El 6 de septiembre de 1972, Colombia obtuvo la primera medalla olímpica del boxeo, en su historia, ganada por Alfonso Pérez, en la categoría de los pesos ligeros, en los Juegos Olímpicos de Múnich 1972. Esta es la breve historia de un brillante pegador bolivarense, a quien sólo le faltó coronar su sueño de ser campeón mundial profesional.
El cubano Sócrates Cruz fue el más destacado entrenador y formador de boxeo que tuvo Colombia, cuando comenzaron a despuntar los primeros grandes pegadores, porque, además de descubrirlos y formarlos, se atrevió a desautorizar fallos de jurados y decisiones de otro técnico, y acertó en esa conducta, que podría parecer arbitraria.
Por ejemplo, en el selectivo a los Juegos Olímpicos de Munich-1972, en el campeonato nacional de boxeo de mayores en Barranquilla, Alfonso Pérez perdió el combate definitivo ante Emiliano Villa, en la división de los pesos ligeros, y el técnico nacional de entonces, el estadounidense Sidney Martin aplicó la norma lógica, e incluyó a Villa y dejó por fuera a Pérez. Al poco tiempo, Martin renuncia y es sucedido por el cubano Sócrates Cruz, quien, convencido de las capacidades de los dos pegadores, los incluye en la delegación, a Pérez, en su categoría, y a Villa lo sube a welter ligero. Así, los dos fueron a Alemania, en donde Pérez ganó la primera medalla olímpica del boxeo colombiano. Cruz repetiría este cambio, con Clemente Rojas, aunque en este caso dejó por fuera a quien le ganó en la pelea clasificatoria (ver semblanza de Clemente Rojas). Y también acertó, porque Rojas ganó la segunda medalla olímpica del boxeo, en la cita alemana.

Es que Sócrates Cruz conocía muy bien la carrera y los alcances de Alfonso Pérez, desde cuando a los 14 años apareció como una gran promesa del boxeo, en Cartagena, después de haber sido figura infantil del béisbol, deporte en el cual alcanzó a ser campeón de bateo en el equipo de los Indios, en el torneo juvenil de La Heroica, que le representó 100 pesos de ganancia.
Alfonso Pérez nació en Malangana, Bolívar, el 16 de enero de 1949, en el hogar de Juan y Dominga, que procrearon una prole de 11 hijos, con quienes viajaron a Cartagena, para buscar un mejor futuro.
Como miembro del club Empresas Públicas Municipales y Torices, Alfonso Perez se forjó como boxeador bajo la dirección de Pancho Villa, Pedro Acosta, Armando Velásquez y Chico de Hierro.
Luego de cumplir 18 años inició una carrera vertiginosa. Alcanzó seis títulos nacionales, desde el peso gallo hasta el ligero; varios trofeos como el púgil más técnico, y se convirtió en el mejor boxeador aficionado del país.
Pero no solo se destacó en Colombia. En el extranjero también brilló: obtuvo oro en el Torneo Centroamericano y del Caribe en 1970, en La Habana; repitió metal ese año en los Juegos Bolivarianos, en Maracaibo, Venezuela, y plata en los Juegos Panamericanos de Cali, en 1971, y oro en el Torneo Centroamericano y del Caribe de Puerto Rico, en 1971.

La consagración en Munich
Después de la jugada magistral de Sócrates Cruz, Alfonso Pérez participó con 36 pegadores más, en la cita olímpica y hasta la suerte lo acompañó, porque no combatió en la primera ronda.
Cuando subió por primera vez al cuadrilátero impuso su técnica, que consistía en un boxeo elemental pero efectivo: de jab de izquierda y recto de derecha. Así ganó por decisión de los jueces. «Dominé desde el primer minuto», recuerda.
La segunda batalla fue ante Karel Kaspar, de Checoslovaquia, considerado favorito de los europeos. Pero el colombiano supo contrarrestar el mal momento del comienzo, y al final de la batalla le levantaron los brazos. «Fue la pelea fue difícil. Ese checo era trabajoso», dice ahora.
La cuarta ronda, para asegurar una medalla de bronce, le tocó frente al turco Erasian Doruk. Desde el primer campanazo fue un intercambio de golpes, pero sobre el final del tercero, el colombiano logró imponer las condiciones y se quedó con el apretado triunfo.
«Era la primera medalla del boxeo colombiano y la segunda de la delegación nacional, luego de la plata del tirador Helmut Bellingrodt. Me emocioné, pero quería llegar al oro», dice.
El obstáculo para acceder a la última ronda era Lászlo Orbán, de Hungría. Otra vez, en las semifinales del 9 de septiembre, Pérez impuso el one-two: jab y recto, y aunque la pelea resultó emocionante dejó la sensación de ser el ganador.
Sin embargo, tres de los cinco jueces decretaron ganador a Orbán, que pasó a la final y el colombiano debió conformarse con el bronce, que para él fue como un oro.
Unos días después, Cartagena recibió a Alfonso Pérez Torres como un héroe, en un recorrido que terminó en casa de sus padres, en el barrio Escallón Villa, frente al estadio de béisbol Once de Noviembre. José María Villalobos, más conocido como El perro, quien más tarde sería promotor de boxeo, realizó una recolecta en el mercado y en un camión mandó los ingredientes para un gigantesco sancocho, además de diez cajas de ron Tres Esquinas.
Aunque recibió ofertas, Alfonso no pasó de inmediato al profesionalismo. Desde los 16 años vivía con su esposa Mercelis Peralta, dos años menor que él.
Asistió a los Juegos Bolivarianos en Panamá, en 1973, y entonces sí debutó en el rentado, y noqueó en dos asaltos a Desio Rovira, en Cartagena, el 6 de abril de 1973. Su carrera aficionada, quedó en 209 victorias y 3 derrotas. Entre sus víctimas se contabilizan siete cubanos.

Fulgurante carrera profesional
Posteriormente hizo una fulgurante carrera como profesional. Empató y noqueó al ídolo Bernardo Caraballo; derrotó, como preliminarista del gran Antonio Cervantes Kid Pambelé -entonces rey mundial welter junior-, al filipino Bert Nabalatán y en la misma Panamá fulminó al futuro campeón mundial Eusebio Pedroza.
Recibió ofertas para irse a Venezuela con Ramiro Machado, entonces manejador de Pambelé, pero no quiso dejar a su entrenador Chico de Hierro. Aunque llegó a estar clasificado en el escalafón mundial y estuvo a punto de combatir con los campeones mundiales de entonces, el panameño Ernesto Ñato Marcel y el nicaragüense Alexis Arguello, sin apoderado fue desfavorecido en el exterior y, desmotivado, su carrera se diluyó hasta el retiro en 1981.
«No fui campeón, porque no había en Colombia un promotor como lo hubo después con Billy Chams y (Luis Guillermo) El Mello Otoya. Tenía todo para coronarme», dice.
Pérez no se alejó del boxeo y se dedicó a entrenar a jóvenes peleadores. Por sus manos pasaron excampeones mundiales profesionales, como su sobrino Juan Polo Pérez (supermosca), Elvis Álvarez (mosca), Harold Mestre (gallo) y Yonnhy Përez (gallo).
«No me quejo. Sigo entrenando con mucho entusiasmo. Tengo una pensión, luego de haber trabajado 17 años con Adpostal y 14 como marinero de draga en el Terminal Maritimo. Soy feliz con mis 11 hijos, ocho varones y tres damas, mientras veo crecer a mis 16 nietos”.





























