El pasado lunes, 21 de agosto, murió en Bogotá, a los 88 años, la licenciada Martha Moncada de Rojas, quien se destacó durante su vida por ser abanderada de la educación física en Colombia, por haber liderado importantes cambios desde instituciones como Coldeportes y por su papel en la Academia Olímpica Colombiana, a la cual pertenecía.
Por Guillermo González López
Expresidente Academia Olímpica Colombiana
La conocí el 8 de marzo de 1976. “Martha Moncada de Rojas”, así se presentaba y así se firmaba. Era la jefe de Educación Física de Coldeportes Nacional a la que tenía acceso en ese momento por la oportunidad de ingresar como estudiante recién salido de la Universidad Pedagógica Nacional.
Me presenté ante ella, quien me explicó la estructura de la dependencia de la división de Educación Fisca que tenía a su cargo. Eran dos secciones, la de Educación Física que dirigía el profesor Víctor Zabala y la sección de Recreación, que manejaba el Licenciado Luis Díaz, en la que también laboraba la Licenciada Ruth Mojica; yo llegué como el tercer integrante de la sección.
Muchas veces la vi caminar por el tercer piso del CAN, desde nuestra oficina hacia la del director. Siempre mantuvo el interés y la necesidad de recordarles a todos la importancia que debería tener la educación física en la gestión de Coldeportes y, por supuesto, en la sociedad colombiana. Ella reclamaba los espacios con vehemencia, en una estructura de Coldeportes Nacional y de sus juntas administradoras de deportes, fundamentalmente machista, donde no teníamos, con excepción de Martha, mujeres que trabajaran en un sector dominado por hombres. Recuerdo entre ellos a Diego Palacios, que era de la Junta Administradora de Deportes de Antioquia, y a Joaquín Ospina, de la Junta Administradora del Valle del Cauca que lideraban un grupo de directores técnicos en las divisiones de organización y control deportivo Administradores que no eran fáciles de liderar, y Marta con vehemencia, con profesionalismo, con vocación por la educación física los hizo aprender y ellos escucharon y hablaron de educación física en múltiples encuentros que tuvimos en el país, en Medellín, en Cali, en Bogotá, en Fusagasugá.
Otro hito gestionado bajo su liderazgo fue precisamente la Escuela Nacional de Entrenadores, hoy Instituto Universitario Nacional del Deporte en Cali. Allí en esas instalaciones se reunían entrenadores de las distintas juntas administradoras de deportes del país y con ellos desarrollábamos un programa académico de formación, de capacitación en temas técnicos específicos de cada disciplina, así como también áreas afines vitales para una preparación eficiente.
Eran meses enteros, ciclos profundos de dedicación exclusiva, con jornadas extensas de discusión y análisis, que convirtieron el programa en el precursor de la Escuela Nacional del Deporte. Desde Bogotá se gestionaba bajo los parámetros e indicaciones pedagógicas que ella como experta proyectaba.

Años después, la vida nos volvió a acercar. Cada uno por nuestros caminos seguimos la vida profesional. Al llegar a la presidencia de la Academia Olímpica Colombiana, tuve la oportunidad de proponer a Martha como candidata a Académica de Número. Para su selección, los académicos deben seguir un proceso de selección en el que entre otras cosas deben hacer una presentación ante el pleno que les evalúa como un prerrequisito para acceder al cargo.
El día de su presentación, Martha se presentó en nuestra sede la Calle 37 con carrera 16, acompañada de su esposo, sin ayudas tecnológicas, sin nada más que un papel en la mano. Unos minutos antes de su intervención, habló conmigo, me saludó y me contó que se sentía nerviosa para hacer su presentación. Me pareció una expresión de humildad, de profesionalismo muy grande y solo atiné a contestarle que quien estaba hoy de presidente no era otro que su alumno, que yo estaba frente a mi maestra y que estaba seguro de que haría una intervención excepcional.
Así fue. Cuando ella terminó su exposición comprendí algo que no había visto en toda mi vida, esto fue, cómo la educación física descansa sobre principios fundamentales muy similares a los del olimpismo que predicamos en la Academia Olímpica Colombiana. Era muy consistente su discurso y muy congruente con lo que señala la Carta Olímpica en su preámbulo con los principios fundamentales del olimpismo. Así empezó su presencia en nuestra organización, mostrando la importancia de la educación física y su estrecha relación con el olimpismo. De esta manera tuve la oportunidad de compartir con ella los últimos cinco años de su existencia.
Hoy un poco más de 49 años de aquel primer encuentro con Martha Moncada de Rojas, siento la angustia y el dolor de su partida. Me duele el alma, me duele el corazón, pero fundamentalmente me duele la educación física que ella soñó y que aún no logramos posicionar en este país.





























