Cuando se habla de resiliencia es innegable abordar la palabra superación, pero, el significado que el karate le otorgó a esta palabra en la vida de Carol Stefany Acosta Sánchez aborda el proceso de reconstrucción después de cada desafío, pues cada cinturón en su carrera representa una nueva versión de sí misma.
La karateca nacional participó en vivo en Actualidad Olímpica, programa institucional del Comité Olímpico Colombiano que, en cabeza de su presidente Ciro Solano Hurtado, se encuentra enfocado en la estrategia de posicionamiento, memoria y proyección del deporte olímpico nacional.
A sus 16 años, Carol Stefany Acosta Sánchez fue una de las medallistas nacionales, en la modalidad de combate de karate, durante los pasados IV Juegos Suramericanos de la Juventud Panamá 2026. En su naciente carrera, Carol ya cuenta con múltiples títulos nacionales y varias preseas internacionales a nivel centroamericano y panamericano.

Su inicio en el deporte fue totalmente inesperado e inolvidable: “Vinimos al Salitre buscando un deporte y mi hermano se encontró con una amiga de la universidad, ella era entrenadora de karate. Yo tenía tres años, iba a cumplir cuatro, y ella nos invitó a las pruebas para entrar en la disciplina. Entonces, ese fin de semana de prueba se convirtió en trece años de karate”.
Aquel comienzo estuvo relacionado con su constante energía por conocer, explorar y adquirir nuevas experiencias. Con el paso del tiempo, su curiosidad se convirtió en constancia, y su pasión por el deporte se convirtió en una forma de vida, donde la resiliencia era uno de los pilares fundamentales para afrontar y aprender de las diversas situaciones
Sus padres, María Celia Sánchez y Edison Costa, junto con sus hermanos, Karen Dayana Morales y Andrés Morales, se convirtieron en el apoyo constante de un camino que comenzó en los horarios de los fines de semana, pero que, poco a poco, se transformó en una dedicación permanente, marcada por entrenamientos y competencias nacionales e internacionales.
Eso sí, su compromiso con el estudio está presente desde el principio y continúa hasta la actualidad: “Antes estudiaba en otro colegio, con una jornada que era, más o menos, de seis de la mañana a tres de la tarde. Llegó un momento en el que pensé: ‘No voy a rendir si sigo así’. Entonces, mis papás me apoyaron y buscamos otro colegio”.
La respuesta fue la institución Benposta Nación de Muchachos, en la que previamente ya había estudiado su padre. Con una jornada de clases más corta y flexible, Carol cuenta con la oportunidad de estudiar, entrenar y competir ajustándose tanto a la situación de una concentración para un evento o en meses donde el volumen de certámenes no es tan amplio.
“Cuando estoy un mes de concentración, me dejan trabajos y material de estudio. Entonces, cuando vuelvo, presento evaluaciones y trabajos sin ningún problema. Esto me da ese espacio para poder recuperar notas sin intervenir con el deporte y me apoya demasiado”, recalca con seguridad Acosta.

Ya en su grado 11, Carol mantiene claro su objetivo de continuar estudiando y entrenando, pero con el agregado de encontrar los medios para mantenerse por sí misma e ingresar a una formación universitaria. Eso sí, los sacrificios no son ajenos en la vida de nuestra protagonista, pues constantemente se encuentra experimentando retos que la retiran de su zona de confort.
La formación técnica y el acondicionamiento físico aparecen constantemente en los entrenamientos y, fuera de ellos, su rutina se encuentra enmarcada por la responsabilidad en aspectos como la alimentación, la prevención de lesiones, la salud mental, la recuperación, el descanso, entre otros. De esta forma, su carrera no solo se cimienta en aspectos individuales, sino en un crecimiento integral que le permite crear una sinergia con su pasión por el deporte y su constante inquietud por crecer como persona.
Su decisión por hacer parte del deporte la realizó desde los siete años y, desde entonces, su constancia y resiliencia le entregaron experiencias y oportunidades para avanzar. Junto a su familia no olvidará su primer Campeonato Panamericano en México, donde contó con su apoyo desde las gradas, así como su reciente participación en la Youth League.
Curiosamente, el ritual de Carol antes de cada competencia está directamente centrado en sus sensaciones. Ante su nerviosismo, ella prefiere convencerse de sus capacidades para disfrutar el momento: “Antes de pasar, yo estoy muy focalizada en mis sensaciones, en lo que siento, en lo que voy a hacer. Entonces, me digo como: ‘Vamos, tú puedes, vamos a hacerlo muy bien, disfruta’. Siempre que lo disfruto me va muy bien”.
Antes de saltar al escenario para combatir con su rival, mientras su pensamiento se centra en aprovechar cada momento, su cuerpo responde con leves golpes hacia sus hombros y un grito que le permite dejar atrás el nerviosismo y llenar su mente de la energía para superar cualquier adversidad. Sobre el tatami, la concentración y estrategia aparecen a flor de piel, pues cada punto conseguido representa años de esfuerzo, constancia y preparación.
“Yo no me puedo retirar, sin antes ponerme una indumentaria de la delegación colombiana”, ese era el pensamiento que Carol transmitió a su padre desde hace varios años. Recientemente, el objetivo se volvió realidad con su selección en el equipo nacional de karate para los IV Juegos Suramericanos de la Juventud Panamá 2026.

En el evento multideportivo, nuestra protagonista estudió cada detalle de sus posibles rivales en la categoría de los +59 kilogramos. Su primera salida se produjo en el grupo B, donde superó por 5 – 1 en el global a la boliviana Valeria Orellana. Aunque en su siguiente combate cayó por 1 – 8 ante la argentina Candela Diez, la colombiana respondió con otra victoria (4 – 3) frente la chilena Myhellen Alvarado.
Gracias a sus dos victorias, Carol avanzó al cuadro principal del certamen, donde en las semifinales enfrentó a la ecuatoriana Gabriela Loor. El exigente combate por un lugar en la final concluyó con un resultado adverso de 1 – 6 para nuestra representante; sin embargo, esa situación también hizo parte del aprendizaje y la experiencia que le dejó esta nueva vivencia en su carrera deportiva. Más allá de la inolvidable medalla de bronce, Acosta conserva la satisfacción de haber asumido con total compromiso la responsabilidad de representar a Colombia.
Recorriendo un camino con el respaldo de su familia, guiada por sus valores y principios, Carol Acosta continuará creciendo como persona y como deportista a través de la pasión que siente por el karate. La resiliencia seguirá siendo uno de los pilares de su trayectoria, impulsándola a dar lo mejor de sí misma para mantenerse en la disciplina y, por qué no, estar preparada en caso de que el karate regrese al programa de los Juegos Olímpicos.
Por Diego Alejandro Vargas Ramírez
Periodista del Comité Olímpico Colombiano





























