Una de las frases más famosas del filósofo alemán Friedrich Nietzsche es: “quien tiene un porqué para vivir, encontrará casi siempre el cómo”. La múltiple campeona colombiana del salto triple, Caterine Ibargüen, es el vivo reflejo de lo que profesa aquella frase, pues no existe un pero lo suficientemente grande para acabar con el anhelo de un sueño.

Nacida en Apartadó, Antioquia, el 12 de febrero de 1984, Caterine Ibargüen Mena fue recibida con el amor incondicional de su mamá Francisca Mena y de su abuela Ayola Rivas. Desde temprana edad, la futura atleta vivió las difíciles situaciones económicas que atravesaba su hogar y la constante violencia que estaba presente en su municipio natal.
El ejemplo de sus dos cuidadoras fue fundamental para cimentar en Caterine la actitud y la ‘berraquera’ para afrontar los obstáculos a los que se enfrentaría tanto en la vida como en el deporte. Inicialmente, la rutina diaria de su mamá era extenuante, pero le permitía darle lo necesario a su hija para vivir. Sin embargo, el paso del tiempo junto con el aumento de los costos poco a poco generó que el esfuerzo incansable de Francisca no fuese suficiente, por lo que dejó a su hija en Apartadó y se radicó a Chigorodó.
La fortaleza fue la palabra principal para enfrentar esos momentos lejos de su mamá, eso sí, la relación con Caterine jamás cambió, ambas se mantuvieron unidas y más que presentes en el día a día. Asimismo, el ejemplo y enseñanzas no faltaron, pues su abuela siempre la acompañó e independientemente del trabajo le inculcó los valores y principios que tiene muy presente hasta la actualidad.
En 1996, a la edad de 12 años, Caterine empezó a crecer, a desarrollar esa figura que marcó la diferencia en las competencias de salto. Por aquella época también inició en el deporte, el voleibol fue la primera disciplina, no obstante, el entrenador Wílder Zapata, al percatarse de sus cualidades, le sugirió iniciar en la práctica del salto alto. El tiempo y la aplicación correcta de la técnica fueron los principales medios para evidenciar los dones que solo una promesa del atletismo posee.
Wílder fue el encargado de fomentar las bases y la técnica de Caterine, pero, sobre todo, le entregó confianza y creyó en todo lo que la atleta podría alcanzar. Siguiendo con las palabras de sus dos figuras, enmarcadas en una frase: “haz las cosas bien y lucha por lo que quieres”, la antioqueña decidió dar un paso que sería fundamental para alcanzar la gloria olímpica.

Las aptitudes físicas, que en principio la hicieron sentir mal por ser la más alta del colegio, junto con el nombre que se había forjado como una de las más grandes promesas del atletismo antioqueño permitieron que Caterine, con 14 años, dejara su municipio natal para establecerse en Medellín.
En la Villa Deportiva Antonio Roldán Betancur, el cubano Luis Alfaro la encaminó en el siguiente nivel de entrenamientos y en una técnica mucho más pulida.
Con el instructor, Caterine tuvo grandes avances y precisión para competir en el salto alto. Un año después cambió de entrenador, la cubana Regla Sadino fue la responsable del primer título internacional en la carrera de la antioqueña, pues en 2001, los Juegos Bolivarianos de Ambato (Ecuador) fueron testigos de los 1.79 metros que registró.
Los logros de Caterine aumentaron tanto como la altura de sus saltos, desde el primer título en Ecuador, consiguió el tercer lugar en los Juegos Centroamericanos y del Caribe Junior de San Salvador en 2002, así como los oros en el Campeonato Mundial Junior de Atletismo en Guayaquil (Ecuador) en 2003 y en el Sudamericano sub 23 de Atletismo en Barquisimeto (Venezuela) en 2004, entre otros.
Esa destacada participación no pasó desapercibida, pues la futura ‘Reina del Salto Triple‘ consiguió su cupo a sus primeros Juegos Olímpicos. En el salto alto, la antioqueña hizo parte de los 53 atletas que conformaron la delegación colombiana de Atenas 2004. No obstante, su primera participación estuvo alejada de los primeros lugares y consigo de los podios, pues sus 1.85 metros no le permitieron avanzar de la primera ronda.
2005 fue un año de cambios, lejos de resistir, Caterine fue resiliente y aceptó todo lo nuevo que estaba por llegar. Luego de terminar eliminada en la semifinal de salto alto con su mejor marca (1.93 metros) en el Campeonato Mundial de Helsinki (Finlandia), su entrenadora, Regla Sadino, le recomendó cambiar la prueba por la de salto triple. Su condición física y su potente velocidad eran la combinación perfecta que, canalizadas a través de su temperamento, la impulsarían a dar el salto a los registros de la historia deportiva de Colombia y a nivel mundial.
Como todo cambio en la vida, enfocarse en el salto triple significó nuevos retos y desafíos en la carrera deportiva de Caterine. Aunque fue constante y su técnica cada vez era mejor, la colombiana no consiguió la clasificación, en la disciplina, a los Juegos Olímpicos de Beijing 2008. Esa frustración y ganas por dejarlo todo pudieron ser determinantes para que la antioqueña se retirara del deporte, sin embargo, una nueva luz en su vida se encendió y el primero de los tres tiempos para el salto a la gloria comenzó.
Aunque devastada por lo sucedido en Beijing, su entrenador, el cubano Ubaldo Duany, decidió ayudarle con el inicio de un nuevo camino. Poco tiempo después, Caterine recibió una beca para estudiar enfermería en la Universidad Metropolitana de San Juan de Puerto Rico, eso sí, las condiciones para adquirirla eran claras: 1). Debía obtener buenos resultados académicos, 2). Debía continuar y destacarse en el atletismo. Como una bocanada de aire fresco, la antioqueña tuvo un nuevo horizonte que le permitió formarse en varios ámbitos y preparase para el despegue mundial.
Las destacadas victorias en el salto triple comenzaron en el 2010, por aquel entonces, la colombiana consiguió dos preseas plateadas, la primera llego tras conseguir una nueva marca nacional, con 14.29 metros, en el Campeonato Iberoamericano de Atletismo en San Fernando (España). Posteriormente, la segunda medalla de ese año fue una realidad con los 14.10 m. obtenidos en los Juegos Centroamericanos de Mayagüez (Puerto Rico).
De esta forma, la carrera para clasificar a los Juegos Olímpicos de Londres 2012 comenzó y Caterine no dejó nada a la suerte. Su trabajo y esfuerzo dieron resultados a través del primer lugar en el Campeonato Sudamericano de Atletismo de Buenos Aires, en los Juegos Panamericanos de Guadalajara, junto con la medalla de bronce en el Campeonato Mundial de Daegu (Corea del Sur), todo lo anterior en 2011.
Antes de su llegada a los Juegos Olímpicos de 2012, ese mismo año, la colombiana ganó la Liga Diamante de Mónaco y el Grand Prix de Londres con marcas de 14.85 y 14.66 metros, respectivamente. De los 104 deportistas y de las nueve preseas con sello colombiano, Caterine obtuvo una de esas medallas tras sobreponerse a una situación muy delicada. Cinco días antes de su participación en el Estadio Olímpico, la antioqueña tenía una lesión en su pierna izquierda, misma que empeoró a falta de poco tiempo para participar en la prueba de salto triple.
Dios fue la respuesta ante tanto sufrimiento, pues Caterine no quería que la abandonaran al borde de conseguir su objetivo. Su perseverancia también fue fundamental para afrontar esa prueba definitiva el 5 de agosto de 2012, la capital británica vivió una competencia de salto triple histórica para nuestro país. La antioqueña, quién participó en el certamen con una protección en su pierna izquierda, estuvo intachable y sus cinco saltos fueron válidos, su último intento fue el definitivo, pues los 14.80 metros marcaban el final de la competencia y la medalla de plata para Colombia.
La representante de Kazajistán, Olga Rypakova, obtuvo el oro con una marca de 14.98 metros, sin embargo, la presea de Caterine tuvo un peso mucho mayor, ya que era el segundo metal olímpico para el atletismo colombiano. El objetivo de la antioqueña seguía siendo el oro y la revancha tendría lugar cuatro años más tarde y muy cerca de nuestro país.

Con la mente enfocada en el futuro, en el 2013 el apodo de la ‘Reina del Salto Triple’ comenzó a sonar con las victorias en la Liga de Diamante, las primeras cuatro consecutivas, en Shanghái (14.69); Eugene – Estados Unidos (14.93); Oslo – Noruega (14.81); París (14.69); Estocolmo – Suecia (14.61) y Bruselas – Bélgica (14.49). Luego de ganar la Liga de Diamante de ese año, la Federación Internacional de Atletismo la nominó en el concurso de la mejor atleta del mundo, aunque no lo ganó.
2014 y 2015 fueron temporadas históricas para la colombiana, en el primer año continuó dominando la Liga de Diamante al ganar las seis paradas, donde obtuvo su mejor marca personal (15.31 en Mónaco), y consiguió el oro en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Xalapa (México).
Al siguiente año, Caterine revalidó su título en los Juegos Panamericanos, en Toronto (Canadá) obtuvo una marca de 15.08 metros que marcaban un nuevo récord continental, no obstante, no fue válido debido a la velocidad del viento durante la prueba (+2.3m/s). También consiguió el oro en el Campeonato Mundial de Atletismo de Pekín (China) y en los Juegos Nacionales de Cali. Indudablemente, en la Liga de Diamante también triunfó y testigo de eso fueron sus victorias en Shanghái, Oslo, París, Estocolmo y Bruselas.
El camino era dorado, Caterine Ibargüen, la ‘Reina del Salto Triple’, acudía a Río 2016 como la indiscutible monarca de la prueba, su registro era de una derrota en cuatro años y con el sueño de conseguir el preciado oro olímpico. La mayor delegación colombiana en los Juegos Olímpicos tuvo la mejor presentación, en las que figuraron nombres como el de Mariana Pajón, Oscar Figueroa y, por supuesto Caterine.
Domingo 14 de agosto de 2016, el Estadio Joao Havelange acogió competencias de atletismo de primer nivel, mientras que el jamaiquino Usaint Bolt conseguía el oro en los 100 metros planos, Caterine Ibargüen fue igual o más veloz en el salto triple con una presentación intachable, seis intentos y todos válidos. El cuarto, con una distancia de 15.17 metros, representó la consecución de su sueño, la medalla de oro era una realidad y su mamá la acompañada en el carril de saltos, pues en el certamen portó unos aretes que le había regalado.

Un día después, luego de celebrar y asistir a una rueda de prensa en Casa Colombia, en la noche acudió nuevamente al escenario deportivo para recoger la medalla por la que tanto había luchado. Su recibimiento en nuestro país fue digno de lo conseguido, Antioquia estaba orgulloso de su campeona olímpica y El Espectador la designaba, por cuarta ocasión, como la deportista del año.
Caterine Ibargüen continuó consiguiendo logros y medallas tras su participación en Río 2016, por ejemplo, fue elegida como la mejor atleta mujer del 2018 por parte de la Federación Internacional de Atletismo, incluso, participó en sus cuartos Juegos Olímpicos en la pasada cita de Tokio, donde finalizó en la décima posición.
Durante 2021 y luego de ceder su trono en Tokio, la ‘Reina del Salto Triple’ anunció su retiro de la disciplina deportiva. Su carrera, enmarcada por sus diversos reconocimientos, medallas y logros, es la fiel respuesta de los valores y enseñanzas que sus dos figuras le inculcaron para alcanzar el sueño que se plateó desde el primer salto que realizó.





























