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Revista Olímpica

Análisis. La crisis de los valores en el deporte 1

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) considera que “la sociedad actual se encuentra inmersa en una profunda crisis de valores, al preocuparse únicamente por la economía”.

Mg. Martín Emilio Henao Vásquez

Docente Universidad Libre. Director CEO Univ. Libre. Docente Univ. Pedagógica Nacional.

Mg. Gina Mildred Sabogal Mendieta

Docente SENA CDA-CHIA. Programa “Tecnología en Entrenamiento Deportivo”.

En los últimos años, la humanidad ha evidenciado una crisis de valores. Según Cortina (2013), “la crisis actual no es solamente una crisis económica o financiera, sino también de valores morales”. Para ella, el presente contexto de inestabilidad ha traído asociado un proceso de desmoralización que nos está perjudicando. Se afirma desde varias referencias que: “cuando se está desmoralizado, no se tiene ganas de crear, de proyectar, o de anticiparnos, y hacer del futuro algo nuestro”. Esta situación genera el deterioro del vínculo afectivo entre los miembros de la sociedad y la relación interpersonal de los mismos. Esta conducta caracteriza, principalmente, a la población joven y la desvincula de la familia, la comunidad, la escuela y el país. Este comportamiento ha sido catalogado como una pérdida de valores. Se presenta debido a una modificación de la conducta, conforme a las realidades sociales, políticas y económicas en las sociedades occidentales. La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) considera que “la sociedad actual se encuentra inmersa en una profunda crisis de valores, al preocuparse únicamente por la economía” (Unesco, citado por Guerrero 2020). Esta crisis, en gran parte, ha sido generada como consecuencia de la inconsciencia, aunada a los adelantos tecnológicos con sus ventajas y desventajas en detrimento del desarrollo personal y social.  Desde esta perspectiva es imperante establecer nuestra inquietud y responsabilidad ante tal situación (Guerrero 2020).

Sin embargo, ante esta situación surgen muchos interrogantes, que desde la óptica del docente y, específicamente, desde el campo de los deportes se quieren esclarecer para demostrar que la formación integral de la juventud y el restablecimiento de los valores se pueden lograr desde las prácticas y la enseñanza deportiva. Por consiguiente, en las siguientes líneas se abordarán conceptos que permitan entender la problemática planteada.

Foto: El Periódico.

En primer lugar es necesario entender qué son los valores, para también responder a la pregunta ¿qué es la formación en valores? En la “sociedad líquida” en la que vivimos los seres humanos han relativizado la conducta y los valores, a punto tal, que cada ser humano presenta un carácter ético que se desarrolla bajo el concepto del deber y este, a su vez, no permite ser subjetivo, hace que la razón sea capaz de juzgar desde sus principios, aquello que conviene o aquello que es bueno, así no siempre sea lo que queremos o lo que tenemos qué hacer.  Según Cortina (2013) a partir de la construcción del carácter vamos tomando decisiones que refuerzan unas predisposiciones u otras, generando buenos hábitos, si llevan a una vida buena (virtudes), y malos, si llevan a lo contrario (vicios). 

Los valores se conciben de acuerdo con una serie de principios, códigos y necesidades de los entornos sociales y culturales. Los valores son manifestaciones del ser y construcciones históricas del sujeto, en su juego ontológico dentro de una comunidad. Otro aspecto importante a tener en cuenta en el análisis del valor es su jerarquía, que va a depender de las condiciones fisiológicas, psicológicas y socioculturales del sujeto, de las cualidades del objeto y del contexto sociocultural. Al ser estos factores dinámicos, la jerarquía de los valores es también relativa y, lo más importante no es el orden en que aparezcan los valores sino “los criterios para determinar cuándo un valor es superior a otro dentro de una situación concreta” (Frondizi, 1974: 225). Lo que sí está claro es que existen cuestiones inherentes a la condición humana, que se manifiestan como una cuestión constante y positiva a lo largo de la historia de la humanidad (Camps, 1996). Los seres humanos van interiorizando los valores desde el núcleo familiar, por lo general con el ejemplo, y con el paso del tiempo adquieren los valores y ajustan su vida con los parámetros que existen en su comunidad, nación o país.

La palabra valor proviene del latín valere que significa “ser fuerte”. Hoy se emplea para hacer relación a los principios que los seres humanos utilizan para llegar a ser mejores personas. En otras palabras son cualidades personales que influyen en la manera como se comportan las personas y que definen las prioridades de cada uno (Comité Español del ACNUR, 2017). Otra definición que complementa el trabajo es la que ofrece Negrete (2002), quien determina que los valores (…) son el conjunto de normas de convivencia, válidas en un tiempo y época determinada (pág. 1).

Platón. Foto: Nueva Revista.

Platón por ejemplo, en el Teeteto enuncia tres tesis fundamentales: la primera es que el conocimiento es percepción; la segunda, emanada de la sentencia de Protágoras para quien: las cosas son para cada uno tal y como a cada uno le parecen que son, y ese ‘parecer’ es una percepción que resulta infalible, y la tercera, desde la doctrina heraclítea, la cual refiere que:  ni las cosas percibidas ni los sujetos que las perciben tienen un ser estable en sí mismos y por sí mismos, sino que tanto las cualidades de las cosas como nuestra captación de las mismas se determinan de manera relacional en un proceso de constante devenir. (Simon, Mariana Romina, el Teeteto, como diálogo controversial ficticio, Universidad de Buenos Aires, Argentina).

Desde allí Platón restringe la verdad a la experiencia perceptual, así es que en el Teeteto, Sócrates le atribuye una posición que en apariencia es una forma de relativismo metafísico, la famosa doctrina de que el hombre es la medida de todas las cosas, pero la posición sobre el bien propuesta por Protágoras no parece relativista, más bien una evaluación o juicio; en éste marco introduce un elemento subjetivo, pues típicamente está constituido por algún tipo de estructura dependiente de un sujeto (convenciones y normas sociales o estándares individuales). Los anteriores presupuestos dejan entrever en los escritos platónicos, que la cualidad del conocimiento devela las virtudes de los hombres. 

Por su parte, no podemos dejar de lado que, en el Menón, éste en su dialogo, se sorprende porque Sócrates no sabe qué es la virtud, porque piensa que no es muy difícil explicar qué es.  Menón relaciona varios tipos o ejemplos de virtud: señala, por ejemplo, cuál es la virtud del varón, la virtud de la mujer, etcétera. El ateniense responde que es muy afortunado, pues si bien “una virtud estoy buscando, un enjambre de virtudes he hallado, que tú has proporcionado” (Men., 72a7-8, ed. Burnet 1903). 

Sócrates. Foto: Zenda.

Sócrates sigue sosteniendo que la virtud es única. Parece ser que existe la incapacidad por ver lo que hay en común en los diferentes casos de conocimiento y virtud, pero si hay una diferencia importante entre los dos diálogos, el Teeteto proporciona una lista de tipos de conocimiento y entiende que Sócrates enuncia una definición unitaria de conocimiento. En su lugar, Menón explica desde el principio que las virtudes son diferentes y comprende que la pretensión de Sócrates es hallar una definición unitaria de virtud, como aquella de fuerza o de salud. Se abre la discusión de la unidad sobre la multiplicidad. 

Al respecto Sócrates hace referencia a la unidad dando cuenta que Platón muestra que cuatro de las virtudes, la sabiduría, la prudencia, la justicia y la piedad, son “prácticamente casi iguales”, pero aún así cree que la virtud de la valentía es distinta a las anteriores y expresa que valentía y sabiduría son lo mismo. 

Protágoras.

Ahora es importante tomar en cuenta la idea de Protágoras sobre el bien, argumenta su teoría tras identificar la justicia con la prudencia, y surge la pregunta socrática ¿dices que algunos hombres viven bien y otros mal? avanza la hipótesis sobre el bien, la posibilidad de que el hedonismo sea verdadero, es decir, la posibilidad de identificar al bien con el placer y al mal con el dolor, en las indagaciones de Sócrates sobre el vivir bien y el vivir mal, deja entada una hipótesis hedonista, el vivir placenteramente es bueno y con dolor malo o en palabras de Protágoras es que se muestren como  lo mismo lo placentero y lo bueno. 

La anterior referencia acerca de los diálogos de Platón, no posibilita la aproximación contemporánea sobre el concepto y conocimiento sobre las virtudes del hombre, entre las cuales podemos entender los valores desde el componente axiológico como virtudes enseñables, aprendibles y asimilables, conceptos fundamentales en la formación y práctica  del deporte. 

Por lo tanto, lo que tradicionalmente ha sido considerado un valor, hoy en día ha sido deconstruido por las tendencias globalizadoras y consumistas en las que vivimos. En palabras de la Unesco (1998): “la sociedad contemporánea, en la actualidad vive una profunda crisis de valores, centrados únicamente en la economía” (pág. 2). La crisis de valores, sostiene Bauman, se considera primordialmente como una amenaza para la moralidad personal y social, ya que, en dicha teoría de la moralidad y en su práctica, la iniciativa de la responsabilidad autónoma del individuo moral está ausente, negada o depreciada. Existe otra forma de tener en cuenta la naturaleza de la moralidad, en la cual la responsabilidad del individuo independiente ocupa un espacio de privilegio, en el que la pluralidad y abundancia de valores no surge como un símbolo de crisis, sino, por otro lado, como un escenario conveniente a las personas capaces de afrontar su inalienable responsabilidad por las elecciones morales. Amuthavalli; Sridevi, 2014; Kumar, 2015; Pajaziti, 2014 (Citados por Abella, Lezcano & Casado, 2017). Afirman que existe un “cambio de valores en las sociedades occidentales y a una erosión en los mismos” 

Próxima entrega, edición del 1º de noviembre de 2022: ¿cuál es la responsabilidad de los educadores en esta crisis?