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Revista Olímpica

Crónica V. “¿Qué hago aquí?… Vine a soñar”

Eso me pregunté y eso me respondí, sentado en la mitad de la cancha del estadio del Hotel de la Academia Olímpica Internacional, en Olimpia, Grecia, el pasado 17 de julio. En esta quinta entrega de las experiencias vividas en una medianoche mágica, la libertad no es una opción, sino un obligación.

Por Alberto Galvis Ramírez

Delegado de la Academia Olímpica Colombiana, en la 15ª. Sesión de Academias Olímpicas Nacionales, celebrada en Olimpia, Grecia, del 16 al 22 de julio pasado.

Nuestro Premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, dijo alguna vez, en entrevista con mi amigo y colega, Ernesto Mc Causland: “Dentro de ciertas formaciones culturales, entre ellas la colombiana, hay personas, que aunque ven cosas extraordinarias, no las cuentan, porque les han dicho que eso que ven no puede suceder. Por ejemplo, alguien, con desfachatada naturalidad, dice haber visto que tal personaje salió volando en una estera y se perdió por detrás del castillo de la Popa, en Cartagena, y aunque se sabe que volar en una alfombra es imposible, el narrador insiste en afirmar que eso fue lo que vio”.

Quizás aquí estuvo parte del secreto de Gabo para escribir las maravillosas historias que lo hacen el mejor escritor de Colombia, Suramérica, América, y con un lugar privilegiado en el mundo: escuchar historias y no solo creerlas, sino no contradecir al narrador y, en cambio, sí seguirle la cuerda, para conocer más detalles sobre ese hecho, imposible para los normalitos, pero posible para los niños, para los locos, para los escritores y para las mentes abiertas. Al final, Gabo escuchaba unas historias mitad imaginación y mitad realidad, que estampaba con el maquillaje de su inteligencia y de su realismo mágico, en páginas que se leerán por los siglos de los siglos. 

Eso me ocurrió cuando mi compañera de la Academia Clemencia Anaya me aconsejara antes del viaje a Olimpia, Grecia, a la 15ª Sesión de Academias Olímpicas Nacionales, en julio pasado, que descendiera en cualquier medianoche hasta el centro de la cancha del Hotel de la Academia Olímpica Internacional, junto al yacimiento de los primeros Juegos Olímpicos, y me concentrara hasta escuchar las voces de los dioses de la mitología griega y de los atletas olimpiónicos.

Lo hice, porque, en primer lugar me gusta la antigua sociedad griega y sus Juegos Olímpicos, y para gustarme necesito creer, hasta lo más inverosímil…

En segundo lugar me apasiona la fantasía, porque si caminamos por sus predios, esa fantasía se puede convertir en el pedazo de información que, por ser tan apegados a la lógica humana, nos podría estar haciendo falta para entender algo…

En tercer lugar quería hacerlo, porque  una oportunidad como esa, de vivir unos instantes por fuera del mundo, y en medio del fenómeno de las raíces del Olimpismo, no la volvería a tener…

Y, en cuarto lugar, tal vez el motivo más importante: quería buscar insumos para volver a cometer el género de la crónica literaria, que por ser el que da más libertades al escritor se convierte en el más difícil y peligroso, porque se juega con nuestra creatividad, que se puede desbordar, y es el resultado de nuestra propia subjetividad y de la de quienes nos reciben el mensaje, que pueden rechazar las historias, con la misma libertad que tenemos cuando las creamos y se las contamos.

Sentado en la mitad de la cancha del estadio del Hotel de la Academia Olímpica Internacional, aquel 17 de julio de este año, lo primero que me pregunté fue “¿Qué hago aquí?” 

De inmediato me respondí: “Vine a soñar”.

Foto: turismo.org.

Y empezó ese maravilloso viaje en medio de los sonidos del silencio de la noche, que dieron paso al bullicio de aquella sociedad ejemplar, que creó la democracia, como sistema político; la filosofía, como herramienta para interpretar el mundo y las conductas del ser humano; la mitología, con sus poderosos dioses especializados en los más diversos temas, y los Juegos Olímpicos, la máxima expresión deportiva de la humanidad.  

De estas creaciones, dos no tienen discusión: 

1. Los Juegos Olímpicos, hoy vigentes, aunque con otras características dirigidas al momento y a los personajes de esa sociedad, anterior al nacimiento de Cristo, pero que heredaron al mundo las fastuosas versiones de los siglos XX y XXI, y

2. La filosofía, que nació en una sociedad particular y única, basada en la agricultura, la ganadería, la caza, la pesca y el comercio, que durante más de ocho siglos se ha aplicado a pie juntillas para entender situaciones tan diferentes, como el feudalismo, el capitalismo y la actual sociedad del conocimiento, que se mueve gracias a tecnologías que para los griegos antiguos podrían ser tan mágicas y falsas, como para nosotros podrían ser mágicas y falsas, las historias de aquellos dioses de su mitología.

Próxima entrega, edición del 4 de octubre de 2022: las voces y los recuerdos, que retumbaron en esa medianoche olímpica.