“Andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos”: Julio Cortázar.
Por Alberto Galvis Ramírez
Director Revista Olímpica y secretario de la Academia Olímpica Colombiana.
Jamás un año olímpico, como el 2022, había tenido tanto trajín, por culpa, o tal vez, gracias a la pandemia del COVID 19.
Esa amenaza, provocada por un virus que atacó y mató a mucha gente en el mundo; que quebró tantas economías; que confinó y enseñó prudencia y cuidado a cada ser humano; que cambió la salud mundial; que debilitó la vida en comunidad y fortaleció la virtualidad y sus herramientas digitales; que aplazó la vida y sus rutinas; que desnudó en toda su dimensión nuestra fragilidad humana, y que puso en pausa al deporte del mundo, ahora empieza a disminuir, sin alejarse por completo, para permitirnos recuperar el terreno perdido y dar curso a los certámenes aplazados, aunque en un tiempo extremadamente corto. Y, de acuerdo con lo ocurrido este año, aquella amenaza de la pandemia se convirtió en una oportunidad de ser mejores en todo.
En 2020 se aplazaron los Juegos Olímpicos de Tokio, para celebrarse un año después, y en 2022 se agregaron certámenes de nuestro denominado ciclo olímpico, programados en 2021, para forzar la recuperación del tiempo clausurado por la enfermedad.

El año 2022 dio curso a los Juegos Olímpicos de Invierno, en Beijing; a los Juegos Bolivarianos, en Valledupar; a los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Mar y Playa, en Santa Marta; a los Juegos Mundiales, en Birmingham, Estados Unidos, y, para completar, al final de la eliminatoria y al Campeonato Mundial masculino de Fútbol, que se cumplió en el año previsto, pero en fechas diferentes a las tradicionales, sin la presencia de Colombia, que debió conformarse con la grata experiencia de sus mujeres, en el Mundial sub 17, en el cual nuestra selección terminó subcampeona.
De la misma manera, las federaciones deportivas nacionales y las internacionales volvieron a sus calendarios anteriores a la pandemia y permitieron que las fuerzas acumuladas en medio de las cuarentenas por la juventud deportiva del mundo explotaran en cada uno de sus certámenes, en todas las categorías.

Es decir, aquello que estuvo ausente durante los años 2020 y 2021, emergió en el 2022, no con la tranquilidad y libertad tradicionales, pero sí con el entusiasmo, la alegría y las enseñanzas que la filosofía olímpica irradia en la juventud del mundo.
“Dirás frente al mar cómo he podido,
anegado, sin brújula y perdido
llegar a puerto con las velas rotas
y una voz te dirá que no lo sabes:
el mismo viento que rompió tus naves
es el que hace volar a las gaviotas”. Oscar Hahn (El doliente).
Ese viento es el mismo que empuja la nueva dinámica del mundo, después de la pandemia, por otros senderos llenos de enseñanzas, pero también de advertencias.
En el año 2022, el universo empezó a despertar de su pesadilla, sin dejar completamente a un lado las precauciones, porque el COVID 19 no ha desaparecido, sino que, como ocurre con los virus, se transforma constantemente, para presentarse en otros formatos, por fortuna más inofensivos, pero siempre peligrosos, y frenados por las vacunas, que aún están en periodo de creación.

El despertar de Colombia
Ya en el 2021 se habían vuelto a encontrar los mejores atletas del mundo, en los Juegos Olímpicos de Tokio, luego de un año de aplazamiento, aunque en medio de extremas medidas de seguridad, que le quitaron al más grande certamen deportivo, uno de sus pilares: la fraternidad, expresada en manifestaciones estrechas de aprecio, prohibidas por miedo al contagio.
Llegó el 2022 con muchas expectativas, porque los resultados de los Olímpicos de Tokio no reflejaron la realidad de avances o retrocesos de nuestro deporte, por la cantidad y variedad de obstáculos que afectaron de diversa manera a cada país.
Sin embargo, Colombia saltó a las arenas deportivas del mundo con todo su potencial y refrendó en los certámenes del ciclo olímpico, que la pausa obligatoria no había causado tanta mella y que en todos los frentes, nuestro país volvía con aires renovados, representados en las competencias y en la organización de certámenes en su territorio, con la misma calidad y calidez de siempre.
En los Juegos Bolivarianos, celebrados en Valledupar, muy cerca de Santa Marta, en donde se cumplieron los anteriores, se ratificó la vocación y la capacidad organizadora de la dirigencia colombiana, y los atletas volvieron a consagrarse, por tercera vez, campeones de la justa, que tiene raíces colombianas.

En los demás juegos regionales, nuestros atletas refrendaron sus progresos: la tripleta nacional en los Olímpicos de Invierno, en Beijing, China, registró grandes progresos; se obtuvo de nuevo el segundo lugar, en los Juegos Suramericanos; el cuarto lugar en los I Juegos Centroamericanos y del Caribe de Mar y Playa, celebrados en Santa Marta, y el noveno, en los Juegos Mundiales, con un récord de medallas.
De la misma manera, nuestros atletas respondieron en los torneos internacionales de las federaciones y lograron resultados importantes, como los conseguidos por Jenny Salazar, triple campeona en el Mundial de pesas; Sara López, de nuevo la mejor arquera del mundo; Brayan Carreño, el mejor patinador artístico del mundo, e Ingrid Valencia, campeona mundial de boxeo.
En ellos y en otros tantos jóvenes compatriotas se confirma que en el año 2022, Colombia convirtió la amenaza de los dos años anteriores, generada por el COVID, en la oportunidad para resurgir como la potencia internacional que sigue en construcción.





























