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Revista Olímpica

Un deporte de regiones

Este reconocimiento, motivado por las valientes jugadoras del seleccionado nacional de fútbol, que avanzó hasta los octavos de final, en el Mundial Femenino, va dirigido  al Sistema Nacional del Deporte Asociado, en Colombia, que ha permitido la estructuración de una actividad deportiva en todo el territorio nacional. 

Por Alberto Galvis Ramírez

Director Revista Olímpica y Presidente de la Academia Olímpica Colombiana

Hace algunos años, Neven Ilic, presidente de Panam Sports, en una visita a Bogotá expresó a los periodistas, en rueda de prensa celebrada en la sede del Comité Olímpico Colombiano: “En mi país, Chile, el deporte de altos logros está concentrado en Santiago. En Colombia, el deporte proviene de muchas regiones. Por eso, Colombia se ha convertido en una potencia, porque apoya a los talentos que surgen como semillas, en todo el país, inclusive desde su surgimiento hasta la alta competencia”.

En efecto: esa apreciación del zar del deporte en las Américas es acertada, porque si en algo se ha distinguido Colombia es porque el surgimiento de talentos se registra en muchas regiones,.

El deporte colombiano comenzó en regiones como la costa Caribe, específicamente en Barranquilla, porque por este puerto ingresó todo al país. Sin embargo, cuando nacieron los Juegos Nacionales, Cundinamarca -es decir, Bogotá, por el exceso de concentración de su poca actividad física en la capital, pues en la provincia del departamento no existía nada- fue la primera potencia nacional, por lo menos hasta mediados del siglo XX.

En 1954, gracias a gestiones de Alberto Galindo Herrera, el deporte del Valle del Cauca -es decir, Cali, por la misma razón que mencionamos en relación con Bogotá, la concentración de todo-, se desarrolló de una manera acelerada. Sin embargo, en 1958, dirigentes de las regiones vallecaucanas crearon los Juegos Deportivos del Valle del Cauca: Benicio Echeverry y Pablo Julio Torres, de Tuluá; José Joaquín Ospina Bueno, de Buga; Miguel Ángel Sandoval y Luis Fernando Navia, de Palmira; Mario Posso Posso, de Cartago; Rogaciano Perea, de Zarzal; Jesús María Toro, del Cerrito y Gerardo Tovar, de Buenaventura, apoyados por los diputados Pedro Vicente Cruz, Américo Kuri, Nelson Copete e Ignacio Cruz Roldán, y los periodistas Armando Bohórquez y Álvaro Muñoz Cuéllar (Juegos Deportivos del Valle del Cauca, 1958-2018, de Ángello Arbeláez, Gobernación del Valle e Indervalle).

Gracias a estos Juegos fueron descubiertas figuras que se convirtieron en atletas, que hicieron girar la cabeza de las autoridades centrales del deporte nacional, hacia las regiones, para la conformación de selecciones nacionales. 

Algo parecido ocurrió años después, cuando surge la segunda gran potencia contemporánea del deporte colombiano, Antioquia, que apoyó a muchos atletas de regiones como el deprimido Urabá, que con el paso de los años se convirtió en cantera de figuras internacionales de Colombia

Cambio en la estructura

Colombia siempre tuvo grandes talentos, que provenían de las regiones, que surgían por generaciones espontáneas y con todos los esfuerzos humanos y sobrehumanos, y orientados por entrenadores no tan formados y recursos no tan nutridos, se asomaban a las más altas esferas, para recibir algunos incentivos para sus participaciones internacionales. Sin embargo, una muy buena cantidad de estos talentos jóvenes se perdían en esos terrenos pantanosos de sus luchas titánicas, una vez se destacaban en las categorías juveniles.

Poco a poco, de manera natural, el deporte se fue volviendo nacional, factor que condujo a la actual estructura, que comienza en el nivel nacional, con entidades privadas, como el Comité Olímpico Colombiano, el Comité Paralímpico Colombiano y las federaciones deportivas nacionales, y públicas, como Coldeportes, y hoy, el Ministerio del Deporte, que es la agencia estatal para la actividad física nacional;  en el nivel departamental, con las ligas deportivas, en lo privado, y los entes departamentales y del Distrito Capital, en lo público, y en el nivel municipal con los clubes deportivos, en lo privado, y los entes municipales y distritales. 

Esta estructura, que maneja unos recursos que apoyan a atletas nacionales (Mindeporte) y regionales en su formación, preparación y competencia (entes municipales y departamentales, que remplazaron a las antiguas Juntas de Deportes), permite que dichos recursos sirvan, no sólo para los atletas de alta competencia, en sus participaciones internacionales, sino también a los deportistas que comienzan y reciben incentivos desde muy jóvenes, para estar presentes en los círculos nacionales y buscar un futuro en la alta competencia.

Una selección de las regiones

Todo ese análisis anterior nos sirve, para referirnos a la selección nacional de fútbol femenino, que logró una histórica participación en el Mundial de Australia y de Nueva Zelanda, conformado por jugadoras de 13 regiones colombianas y dos de Estados Unidos, quienes debieron, primero, imponerse con calidad y perseverancia, a las actitudes excluyentes en algunos deportes, considerados hasta ahora exclusivos de las hombres, como el fútbol.

Recordamos que hace 27 años, cuando no existía fútbol femenino, aunque sí niñas que querían practicarlo, llegó a Bogotá un estadounidense, influido por el Mundial de 1994, que se había celebrado en su país, en busca de jugadoras talentosas, para dar comienzo a un proyecto en nuestro país. Sin embargo, al poco tiempo tiró la toalla, por la poca receptividad que tuvo en el país su iniciativa (la Adefútbol, liderada por Álvaro González, defendió el fútbol femenino al interior de la Federación), de los patrocinadores y hasta de los padres de familia, de brindar su apoyo a la iniciativa.

Pasó el tiempo y la perseverancia de las mujeres se fue tomando los campos de propiedad de los hombres.

Vale la pena mencionar dos hechos sucedidos antes de 2020, que sentaron jurisprudencia en favor de las mujeres, inclusive en equipos de futbol masculino. Se trató de la niña María Paz Mora, 11 años, quien participó como portera en un equipo de fútbol masculino, que ganó el torneo Pony de Medellín, y fue descalificado por haberla incluido en la nómina, y de Lina Bolaño, de ocho años, a quien le impidieron jugar en el equipo masculino del Club Bolívar de Sabanalarga, luego de que la Comisión Municipal de Fútbol del municipio del departamento del Atlántico, decidiera que ella no podría ser inscrita, porque se trataba de un campeonato masculino.

En el caso de María Paz, la Corte Constitucional, por medio de la Sentencia T-366, de 2019 (Exp. T-7.268.829), del magistrado Ponente Alberto Rojas Ríos, falló sobre tutela interpuesta por su padre y señaló que no hubo irregularidades por la presencia de la niña, en el equipo de niños. 

En el caso de Lina Bolaño, la Comisión Municipal de Fútbol del municipio del departamento del Atlántico, le prohibió participar en un torneo masculino, pero una tutela protegió su derecho.

Estos dos hechos, de alguna manera contribuyeron al reconocimiento de las aptitudes de las mujeres para jugar el fútbol, inclusive al lado de los hombres y en su mismo nivel.

Foto: Efe/Epa/Richard Wainwright.

El orgullo de mi tierra

Veamos la procedencia de las integrantes del equipo nacional, algunas de ellas nacidas en pueblos de su departamento y apoyadas desde las capitales respectivas, que alcanzó los octavos de final del Mundial celebrado en Australia y en Nueva Zelanda, y se ganó la admiración del país, que se desbordó en expresiones de simpatía y se hizo merecedora a los más altos reconocimiento, de parte de la Federación de Fútbol, del Comité Olímpico Colombiano y hasta el gobierno nacional, que le otorgó a cada una de estas jugadoras, la Cruz de Boyacá, entregada por el presidente de la República:

Bogotá: Catalina Pérez J., Ivonne Chacón, María C. Reyes, Lady Andrade, Carolina Arias. 

Cali: Linda Caicedo, Daniela Caracas

Sibaté, Cundinamarca: Mayra Ramírez.

Pereira: Marcela Restrepo, 

Bufor, USA: Elexa Bahr.

Texas, USA: Ángela Barón.

Lorica, Córdoba: Leicy Santos.

Rionegro, Antioquia.: Catalina Usme.

Medellín: Diana Ospina, Daniela Montoya, Lorena Bedoya (Bello) y Sandra Sepúlveda (Bello).

B/manga: Daniela Arias.

Jamundí, Valle: Jorelin Carabalí.

Sampués, Sucre: Mónica Ramos.

Copacabana, Antioquia: Manuela Vanegas.

Mistrató, Risaralda: Ana M. Guzmán.

Manizales: Natalia Giraldo.