Nacido en Manta, Cundinamarca, fue uno de los precursores del atletismo colombiano en los años treinta. Conformó la primera delegación nacional a unos juegos olímpicos y practicó el deporte durante su larga vida, sin reclamar premios, ni distinciones, ni homenajes.
Por Alberto Galvis Ramírez
Director de la Revista Olímpica y Presidente de la Academia Olímpica Colombiana.
Nacido el 29 de abril de 1906, en Manta, población del norte de Cundinamarca, en los límites con Boyacá, Pedro Emilio Torres vivió los primeros ocho años los vivió rodeado de la naturaleza de su pequeña población. En 1914, agobiados por dificultades económicas, la familia de Pedro Emilio Torres se trasladó a Bogotá, en donde transcurrirían el resto de sus 91 años de edad, casi todos dedicados al deporte.
En 1918, empezó a frecuentar La Casa del Pueblo, una colonial residencia situada en la calle 9ª entre carreras 3ª y 4ª de la capital del país, dotada de unos cuartos que servían como gimnasios para la práctica de algunos deportes. “Era un caserón con un ring en la mitad y salas para pesas y gimnasia. Uno llegaba y hacía lo primero que se le ocurría. Si encontraba libre el sitio de la gimnasia, era gimnasta; si no había nadie en las pesas, era levantador de pesas; si el ring estaba vacío, se volvía boxeador. Todos practicábamos apenas por gusto y por conservar una buena figura”, recordó Torres en una entrevista, en 1983.

El boxeo lo perdió, para que lo ganara el atletismo, luego de que con una fisonomía propia de un jinete de hipódromo -1,60 metros de estatura y 45 kilos de peso- recibió en 1925 una paliza, en el que fue el último combate de boxeo de su vida.
Entre sus compañeros visitantes de ese escenario, se encontraban el primer campeón nacional de peso pesado, el bogotano Rafael Tanco y Juan Contreras, fisicoculturista hasta su muerte.
En los cinco años siguientes probó simultáneamente en el fútbol y en el atletismo, con una sobredosis de ejercicio que le permitió adquirir un buen estado físico, porque no tomaba licor, ni fumaba, ni trasnochaba.
Primer campeón de 1.500
Con Jorge Nova se disputó la hegemonía de las primeras carreras pedestres que se celebraron en Bogotá, entre la iglesia de San Diego y la Avenida Chile, por la carrera 13. En 1932, con la delegación de Cundinamarca, en los Segundos Juegos Nacionales se proclamó campeón de los 1.500 metros planos, con un tiempo de cuatro minutos y 43 segundos; este certamen es reconocido en los anales del atletismo colombiano como el primer campeonato nacional, lo que significa que este corredor cundinamarqués es el primer monarca de los 1.500 en nuestro país.
En los Terceros Juegos Nacionales, celebrados en el nuevo estadio Romelio Martínez, de Barranquilla, Torres frustró el anhelo costeño de ver coronar a un corredor de la región en los 1.500 metros. Darío Lorduy, representante de Bolívar, era el virtual ganador a pocos metros de la meta, pero apareció el pequeño cundinamarqués e hizo cambiar en su favor, el sentido de los gritos de los 5.000 asistentes al escenario. “El triunfo parecía indiscutible para Bolívar. Pero cuál sería la sorpresa del público cuando el corredor cundinamarqués Emilio Torres, quien se iba administrando asombrosamente, arrancó de pronto en un vertiginoso sprint, dejando atrás a todos sus contendores. El maravilloso estilo de este atleta hizo prorrumpir al público en entusiastas ovaciones, las cuales crecieron de tono hasta alcanzar lo indecible, cuando Torres llegó a la meta conquistando para el departamento de Cundinamarca, el primer campeonato olímpico”, escribió el enviado especial del diario El Tiempo, Antonio César Gaitán, al otro día de la victoria obtenida por este deportista. Lorduy, sin embargo, lo derrotó en los 800 metros planos, de los mismos juegos nacionales.

El autógrafo de Hitler
En 1936, Pedro Emilio Torres fue pionero de las participaciones colombianas en los Juegos Olímpicos, al conformar la delegación que asistió a los celebrados en Berlín, Alemania, de la cual formaron parte los también atletas Campo Elías Gutiérrez, José Domingo El Perro Sánchez, Pedro del Vechio, Hugo Acosta y Hernando Navarrete.
A finales de julio de ese año, los deportistas (menos Acosta, quien viajó después) partieron del puerto de Honda, en el departamento del Tolima, en un barco de vapor que los llevó hasta Barranquilla, en donde abordaron un inmenso buque de 250 metros de largo, 12.000 toneladas de peso con capacidad para 2.000 personas.
Así rememoró Torres, ese episodio: “Recuerdo que fue más un viaje de placer. Doce días duró y fue suavizado por fiestas parecidas a las de año nuevo, en las cuales participaban todos. Nosotros nos apartábamos de vez en cuando para practicar alrededor de las piscinas, entrenamiento que no fue suficiente para evitar llegar en baja forma a los juegos”.
No se había aún desatado la II Guerra Mundial, pero ya Adolfo Hitler era conocido en todo el mundo por su vocación por el nazismo. El más importante recuerdo que trajo Torres de su participación en esos juegos olímpicos, fue haber conocido en persona al dictador alemán, en una rápida reunión en el palacio de gobierno. “No era que yo admirara sus obras. Se trataba de un personaje mundial, y por eso yo sentí emoción cuando lo conocí. Era un poco más alto que yo y tenía una mirada muy profunda. Creo que más que de Hitler, soy hincha del pueblo alemán. Traje dos autógrafos: el de Hitler y el de Jesé Owens”, expresó el deportista sobre esa experiencia vivida.

“No conocíamos los spikes”
Fueron varias las sorpresas que tuvieron los atletas colombianos en su visita a Berlín. La más notable, según el atleta cundinamarqués Pedro Emilio Torres, el más veterano del grupo con 28 años, fueron los spikes o zapatos de clavos para las competencias de atletismo.
“Cuando llegamos por primera vez a la pista de entrenamiento, en el estadio olímpico, observamos que los corredores utilizaban zapatos con puyas. Atraídos por la curiosidad, logramos que nos prestaran algunos pares con la intención de conocerlos. Nos los pusimos y luego de tropezar contra la pista de carbonilla en varias oportunidades, pudimos por lo menos lucirlos, sin caernos. En esto, nos dimos cuenta del gran atraso en que estábamos”.
Recuerda Torres que eran demasiado inferiores a la mayoría de participantes. “Casi todos seguían unas técnicas, hasta para calentar, que nosotros no conocíamos. Nos dedicamos a observar y a tratar de aprender, para cuando regresáramos ponerlas en práctica para el futuro”.
Finalmente, el corredor cundinamarqués corrió los 1.500 metros y estableció cuatro minutos y 25 segundos, tiempo superior a su mejor marca.
Atleta por siempre
En 1942 abandonó el atletismo de alta competencia y contrajo matrimonio con Cecilia Sánchez, con quien tuvo seis hijos. El deporte, sin embargo, nunca lo pudo dejar por completo. Dedicado a la ebanistería y luego al negocio de finca raíz, Torres siguió haciendo ejercicio hasta 1971, cuando con 65 años, decidió volver a las competencias en la categoría senior máster. En los años siguientes conquistó más títulos que cuando fue corredor de primera línea en los años 30: campeón nacional y suramericano de los 1.500 metros planos, primero en la categoría 65 a 70 años, y luego en la de 70 a 75 años.
Las marcas alcanzadas después de los 70 años, fueron:
400 metros: 1 minuto y 18 segundos.
800 metros: 3 minutos y 1 segundo, al ganar en 1982 en Puerto Rico, el título panamericano.
1.500 metros: 6 minutos y 18 segundos, establecidos en el mismo torneo. *
Pedro Emilio Torres murió en 1996, a los 90 años de edad.
* La mayoría de datos fueron tomados del reportaje Medio siglo madurando un sueño, de Alberto Galvis Ramírez, publicado en El Espectador, el 30 de enero de 1983.





























