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Revista Olímpica

Filosofía. Escenarios de educación, estética y libertad IV

Nelson Mandela logró el milagro de unir a blancos y negros y acabar con la discriminación racial, gracias al rugby, que supo utilizar en el momento justo, el 24 de junio de 1995, durante la final del Mundial.

Por Fabio Alfredo Navarro Pasquali

Filósofo de la Universidad Nacional, Abogado de la Universidad Libre de Colombia, Especialista en Filosofía del Derecho y Teoría Jurídica de la Universidad Libre, Magíster en Historia de la Pontificia Universidad Javeriana.

Para el presidente de Sudáfrica Nelson Mandela, la final del campeonato mundial de Rugby de 1995 resultó ser el escenario ideal para lograr el acercamiento entre sectores de población tradicionalmente confrontados y marcados por el mutuo desconocimiento. 

Tal evento, celebrado el 24 de junio de 1995, en Johanesburgo, entre equipos de Sudáfrica (Springboks) y Nueva Zelanda (All Blacks) permitió al mandatario reunir en torno al equipo nacional a ciudadanos negros y blancos y a ciudadanas blancas y negras en un país atrapado en violenta pugna racial. Veamos al respecto en cita extensa la publicación de la Personería de Bogotá:

“En ese mismo ambiente de tensión, Mandela utiliza el deporte para acercar al pueblo sudafricano. Como se sabe el rugby era el deporte de los ”africaners”, lo que hacía que los negros detestaran el juego. Mandela vio en el rugby una oportunidad política al ver la pasión que despertaba. Aprovechó que el mundial de rugby se celebraría en territorio sudafricano, evento favorito para los blancos. Sin embargo la imagen de Chester Williams, el único jugador negro del equipo, ayudó a ir cerrando las brechas entre los dos grupos; en él se sentían representados todos los negros de Sudáfrica.”    (Barbosa Delgado, 2013)

El deporte como escenario de confrontación -reivindicación- esto es llevar en planos no concebidos, pero esbozados desde el jugar en los fundamentos de una educación estética, que permite o debe hacerlo, la reivindicación a través del perdón de una sociedad fragmentada y vulnerada en términos de derechos. 

Más allá del dolor y la fragmentación de un pueblo de negros y blancos que se reúne en un estadio y a viva voz entonan un himno nacional compuesto de dos partes, para ser cantado por el pueblo negro  y blanco llamado “Viva África”, y otra parte entonado  por la población blanca y negra que fue compuesto durante el apartheid, según afirma Barbosa Delgado en el texto citado de Personería Bogotá. D.C. 

Siya Kolisi, capitán de la selección de Sudáfrica de rugby.

Si todos los asistentes a ese estadio cantaron la sección del himno que correspondía a la contraparte, nunca se va a saber, pero lo que si es cierto es que en ese lugar del mundo se escribieron páginas de la historia humana que en buena medida reivindican unas cierta Cartas sobre la educación estética. 

Jugar, competir, apreciar la cotidianidad desde perspectivas diversas que permitieran reconocer al otro como adversario, pero con la condición de garantizar que al final de tal contienda ambos vivirían para contarla y disfrutarla desde planos libertario– igualitarios.

Tal proceso implica reconocer al otro en términos de igualdad, dentro de la lógica y dinámica propia del jugar competitivo. Dada la capacidad que deviene de la educación estética de reconocer los valores y derechos que como ciudadanos se tienen, no es posible asumir relación distinta. Si ello es así se puede pensar en un ejercicio libertario irradiado por el principio de igualdad o del efecto irradiante del principio de igualdad que señala María José Añon, en su libro Igualdad, diferencia y desigualdad.

En el ejercicio deportivo entablar competencia con otro que participa desde sus propias expectativas lúdicas, estéticas, simbólicas, afectivas, que lo determinan como ciudadano con derechos, cualquiera sea su procedencia, llevan necesariamente al reconocimiento en los mismos términos, pues tal comportamiento no obedece a imposturas de protocolo, sino a formación del ciudadano que ha de hacer propias las premisas de formación y educación estética libertaria, sabiendo que representa una comunidad, pueblo o nación; en otras palabras, el adversario es la conjugación de la multiplicidad en escenarios de libertad.   

Bibliografía

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Alexy. Robert. García Figueroa A. Citan a Pérez, 2. p. (2012. p. 14, 15.). Star trek y los derechos humanos.México: Tirant lo Blanch México.

Barbosa Delgado, F. R. (2013). Nelsón Mandela. «La mayor gloria no es nunca caer, sino levantarse siempre»Derechos y deberes. Individual y sociedades. Personería de Bogotá. D.C., 27.

Heyman, E. (2008.). Un pensamiento en polaridades: entre la voluntad y la aiesthesis . En M. d. Acosta López, Friedrich Schiller: Estética y libertad (págs. 102, 103). Bogotá: Universidad Nacional de Colombia.

Safranski, R. (2011. p. 407). Shiller o la invención del idealismo alemán. Barcelona: Tusquets Editores.