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Jaime Arroyave: el padre del microfútbol colombiano

En 1966 Jaime Arroyave viajó a Sao Paulo como entrenador del equipo de fútbol de la Universidad Nacional, a un torneo suramericano. Cuando el avión estaba próximo a aterrizar pudo apreciar gran cantidad de canchas parecidas a las de baloncesto, en las cuales muchos jóvenes jugaban fútbol. Durante su permanencia en esa ciudad investigó sobre ese deporte llamado Fútbol de Salón y al regreso creó la Asociación Colombiana y se dedicó a su expansión.

Por Alberto Galvis Ramírez

Director Revista Olímpica

Jaime Arroyave Rendón es su nombre; Pantalonudo y Loco, sus apodos; comodín en el fútbol, su profesión paralela; trotamundos, su mejor herencia familiar, y actor y comediante, su talante.

Todas estas características las calcó de su padre, Jesús Hernando Arroyave, político conservador, quien fuera: comodín de los gobernadores antioqueños que lo nombraban en cualquier pueblo, algunas veces por decisión directa y otras, cuando alguno de sus burgomaestres fallaba; trotamundos, porque sus cambiantes compromisos no lo dejaban sembrar raíces en algún sito específico; actor y comediante, porque no tenía ningún inconveniente en montar algún show para divertir a los ciudadanos, quienes le perdonaban que  no hiciera nada por el pueblo, porque, por lo menos, los hacía reír.

Jaime Arroyave Rendón, de 14 años, primero a la izquierda, fila de atrás, con su familia paterna.

Jaime Arroyave Rendón nació en la población antioqueña de Gómez Plata, el 25 de enero de 1928, en una de las paradas de su padre como alcalde. Ya habían nacido sus hermanos, Aura, en Carolina; Bernardo e Ignacio, en Guadalupe; Blanca, en Tarso, y Lilia, en Guarne; después vendría él, y, finalmente, Elba, en Medellín.

Cuando Jesús Hernando, por circunstancias normales en la política no era nombrado alcalde se convertía en sastre, sacamuelas, maestro de escuela o peluquero, pero jamás dejaba de reinventarse, para asegurar la supervivencia de su familia. Entretanto, su señora era opuesta en todo al polifacético y desbordado espíritu de su marido, porque era organizada y les inculcó a los hijos tanto la fe católica, que tres de las cuatro mujeres fueron monjas y uno de los hombres sacerdote, que obviamente no fue Jaime, quien se enamoró del desenfrenado mundo que fue conociendo al lado de su padre.

Cuando Jesús Hernando abandonó definitivamente la labor de alcalde fue contratado por el manicomio de Medellín para diversos oficios, y se llevó a Jaime para que fuera acólito, si, acólito en el manicomio, algo así como el kínder de una de sus facetas más conocidas: la de hacerse el loco, gracias a un inofensivo y voluntario desorden mental y a su inagotable chispa.

Libro sobre la vida de Jaime Arroyave, escrito por Guillermo Ruiz Bonilla y William Rodríguez.

Líder del equipo Olímpico

Su vida de niño transcurrió entre clases, camándulas, primeros viernes y locos, hasta los 12 años, cuando un concurso de locución en el colegio lo introdujo en el camino del fútbol. Era 1940, y Carlos Arturo Rueda C., el pionero de la narración deportiva en Colombia, empezaba a imponerse. La tarea era imitarlo en la narración de un partido, cosa que hizo muy bien, y ganó el concurso. Como premio le dieron un balón, que fue su felicidad y la desdicha de su familia, porque empezó a hacer estragos en la casa, hasta que su mamá impuso orden y le prohibó jugar en ella. Entonces formó un equipo con sus amigos de la cuadra, en Aranjuez, y como era el dueño del balón, se desempeñaba como técnico, capitán, empresario y jugador estrella. Lo que más le exigía y le gustaba era que lo dejaran hacer la alineación, o de lo contrario no había balón para el partido. Ese equipo se llamó Olímpico, jugó hasta 1944, y quedó campeón en un torneo infantil, en Medellín.

Frustrado como cantante, indisciplinado como estudiante, bromista entre sus amigos, en fin, despreocupado del futuro, se refugió en lo único que le quedó, por decisión de su padre: el servicio militar. En 1948, con 20 años, Arroyave abandonó sus estudios en quinto de bachillerato e ingresó al servicio militar en el Batallón de Infantería No. 10 Coronel Atanasio Girardot, de Medellín, en la antesala de la tenebrosa época de la violencia. Las circunstancias lo obligaron a ser serio, pero sólo al comienzo, porque después de decidirse por la carrera militar y coger confianza volvió a ser el extrovertido y mamagallista de antes, sin importarle a quién le gastaba bromas.

Jaime Arroyave, condecorado por la Policía Nacional.

Administrador de la Clínica de la Policía

Por ser poco aficionado a la violencia y, por tanto, nada perito en asuntos de milicia y sí dueño de un talento reconocido por todos, Jaime Arroyave pasó al servicio pasivo como administrador de la Clínica de la Policía en Bogotá, después de hacer un curso sobre esta materia, en Panamá.

Este fue el portón de acceso definitivo al fútbol, porque conoció, entre tanta gente que hace la vida de una clínica, a un joven médico, recién egresado y exjugador profesional de fútbol llamado Gabriel Ochoa Uribe.

Su alegre manera de ser cambió el ambiente lúgubre propio de un sanatorio. Organizaba veladas en las cuales muchas veces era el único artista, porque hacía todos los papeles que se le ocurrían. Otro médico joven, músico y compositor, le ayudaba; era el huilense Jorge Villamil Cordobez, quien hacía su año rural y comenzaba a dar a conocer sus primeras canciones.

Durante su paso por la Clínica de la Policía rompió casi todo el orden institucional, porque no tomaba nada en serio, o mejor, a todo le ponía humor, lo que de alguna manera le valió el reconocimiento, porque su mamagallismo mejoró el clima de la clínica y hasta la salud de los enfermos, quienes vivían felices con las “locuras” del administrador.

Jaime Arroyave y su gran amor, Rosario Cortés, con quien se casaría, en 1956.

Noviazgo en ambulancia

Recién entrado a la Clínica de la Policía, por intermedio de un primo conoció a Rosario Cortés, con quien se casó en 1956, luego de un noviazgo en ambulancia. Muchas veces se escapaba de la clínica para hacerle la visita en el barrio San Cristóbal, al norte de Bogotá, al volante de alguna de las ambulancias, o salía a dar un paseo con ella, para después retornar a su trabajo.

Como un recuerdo de su padre, quien murió en 1957, dos años después fue nombrado alcalde militar de Bolívar, Santander, cargo que desempeñó durante menos de un año, porque sintió de nuevo la nostalgia de la capital y de su familia, que ya había crecido con la llegada de dos de sus hijos, Ignacio y Luis Jaime, quienes antecedieron a Jesús Alberto, Lilia Esther y Myriam Rosario. Su carrera militar terminó, porque como sargento viceprimero pidió la baja de la policía y pasó a la reserva.

Su vena directiva se manifestó en 1954, al fundar la Liga de Fútbol de las Fuerzas Armadas y la Federación Deportiva Militar.

Al año siguiente, Jaime Arroyave fue asesor técnico del equipo de la policía en el campeonato nacional celebrado en Ibagué. Poco antes de su inauguración, se le extravió el pantalón con el cual debía desfilar, y debió ponerse uno prestado, que le quedaba bastante grande. Cuando pasó por la tribuna de honor, Carlos Arturo Rueda C., quien estaba transmitiendo el desfile, señaló: «Aquí pasa frente a nosotros un pantalonudo». Desde ahí se le empezó a conocer con ese remoquete.

Llega primero a Santa Fe

El equipo profesional que hizo famoso a Arroyave fue Millonarios, pero sus comienzos los tuvo en Independiente Santa Fe, en 1956, por invitación de su técnico, su amigo el médico Gabriel Ochoa Uribe e insinuación de varios jugadores de Monaguillos, segundo equipo del club cardenal, que prestaban el servicio militar y lo conocieron. Jaime Arroyave fue invitado a dirigir el equipo, que ya había labrado un nombre en los torneos aficionados de la Liga de Fútbol de Cundinamarca, para responder a la labor desempeñada por un hombre visionario, Jorge Peñaranda, nervio de las divisiones inferiores en la institución roja. Arroyave tituló a Monaguillos y ganó su primer galardón aficionado en un torneo de liga.

Cuatro años después de haber sido técnico de Monaguillos ingresó a su casa deportiva del resto de la vida, Millonarios, por insinuación de Gabriel Ochoa Uribe, quien, ahora era el entrenador del plantel profesional del equipo azul. A Arroyave se le encargó la primera escuadra aficionada con un solo objetivo claro, contundente e inaplazable: quitarle a Santa Fe la hegemonía que había mantenido por casi diez años, en el fútbol aficionado de Bogotá, meta que cumplió. Desde el 1o. de febrero de 1960, fecha de la firma de su contrato con el club de los Millonarios, hasta 1983, Jaime Arroyave le entregó a la institución 19 títulos de primera categoría, de los 74 conquistados en total, en los torneos aficionados del fútbol en Bogotá, cifra que parece imposible de igualar, además de que fue empleado como relleno en la línea profesional, cuando los técnicos extranjeros fracasaban. Otras marcas superó Arroyave a su paso por las inferiores de Millonarios, desde 1965 hasta 1972: logró un invicto de tres años, 1967, 1968 y 1969, a lo largo de 94 fechas, y en 1963 ganó todos los torneos aficionados de Bogotá.

Con Willington Ortiz, el más grande descubrimiento de Arroyave.

El deber de ser descubridor

Otro perfil de este inteligente, polifacético y simpático entrenador fue el de descubridor de talentos, porque como parte de su búsqueda de jugadores jóvenes para nutrir las divisiones inferiores de Millonarios, descubrió a quienes se convertirían en grandes jugadores, como  Willington Ortiz, Senén Mosquera, Jorge Gallego, Edison Angulo, Carlos Rivera, Marcial García, los hermanos Hernando, Gonzalo y Roberto Guzmán, Alonso El Pocillo López, Eladio Vásquez, Edgar Díaz Granados, Enrique Florián, Juanito Moreno, Otoniel Quintana, Armando La Coneja Acosta, José I. Muñoz, Héctor Céspedes, Carlos Emilio Rendón, Onofre Camargo, Carlos Puche González, Germán Morales, Mario Jiménez, Alberto Sánchez, Humberto Lozano, Héctor Lombana, Heberto Carrillo, José Cheché Hernández, Fernando Bombillo Castro, Víctor Cañón, Gabriel Hernández y Hernán Villa, entre otros.

Trae el microfútbol a Colombia

A mediados de los años sesenta del siglo XX, Jaime Arroyave alternó su trabajo con Millonarios, con el de entrenador del equipo de fútbol de la Universidad Nacional, de Bogotá. En 1966 viajó a Sao Paulo, Brasil, a un torneo suramericano universitario. Cuando el avión estaba próximo a aterrizar pudo apreciar gran cantidad de canchas parecidas a las de baloncesto, en las cuales muchos jóvenes jugaban fútbol. Durante su permanencia en esa ciudad investigó sobre ese deporte. Supo que se llamaba Fútbol de Salón o Microfútbol y que había sido creado por un profesor uruguayo para que sus estudiantes hicieran pausas bajo techo. Al regreso a Bogotá, en los años siguientes, no obstante la oposición que hicieron directivos vinculados al fútbol, especialmente León Londoño Tamayo, presidente de Federación, Difútbol y Dimayor, lo difundió entre los jóvenes; impulsó la creación de ligas en varias regiones del país; creó la Asociación Colombiana de Microfútbol y fue su primer presidente, y logró el reconocimiento del Comité Olímpico Colombiano, para empezar una historia de éxitos, que hoy no se detiene.

Especialista en tapar huecos

En los momentos críticos de Millonarios, cuando los técnicos, extranjeros todos, demostraban con hechos y con resultados que no servían, Jaime Arroyave fue utilizado como relleno, y en todas las oportunidades logró levantar la productividad del equipo.

A pesar de ciertas diferencias con dos presidentes de Millonarios, Jaime Arroyave fue jubilado por la institución el 1o. de abril de 1984, por determinación de la asamblea de accionistas.

Entonces, Arroyave se dedicó por completo al crecimiento del fútbol de salón en todo el país. Al finalizar el siglo XX pasó a buen retiro, pero se convirtió en consejero de la nueva dirigencia del micro y en vicepresidente de la Federación Internacional de este deporte. En los últimos años sufrió dos golpes emocionales muy fuertes: la muerte de su hijo Jesús Alberto, y de su señora, Rosario, luego de 62 años de matrimonio. 

Jaime Arroyave Rendón recibió un homenaje de la Asociación Mundial de Fútbol de Salón, en 2021. El presidente de la entidad, Rolando Alarcón Ríos, corta la cinta que abre el auditorio bautizado con el nombre del dirigente colombiano, en la sede de la entidad, en Asunción, Paraguay.

A lo largo de su vida, varios reconocimientos ha recibido Jaime Arroyave Rendón, dos de ellos, en temas nacionales no deportivos: en 1949, el presidente Mariano Ospina Pérez lo condecoró como el mejor suboficial de la Policía Milita, y en 1953, el presidente de la República, General Gustavo Rojas Pinilla, por los servicios prestados en la Policía Nacional. Además, en tres oportunidades ha recibido homenajes relacionados con el deporte: en el año 2000, el presidente Andrés Pastrana lo condecoró por el primer título mundial de microfútbol, en torneo ganado en Bolivia; en 2011, el presidente Juan Manuel Santos, por el título mundial, logrado en el certamen celebrado en Bogotá, y el Comité Olímpico Colombiano le entregó el Premio Altius, a la Vida y Obra.

Uno de los más recordados homenajes lo recibió Arroyave el 13 de diciembre de 2021, brindado por las autoridades de la Asociación Mundial de Fútbol de Salón, presidida por Rolando Alarcón Ríos, en Asunción, Paraguay. Durante el acto se resaltaron las virtudes del dirigente colombiano; se le entregó una condecoración, y se descubrió una placa que identifica con el nombre de Jaime Arroyave, el salón auditorio dela Asociación.

En 2022, con ocasión de la apertura del IV Campeonato Mundial de futbol de salón, que se celebró en Mosquera, Cundinamarca, Jaime Arroyave recibió un homenaje como «el padre del microfútbol de Colombia», brindado por las autoridades de este deporte en nuestro país.

Jaime Arroyave, con las autoridades del microfútbol de Colombia, en el Mundial de Mosquera.