Una de las emociones que más acompaña a un atleta es la ansiedad, quizás esta se intensifica antes de una competencia o cuando se está a punto de conseguir un hito histórico para el país. En el taekwondo es indispensable tener una buena técnica, sin embargo, manejar la ansiedad es una de las características principales que se deben manejar para decidir en segundo si intervenir o no en combate.
En El Retén, Magdalena, el 9 de mayo de 1993 nació Oscar Luis Muñoz Oviedo, fue el cuarto hijo de seis. Su padre, Humberto Pompilio Muñoz, fue el principal soporte para su familia que, en la búsqueda de un mejor futuro, decidió partir a la ‘Capital Mundial del Vallenato’. Sin duda alguna, la melodía cambió radicalmente luego de esa decisión.
Humberto consiguió trabajo como jardinero del cementerio Ecce Homo lo que le permitió mantener a su familia y entregarles las herramientas para avanzar. La institución educativa Francisco Molina Sánchez fue el punto de partida para el nacimiento de un campeón olímpico, allí, Óscar inició con la práctica del boxeo, lo practicó con regularidad, sin embargo, su padre no pudo continuar dándole el dinero para el transporte y no pudo continuar.
La práctica de fútbol también fue otra de las primeras incursiones en el deporte, pero esta disciplina no era de un total agrado. El primer paso del campeón llegó gracias a su formadora, la entrenadora Irma Gómez detalló la contextura física (alta y delgada) y consideró que podría tener buenos resultados en el taekwondo, por lo que lo invitó a hacer parte del grupo que practicaba en el deporte.
Óscar tenía nueve años cuando inició a practicar el taekwondo y en el pequeño grupo de élite de la disciplina comenzó a destacarse rápidamente, su técnica mejoraba rápidamente y su control de la ansiedad era determinante para guardar la calma en los momentos determinantes del combate. En una escuela departamental, apoyada por la alcaldía y el gobierno departamental, 390 deportistas de nueve clubes trasformaron a la región en la potencia colombiana del taekwondo.
A los 12 años, el atleta compitió en un certamen nacional donde terminó en la segunda posición de la categoría cadetes, ese triunfo fue el segundo más memorable de su carrera, ¿el primero?, la medalla olímpica de Londres 2012. Para llegar a esa conquista, Óscar escaló con disciplina motivada por la pasión y cimentada por el entrenador Álvaro Vidal.
Su familia, sus amigos y su forma de ser, tranquilo pero enfocado, evidenciaron la capacidad de sacrificio que Óscar utilizó para entrenar mañana, tarde y noche, además de las horas en el gimnasio, su compañera en el patio de la casa, en el barrio Cola de Caballo, fue una tula llena de arena y aserrín. Asimismo, en sus sueños también estaban centrados en el deporte pues se visualizaba como uno de los mejores taekwondistas.
Óscar no tardó mucho en figurar, en primera instancia fue campeón nacional y conformó la primera delegación colombiana que asistió a los Juegos Olímpicos de la Juventud Singapur 2010, donde finalizó en el cuarto lugar de su categoría, esa posición fue el pronóstico de un histórico resultado pocos años después.
En el 2011, los títulos continuaron llegando, además de los campeonatos locales y nacionales, Óscar participó en el Campeonato Preolímpico celebrado en Querétaro, México, donde ganó la categoría de los 58 kilogramos junto con el cupo para los Juegos Olímpicos de Londres 2012. 18 años, esa fue la edad con la que el primer paso para un sueño de un joven colombiano se hacía realidad.
La delegación colombiana de Londres 2012 estaba conformada por 104 atletas, todos con un recorrido distinto pero que convergió en el mismo lugar, en uno donde los mejores del mundo se presentan y solo quienes tienen la capacidad de superar los insuperable triunfan. “Yo vine a ganar una medalla”, esa fue la frase de un joven taekwondista de 1.78 metros de altura y 58 kilogramos de peso que resonó en la Villa Olímpica de la capital británica.
El Pabellón 1 del Centro de Exposiciones ExCel, del 8 al 11 de agosto de 2012, se disputaron las ocho categorías (cuatro por género) de taekwondo, en total, 128 atletas de 63 federaciones buscaban el podio olímpico. Los responsables de inaugurar el certamen multideportivo fueron las categorías de 49 kilogramos femenina y 58 masculina.
Sí, en ese momento exacto en el que la ansiedad se desborda al conocer el cuadro principal y estar a poco de debutar fueron el motor de un luchador que no conocía otra palabra en su mente diferente a ganar. Muñoz inició su participación en los octavos de final en donde superó, con un contundente 8 – 1, a al argelino Mokdad El-Yamine, seguido por otra gran victoria en los cuartos, 14 – 2, frente al representante de Yemen, Tameem Al Kubati.

Un combate separaba al colombiano de disputar la medalla de oro, el rival a vencer era doble campeón mundial y de Europa, Joel Martínez. El español, quién sería la medalla de oro de Londres 2012, venció a Muñoz con un duro 13 – 4, aunque el golpe era fuerte, todavía quedaba por escribir una parte de la historia.

Pen-Ek Karaket, representante de Tailandia, era el rival por la disputa de la presea de bronce. Decidido a superar el reto, Óscar salió al tatami con la convicción de conseguir el objetivo que, como era de esperarse, representó una lucha de estrategia, velocidad y contundencia. El primer round evidenció lo anterior, pues finalizó con un empate a 0, sin embargo, Muñoz marcó las diferencias en el segundo y dejó el marcador a favor con un 3 – 1.
Faltaba el último round, el marcador a favor y las ganas de demostrar que era mejor que su rival consumían al colombiano, su mirada contundente y una ráfaga de patadas dejaban el resultado 6 – 4, sin embargo, faltando un segundo el tailandés, aparentemente, conectó una patada en la cabeza del colombiano, lo que dejaba un puntaje final de 6 – 7. No obstante, su entrenador, Álvaro Vidal, estaba seguro de que el golpe no conectó, por lo que reclamó y la jugada se revisó.
La repetición era clara, la patada no tocaba la cabeza del colombiano y el resultado final era 6 – 4 junto a la medalla de bronce. Mientras el objetivo pregonado en la Villa Olímpica se hacía realidad, Colombia celebrara la primera presea en la disciplina de taekwondo y la 16 de toda historia.

Un debut soñado y una medalla olímpica, esa gesta fue reconocida por todo el país y Valledupar recibía ‘El Campeón’, como lo llamaba su papá, con los brazos abiertos y con una vida completamente diferente, su pasión le permitió transformar su realidad, la de su familia y abrir las puertas a un nuevo futuro.

Óscar se convirtió en una figura para admirar en Valledupar, una que brillaba y alentaba a su hermano menor, Rigoberto, en la práctica del deporte. Tras el hito histórico, la primera medalla olímpica para el taekwondo colombiano, la mirada estaba puesta en los Juegos olímpicos de Río 2016. Inicialmente, la preparación se enfocó en subir y adaptarse a la categoría de 68 kilogramos, sin embargo, ese reto no fue posible de completar y tuvo que regresar a los 58 kg.
Con un tiempo ajustado, Muñoz clasificó a los Juegos Olímpicos de Río el 11 de marzo de 2016, cuando en Aguascalientes, México, obtuvo el segundo lugar en el Clasificatorio Olímpico Panamericano. Con la misma tranquilidad, pero con una ilusión más grande por conseguir el oro, Óscar viajó a Brasil.
No obstante, los planes eran diferentes a los esperados, en su estreno, durante el 17 de agosto, quedó eliminado tras perder el primer combate del certamen frente al portugués Rui Braganca (tercero del mundo) por un doloroso 14 – 3.
Aunque parecía que ese resultado no iba a detener al atleta, que consiguió la medalla de plata en los Juegos Nacionales de 2019, decidió dar un paso al costado y retirarse profesionalmente de la disciplina que tanto lo apasiona. Aquella decisión que expresó en el 2020 estuvo amparada en una trayectoria ininterrumpida de 18 años, el medallista olímpico quiso dedicarse a otros proyectos y ayudar a germinar los talentos del deporte.
Con determinación, calma y pasión, Óscar Muñoz instruye a las jóvenes promesas del deporte en su escuela de taekwondo, a través de sus enseñanzas, determinación y valores, quiere dejar un legado más grande que la medalla olímpica que consiguió en Londres 2012.





























