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Revista Olímpica

Álvaro Córdoba (II). La política pública de deporte, basada en el enfoque de derechos

Segunda parte de la charla de Álvaro Córdoba, en el Congreso Olimpismo, Desarrollo y Paz, sobre los consumos, el embarazo precoz o la violencia intrafamiliar, como temas de salud pública, que pueden ser intervenidos con programas de deporte, recreación, actividad física, pero tienen que ser medidos desde otras áreas del conocimiento y de la gestión pública. 

Por Álvaro Córdoba Obando

Asesor de la Oficina del Alto Comisionado para la Paz

Las políticas públicas en el tema del deporte y la recreación no se pueden mirar sin leer los contextos en donde se dan. La academia, la ortodoxia de la academia, suele hablar de la táctica y la estrategia para la práctica de un deporte, pero en donde no hay adecuadas condiciones no se pueden garantizar derechos; esa discusión la resolvimos más fácil con los estudiantes que con los decanos, y logramos asentamientos de población desplazada, habitantes de calle y de cárceles, lo que se convirtió en el inicio de lo que se llamaría una política pública de deporte y de recreación, basada en el enfoque de los derechos.

Se hablaba para la época de un proceso de paz y de reconciliación, y se decía que las víctimas, las comunidades que habían sido afectadas por esos actores armados deberían jugar fútbol con los victimarios, que para ese entonces ya eran firmantes de la paz. No había aparecido aún la ley 1.448, que es la ley de víctimas y restitución de tierras, ejercicio que llegó a identificar a documentar cómo esa población aparentemente combatiente había costeado los escenarios, los equipamientos deportivos, y por las quejas de los padres y madres de familia empezamos a elaborar casi una lista barrio a barrio de los escenarios que fueron creados y eran administrados por los desmovilizados. Esa lista llega al consejo de gobierno y del consejo de gobierno no sé cómo llegó a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que dijo que el Estado colombiano debe tomar medidas perentorias, para prevenir el reclutamiento de niños. Entonces  nos tocó definir una política precisamente para salvaguardar los escenarios deportivos y evitar que los niños entraran progresivamente en las estructuras criminales. Entonces apareció en cada niño, en cada familia, en cada escenario deportivo, en cada profesor de deportes, el deseo de construir desde la propia corporalidad, un territorio de paz, un territorio de empoderamiento, una acción de reconocimiento de sí mismo, como sujetos de derechos. Claro, eso permitió que la inversión pública se incrementara, que creciera y que hubiera más control social .

Foto: As Colombia.

Nosotros entendimos que la gente ahora confía más y cree que las denuncias sí pueden conllevar, no solamente a una respuesta diplomática, sino a una acción efectiva de transformación y de cambio. Llegamos a entender entonces que era posible medir distinto la gestión pública, a entender que lo que se estaba haciendo era precisamente con una gestión enfocada desde los principios básicos de los derechos humanos, no inventada, porque ya existe en el mundo.

Eso llegó a trascender a nivel internacional. Con Clemencia Anaya estuvimos allí desde el año 2009, hasta el punto de que estos programas de deporte y recreación iban visibilizando las violencias de género, y buscando articular con otras agencias del nivel local nacional e internacional terminamos creando una red iberoamericana de mujer y deporte, acompañada, tutelada diría yo, por el Consejo Iberoamericano de Deporte, que lo dirige el Consejo Superior de Deportes de España. Adelantamos la discusión de cómo avanzan los estados en materia de disminución de la desigualdad o de avance en la igualdad del deporte y la recreación y la actividad física como derecho de las mujeres. Y en eso nos llevamos más de 10 años esperando la buena voluntad de los gobiernos, de los ministros en el escenario internacional, para que hubiera programas efectivos para ello, y formas efectivas de evaluar y medir más allá del número de personas que participan. Sin embargo nos cambiaron la agenda y dijeron que ya el asunto es el de la diversidad de género, el problema de LGTBQ más, y todo lo que viene de allí, y nosotros dijimos que no, porque es que el tema de la desigualdad de las mujeres en el deporte no se ha resuelto, no se ha logrado, por más avances que ha habido en las decisiones de los políticos. La cultura sigue siendo discriminadora. No hay razón, por cierto, en el deporte o en cualquier otra dimensión de la sociedad, de abandonar ese tema para pasar a otro, y eso ocurre por ese pensamiento neocolonial epistemológico, cuando nos inventan problemas para desviar la atención sobre aquellos en los cuales deberíamos nosotros hacerlo. Evaluar el impacto es mucho más que buscar evidencias que a veces no se pueden encontrar materialmente, que casi son certezas espirituales, que solo al cabo de los años podemos encontrarlas por ahí, por casualidad, por ejempl, cuando ese niño o niña de cinco años convertido en un adulto de 20 o 25 nos muestra el deportista o el ciudadano que es y reconoce que algo se pudo haber hecho por su profesor, porque como servidor público de ese niño o niña su padre y su familia son quienes pagan los impuestos para que puedan prestar ese servicio y garantizar sus derechos. Entonces la cuantificación es muy complicado a la hora de evaluar impactos. Beatriz Mejia y yo nos conocemos desde esa época en la que el Banco Interamericano de Desarrollo había financiado los programas piloto, en Bogotá, Medellín y Cali, para la promoción de la convivencia y la prevención de la delincuencia. El impacto lo midió una empresa que hacía uso de métodos que permitían clasificar a estos niños, y sólo a ellos, que ya habían credido.  Nosotros tumbamos el informe de esa consultoría y decidimos enviar un informe distinto, y lo hicimos con los niños, con los padres, con la comunidad, con los maestros y maestras para saber qué había ocurrido.

Foto: fundacionseleccioncolombia.org.

Ahí empezamos a darnos cuenta que esto de la evaluación de las políticas públicas es un ejercicio un poco más transdisciplinar. Evaluar el impacto en temas de economía y en materia de seguridad y convivencia es algo que no enseñan las facultades de deporte y educación física. Lamentablemente toca hacerlo con los institutos de estudios políticos, de economía, de ciencias sociales y humanas, con la facultad de salud pública etcétera . ¿Cómo ver si el programa de deporte y recreación con niños y niñas, inspirado en el tema de la prevención de enfermedades físicas y mentales en adolescentes estaba disminuyendo? Por ejemplo, el tema de los consumos o del embarazo precoz en adolescentes o el tema de la violencia intrafamiliar derivada del estado de ansiedad y de estrés, que podían resolverse mediante la actividad física, el deporte y la recreación son temas de salud pública, que pueden ser intervenidos con programas de deporte, recreación, actividad física, pero tienen que ser medidos desde esas otras áreas del conocimiento y de la gestión pública.

De esa manera se pudieron mostrar cosas que los políticos dicen todo el tiempo deporte-salud, deportes-paz cierto, pero que se quedan allí y no dicen cómo hacerlo, cómo lograrlo y luego cómo demostrarlo.

Próxima entrega, 21 de mayo: La democracia más virtuosa está en el fondo de los valores olímpicos.