Por Héctor Urrego Caballero
El escenario: Villavicencio, capital del departamento del Meta. La fecha: un día de noviembre de 1969. El acontecimiento: el campeonato nacional de ciclismo en ruta juvenil y mayores. Los personajes: hombres de avasallante juventud, ávidos de triunfo y ciclistas ya maduros, en búsqueda de nuevos lauros.
Para unos y otros, vencer en el campeonato nacional significaba demasiado. En el caso de los jóvenes, aparecer como una nueva estrella del firmamento ciclístico nacional. Para los otros, mantenerse como tales.
Ese día apareció como triunfador el hombre encargado de iniciar una nueva era, la del modernismo en el ciclismo colombiano, acompañado de Jorge González, Jorge Buitrago y Carlos Ramírez, jóvenes como él, quienes alcanzaron para Cundinamarca el campeonato en los 50 km contrarreloj por equipos. Dos meses más tarde agregaría a esta distinción otra de mayor valor: campeón de la Vuelta de la Juventud. Y el 10 de mayo de1970 se encumbraría al más alto de los pedestales de la época, al ganar el máximo título que el ciclismo colombiano otorga a sus cultores. En esa fecha. su nombre creció y la luz de su estrella brilló en todos los rincones de la patria: Rafael Antonio Niño, campeón de la 20ª Vuelta a Colombia en bicicleta
Se hace necesario escribir hoy, cuando Rafael Antonio Niño ha partido hacia la eternidad, por culpa de una vieja enfermedad pulmonar, de las denominadas “huérfanas”, que en los llanos orientales, en donde el sol nace más temprano, nació también para el ciclismo alguien que haría cambiar conceptos, técnicas y calificativos.
Los orígenes en Cucaíta
Todo comenzó en la población de Cucaíta, departamento de Boyacá. Allí dio sus primeros pasos Rafael Antonio Niño, en una de las pocas bicicletas que por ese entonces transitaban por las empedradas calles de su pueblo. Fue José del Carmen Larrota, el primer testigo de los pedalazos que más tarde causarían asombro entre millones de habitantes. El aprendizaje, sin embargo, tuvo un precio: 20 centavos debía pagar Rafael Antonio a su amigo José del Carmen, por el alquiler de la bicicleta. Entre la escuela, la cacería de pájaros con la rústica cauchera que alguna vez muchos de nosotros llevamos también en el bolsillo, los baños en la quebrada cerca del pueblo y el interés innato por la bicicleta transcurrieron los primeros siete años en la vida de Rafael Antonio Niño.
De pronto sintió la necesidad de cambiar. Preparó una pequeña maleta de viaje y tomó el bus que lo condujo a Bogotá. Dejó allá, en Cucaíta, en donde había nacido el dos de diciembre de 1949, a sus padres Marcos y María de Jesús.
Cuando arribó a Bogotá, su hermana Doris de Sierra lo esperaba, porque en su casa pensaba vivir. Apenas había cursado tres años de primaria; entonces decidió seguir estudiando, por lo menos hasta terminar el quinto año.
Llega la vuelta juvenil
A comienzos de 1970, los aspirantes a campeones inician su batalla. Jóvenes de todas partes de Colombia se disputan el título que les abrirá las puertas de la fama: la Vuelta de la Juventud. Hasta Ibagué, el corredor nariñense Carlos Campaña era el líder. Faltaba la última etapa. Los ciclistas de Cundinamarca, con Rafael Niño a la cabeza, esperaban el momento oportuno, y ese momento oportuno llegó. De Fusagasugá a Bogotá, en el alto de San Miguel, Rafael Niño salió por el triunfo y lo consiguió finalmente en Bogotá, con ayuda de Juan de Dios Morales.
Neftalí Pedraza, de Relojes Pierce fue su primer apoyo para el Clásico RCN, de ese año, en el cual se clasificó de 24. Por esta posición en el RCN, los señores de Pierce lo dejaron libre o, en otras palabras, lo echaron. Comenzó entonces a tocar de puerta en puerta, en busca de patrocinio para la vuelta grande. Primero volvió a Pierce y solicitó ayuda, pero le fue negada. Pocos días más tarde, Neftalí Pedraza se lamentó por su equivocación, porque con Niño, no solamente hubiera conquistado el título de novato, sino también el máximo galardón: primer novato, campeón de una Vuelta a Colombia.
Para mucha gente, el potencial que Niño mostró en su aparición se estaba agotando. Pasaron dos años, sin ganar la vuelta, y tal vez en 1973 tampoco triunfaría. Pero se equivocaron aquellos que así pensaron, porque gracias a su fortaleza en la montaña, su poderío en el plano y la seguridad en los descensos, Niño ganó por segunda vez la Vuelta.
Se dijo entonces que podría igualar la marca de Hoyos -cinco vueltas- o de Cochise -cuatro vueltas-, pero todos se llevaron una sorpresa.
Ingreso al profesionalismo
La noticia causó sensación: Rafael Niño ingresó al ciclismo profesional en Europa: correría en Italia en el equipo Yoli Cerámica. El primer viaje internacional fue a Maracaibo, a los Juegos Bolivarianos de 1970; ese mismo año fue a la Vuelta a México, con Álvaro Pachón, Luis H. Díaz, Pedro J. Sánchez, Fabio Acevedo y Francisco Triana, y ocupó el puesto 11.
En 1971 estuvo en los Juegos Panamericanos de Cali y conformó el equipo nacional que fue segundo en los 100 km contrarreloj por equipos, con Pachón, Samacá y Cochise. Ese mismo año viajó al mundial de ruta, en Mendrisio, Suiza, y se retiró en la prueba de ruta individual. En 1972 estuvo en Panamá, en los Juegos Bolivarianos, prueba en la que fue campeón en los 100 km, con Pachón, Cuevas y Arce. También estuvo en la Vuelta a México, en la cual Pachón ganó por segunda vez. En el Táchira de ese año triunfó Samacá y él fue subcampeón. Después vinieron los preliminares para hacerse ciclista profesional.
El ciclismo colombiano se divide en dos
Rafael Antonio Niño regresó de Europa, para dominar el panorama de la Vuelta a Colombia hasta 1980 y superó el tope de cinco triunfos de Ramón Hoyos Vallejo, al vencer en las vueltas de 1977, 78 y 80, para sumar seis victorias en la máxima carrera nacional y establecer una marca difícil de igualar.
La inteligencia que siempre tuvo Rafael Niño sobre la bicicleta y cuanto aprendió en su experiencia europea le sirvieron para convertirse rápidamente en un técnico sagaz.
Y su consagración en este campo llegaría en 1987, cuando dirigió el equipo Café de Colombia que llevaría a Lucho Herrera al gran título en la Vuelta a España, la más importante conquista hasta ese momento alcanzado por los ciclistas colombianos. Rafael se dio cuenta de que el recorrido atípico de ese año podría ser aprovechado, para cobrarles una deuda a los europeos. Las tres grandes pruebas del viejo continente se inician con una serie de etapas llanas, que se programan antes de que llegue la montaña, para que los rodadores y los embaladores tengan la posibilidad de lucirse.
Ese año, en la primera semana de recorrido se encontraron dos etapas muy duras en Los Pirineos, y Niño dio la orden de forzar el paso. La táctica funcionó a la perfección, porque en esos dos días terminaron fuera del límite de clasificación unos 20 ciclistas, y los que alcanzaron a salvarse quedaron notablemente disminuidos
Al final de esa hazaña a la pregunta ¿cómo logró esa victoria?, respondió sin pensarlo mucho: “Por lo que viví, por lo que aprendí, por lo que conocí, por todo cuanto sufrí y, sobre todo, por la experiencia que me dejaron tantos maestros, tantos técnicos y mis compañeros en diferentes equipos, sabía muchas cosas, pero nunca las exploté.
En los años siguientes dirigió los equipos Lotería de Boyacá y Ebsa, con los que fue protagonista de las competencias nacionales.
Rafael Niño contrajo matrimonio con Nubia Herrera, con quien tuvo cuatro hijos: Rafael Antonio, Gloria Angélica, Luisa Fernanda y Ana María.
Paz en la tumba de un grande…
Foto cortesía: El Espectador.





























