Hay una urgencia inminente de trabajar el concepto de la vida, el territorio alrededor del agua, el deporte, el deporte olímpico, el deporte social comunitario. Las políticas públicas no se hacen en los escritorios de Bogotá, sí en San Bernardo del Viento, en Córdoba, o en Aguablanca, en Cali.
Por Álvaro Córdoba Obando
Asesor de la Oficina del Alto Comisionado para la Paz
Quiero referirme a un caso que nos ilustra mucho sobre la importancia del deporte en la solución de conflictos. Por ejemplo, en un torneo de banquitas, que se juega en la calle, ladera o potrero, como no todos tienen balón, quien lo lleva cuenta con una ventaja sobre los demás, pero tiene que negociar con ellos, a partir de la formación de los equipos. Asi se van conformando los dos equipos, a partir de los mejores y de los más maletudos.
Pero también, como, por lo general no hay árbitros, se discuten las reglas, qué se hace si la pelota se va afuera, cómo se montan las porterías, cuándo es gol y cuando no… en fin, se discute todo. Finalmente se compite al tope, a lo agonístico, como se hace en la alta competencia. Al final gana un equipo y pierde el otro, pero ellos celebran juntos, como una consecuencia de la resolución colectva del conflicto generado por ese partido de banquitas. Yo he aprendido esta lección, en los barrios populares de este país, no en otros lados, en donde hay escenarios con medidas reglamentarias, reglas y árbitros.
El juego genera principios y valores, que podrán ser recordados por siempre, como ocurre con el comienzo de Cien años de Soledad: “muchos años después frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota, en la que su padre lo llevó a conocer el hielo”.

Es indiscutible que el deporte y la recreación puedan fundar buenos y gratos recuerdos en los niños, para que, muchos años después, puedan recordar al maestro y a la maestra del deporte, porque aprendieron elementos que se han mencionado en todas estas ponencias, en la fundación misma del marco filosófico-ontológico-axiológico de los Juegos Olímpicos, pero que también son el marco filosófico-ontológico-axiológico, de una ciudadanía virtuosa .
Para ello no necesitamos convertir a los profesores de deporte en grandes profesores de filosofía, sino que hagan las cosas correctamente, de manera que permitan al joven aprender jugando.
No podemos pararnos a construir teorías de políticas de paz en una escuela, cuando, por ejemplo, los indígenas y los campesinos se preguntan, ¿cuál desarrollo y cuál paz, cuando por cuenta de ese desarrollo y de esa paz, nos traen las retroexcavadoras de las grandes empresas extractivas minero energéticos, que nos está aniquilando? Nos hablaron de los objetivos del milenio, que no se cumplieron , y ahora nos hablan de objetivos de desarrollo sostenible, que posiblemente tampoco se cumplan.
Hay una urgencia inminente de trabajar el concepto de la vida, el territorio alrededor del agua, el deporte, el deporte olímpico, el deporte social comunitario.
Las políticas públicas no se hacen en los escritorios de Bogotá, sí en San Bernardo del Viento, Córdoba, o en Aguablanca, en Cali.
Me quiero referir a las personas que están en condición de vulnerabilidad y exclusión absoluta; a los asentamientos de población desplazada; a personas en situación de calle; a personas en condición de discapacidad; a madres cabeza de familia; a adultos mayores; a población afrocolombiana; a población indígena; a población migrante, que son quienes nos enseñan a trabajar esas política de abajo hacia arriba, como lo dijera el presidente del Comité Olímpico Colombiano.
De abajo hacia arriba es como deberían emerger las políticas públicas, no contratando expertos que cobran miles de millones para hacerle los planes decenales a los municipios, y lo que hacen es copiar un modelo y cambiar el nombre del municipio, agregarle algunos datos demográficos y entregar el informe de manera cínica.
Yo creo que los políticos no deben inventarse nada, sólo deben reconocer las situaciones. Si las políticas públicas no tienen instrumentos de control, seguimiento y evaluación en tiempo real, con un mecanismo de rendición de cuentas, accesible a los ciudadanos es posible que se queden en buenos propósitos, en las grandes leyes, en los documentos Conpes. Tenemos ya una larga tradición de ese tipo de planes decenales, que recogen los elementos de evaluación del anterior y dicen que esto se logró, por lo tanto queda chuleado; entonces aparecen situaciones nuevas en cada región y dificultan la aplicación del plan.

Si los programas se trazan a partir de la planeación participativa, no se convierten en un cuento de generosidad y buena voluntad de los gobernantes. El artículo tercero de la Constitución Política de Colombia dice que la soberanía reside exclusivamente en el pueblo, del cual emanan los poderes públicos. Esta autoridad se ejerce de manera directa, o a través de sus representantes elegido.
Debemos lograr que cada niño o niña, que cada adulto mayor, que cada persona en situación de vulneración se reconozca como parte del proceso de la elaboración de políticas públicas basadas en el deporte, porque la democracia más virtuosa está en el fondo de los valores olímpicos.





























