del césped chino del Cementerio de los Laureles. Se ganaba 10.000 pesos. Siempre ha destinado la mitad para su madre y la otra mitad para él. Empezó trabajando los domingos de manera ilegal por su edad, y por eso corrió varias veces por cuenta de la Policía de infancia y adolescencia.

Se alternaba entre su trabajo y entrenamientos y ambos se volvían más serios. Compró sus tijeras, sus pinturas para retener el nombre de las lápidas de los difuntos y su propio abono, trabajaba hasta medio día y de ahí salía a entrenar desde las dos de la tarde hasta las cinco. Se estaba convirtiendo en jardinero y boxeador de rendimiento. Dejó de trabajar en el cementerio hasta el 2018, cuando fue llamado a la selección nacional.

Yilmar, con 12 años, se caracterizó por ser un hombre resiliente y trabajador. Luego de ganar su único y primer campeonato infantil, pasó por la categoría Junior (de 15 a 16 años), en la cual tampoco obtuvo ningún triunfo. Debió esperar cinco años, y a los 17 (categoría juvenil) se pactó una promesa de ganar una medalla o retirarse de manera definitiva del boxeo. Su primera presea llegó en la categoría de los 49 kilogramos, frente a Julián Charrupi, una batalla que lo dejó con su primera medalla de plata, en un campeonato nacional. Ahí supo que tenía que continuar en el boxeo y seguir entrenando. Para el siguiente año su primer combate fue nuevamente contra Charrupi, Yilmar salió con todo y aparte de sacarse la espina y ganarle se ganó su primera medalla de oro.

La fortaleza es otra sus características.

Portar la camiseta de la Selección Colombia

Gonzalez cambió de división a los 52 kilogramos, hizo su primera participación élite en los Juegos Nacionales del 2012, una presentación memorable, pues en su primer combate, Yílmar González sacó un recto de izquierda que fue directo al mentón de un boxeador de Arauca y logró noquearlo en menos de 20 segundos, uno de los nocauts más rápidos en la historia de Juegos Nacionales. Su segunda pelea la ganó frente a Óscar Cardozo, de Cundinamarca, por decisión dividida. Asegurada la medalla de bronce, su paso a la final fue frente al múltiple campeón nacional y atleta olímpico Ceiber Ávila, un combate que fue ganado en el segundo asalto por Ávila, por un golpe que hizo caer a Yilmar a la lona y lo obligó a no continuar el combate. Lo que nadie sabía hasta el momento era que González había competido todo el torneo con una hernia inguinal. Con la medalla de bronce ganó su primer sueldo. Cobraba 100.000 pesos mensuales a la Liga del Valle del Cauca, incentivo que lo motivó mucho, pues desde sus 11 años (a sus 19 años), vio la primera retribución económica por parte del deporte y su primer triunfo en la categoría mayores.

Sus buenos resultados lo hicieron parte de la reserva de la selección nacional en el año 2018. Tuvo que ser paciente como siempre lo había sido para ganar su cupo en la elite nacional. Con su ingreso a la reserva de la selección nacional ganó su segunda medalla de oro en su carrera deportiva, en el Campeonato Nacional de Boxeo en Cartago, Valle del Cauca, en la final de los 56 kilogramos, en la cual derrotó al múltiple campeón nacional Jhon Wilmer Martínez, soldado profesional del ejército y representante de las Fuerzas Armadas de Colombia. Entonces comenzó a ser sparring en la selección nacional, un ejercicio que le sirvió mucho para fortalecer sus debilidades y trabajar para ser el mejor.

Su primera vez representando a Colombia llegó en el 2019. No fue en su categoría (los 56 kg), porque para ese tiempo estaba pesando 60 kg. y se abrió la oportunidad de competir en la división de los 52 kilogramos. Tenía que bajar ocho kilos, en 15 días. Entones suspendió casi todo su consumo de alimentos para cumplir una dieta estricta que lo llevó a la deshidratación y al estrés severo, pero consiguió uno de sus sueños, representar a Colombia en el exterior.

González, viajó al Torneo Clasificatorio a los Juegos Panamericanos Lima 2019, de Nicaragua, evento en el cual ganó su primera medalla con la Selección Colombia y su cupo a los Juegos Panamericanos, al derrotar a Michael Angeletti de Estados Unidos y al chileno Héctor Tapia. Con la medalla de bronce en su bolsillo, en el paso a la final fue superado por el cubano y múltiple medallista mundial Yosvany Veitía. Su felicidad quedó dividida, porque había logrado su sueño, pero el desgaste físico por la falta de alimentación le estaba costando.

Su primer evento del ciclo olímpico fueron los Juegos Panamericanos de Lima 2019. Recuerda que para estar en el peso de los 52 kilogramos, durante los dos días anteriores al combate desayunó, almorzó y comió una barra de cereal acompañada de un vaso con agua, una condición que lo iba agotando física y mentalmente. En su primera pelea le tocó nuevamente contra el cubano Yosvany Veitía, encuentro que ganó Veitía por decisión unánime. Finalizado el combate, González, comprendió que ese no podía ser su peso, ni la forma de conseguir resultados, y si quería estar en un podio tendría que mantenerse en su categoría, los 57 kilogramos.

Gonzalez fue nuevamente paciente, pues el ciclo olímpico terminaba con los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 y su amigo Ceiber Ávila ya había hecho lo propio para instalarse en las justas olímpicas de esta categoría. Yilmar se declara hincha de la selección, así que siempre estuvo con ellos de cerca y se trasnochó para ver a todos sus amigos en Tokio.

Yílmar González, listo para su compromiso de París 2024.

El ciclo olímpico de cara a París 2024 lo inició con una medalla de oro que consiguió en los Juegos Bolivarianos de Valledupar 2022, luego de derrotar por decisión unánime al ecuatoriano Jean Carlos Caicedo, y su primera medalla dorada en eventos del ciclo olímpico, para los Juegos Suramericanos no la logró, por una desconcentración que lo sacó en la primera ronda frente al venezolano y medallista olímpico Yoel Finol.

En los Juegos Centroamericanos y del Caribe San Salvador 2023 se consagró campeón. En el primer combate derrotó al campeón mundial Saidel Horta de Cuba. Luego se impuso por decisión unánime frente a Juan Donis, de Centro Caribe Sports, y a José de los Santos, de República Dominicana. La final fue la revancha de los Juegos Suramericanos en Asunción. Yilmar derrotó, 4 a 1, al venezolano Yoel Finol. Recuerda que estaba muy seguro de sus condiciones y sus puños, estaba concentrado, iba para encima. Siempre piensa en su familia, en su hogar, en dar lo mejor para ellos y por ellos.

Para los Juegos Panamericanos de Santiago 2023 avanzó hasta los cuartos de final. En su primer encuentro derrotó al puertorriqueño Caleb Tirado y en los octavos de final los jueces determinaron que el cubano Saidel Horta era el ganador de la pelea, resultado que terminó 3 a 2, en contra del colombiano.

Con la mente en los Juegos Olímpicos y con su fe intacta, Yílmar González viajó al Campeonato Mundial Preolímpico de Boxeo en Italia y consiguió su cupo a París 2024, tras una victoria por unanimidad, 5 a 0, frente a Ping Lyu de China. Durante el primer asalto, Yilmar demostró su nivel y cosechó un puntaje 4 a 1. En el segundo asalto no desentonó y el colombiano obtuvo, nuevamente, el 4 – 1. De este modo ganó por decisión unánime y el cupo olímpico número 39 para nuestro país.

Yilmar no cambia su esencia, su voluntad y su espíritu. Sigue entrenando a doble jornada, para su debut en unos Juegos Olímpicos. Sueña con ganarse una medalla olímpica, para regalarle una casa a su mamá y demostrarle al mundo que el deporte transforma vidas, independiente del entorno en que uno nazca.