En Bogotá no hay mar. Tampoco grandes ríos navegables. Hay frío, tráfico y, en medio del concreto, un espejo de agua al que muchos llaman lago… y que Alejandro Rodríguez bautizó con cariño como “el charquito”. Ahí empezó todo. Tenía 13 años cuando se subió por primera vez a una canoa en el Parque Simón […]





























