Un proyecto familiar la llevó a abandonar las ruedas, pero le entregó la opción del hielo, con el que cumplirá el primer gran sueño: competir en los Juegos Olímpicos de Invierno de a Juventud. Esta es la historia de Isabella Caicedo.
Por Santiago Prieto Diazgranados
Periodista del Comité Olímpico Colombiano
Isabella Caicedo pasó de las ruedas y el patinódromo, a las cuchillas y el hielo, casi que por una jugada del destino. un destino que, por momentos incomprendido, la llevaría a ser parte del representativo nacional que competirá por Colombia en los Juegos Olímpicos de Invierno de la Juventud Gangwon 2024.
La joven patinadora bogotana inició su vida en el deporte a una temprana edad, y en la natación, pero su práctica acuática no iría mucho más allá de unos meses de entrenamiento, pues durante una mañana capitalina cayó perdidamente enamorada del patinaje sobre ruedas.
“Desde muy pequeña quedé envuelta en el deporte, no en el patinaje, inicialmente, pues desde los tres años empecé a practicar natación. No fue sino hasta los cuatro años que, un día de paseo con mi familia, fuimos al velódromo Luis Carlos Galán Sarmiento y vi a dos personas patinando; hubo un ‘boom’ en mi cabeza, fue amor a primera vista”, recuerda Isabella.

Las ruedas
La definición de destino subraya una fuerza sobrenatural que actúa sobre los sucesos que giran alrededor de la vida de una persona, algo que es inevitable y que llevará, bueno o malo, al final del camino; Isabella, su vida y cada situación que la compone, es prueba de que el destino existe, que venimos a este mundo con un objetivo.
Sin embargo, solo no es posible llegar muy lejos, aunque el destino así lo desee, por lo que Isabella se ha visto beneficiada por el infaltable apoyo de sus padres, especialmente de Ricardo, su papá, que la ha llevado de la mano durante toda su carrera deportiva.

“Mis padres, y mi familia en general, siempre han estado relacionados con el deporte desde muy pequeños; ellos fueron quienes tuvieron la idea de meterme a natación y luego, cuando quise, paulatinamente, a los entrenos de patinaje […] Siempre me dan todo su apoyo”.
Como todos los amantes del deporte hay un punto en la vida en el que se toma una decisión: deporte, como estilo de vida, o deporte, como carrera, unos triunfan y otros fracasan, e Isabella no fue la excepción.
“Me di cuenta de que el patinaje no iba a ser un simple hobbie y que trascendería en mi vida cuando, tras un año y medio de iniciar en esta disciplina, los entrenadores Sandra y Guillermo contactaron a mi papá y le comentaron que veían mucho potencial en mí, pero que en el club donde estaba no iba a lograr avanzar más allá de lo recreativo, por lo que nos recomendaron pasar a otro que compitiera a nivel profesional, y así fue”.

La pequeña patinadora saltó del velódromo Luis Carlos Galán Sarmiento, ubicado en la Unidad Deportiva El Salitre, y que no es propiamente para la práctica del patinaje de velocidad, al patinódromo del Parque Recreodeportivo El Salitre, lugar en donde iniciaría su carrera con nuevos objetivos: el deporte élite.
“Casi que inmediatamente, tras la recomendación de los entrenadores, iniciamos la búsqueda de clubes en Bogotá […] Al final nos decidimos por el Bogotá Élite, en donde estuve por cinco años […] Mi estadía en el club al principio fue placentera y de mucho crecimiento, ya que ahí adquirí los principios técnicos de patinaje sobre ruedas […] Además fue en donde estuve la mayor parte de mi carrera deportiva en Colombia; fue espectacular haber competido profesionalmente a nivel nacional con ellos”.
Isabella no sólo se destacó físicamente entre sus compañeros de club y rivales, sino que fue formándose y forjándose como una guerrera sobre la pista; nunca bajó la cabeza ante cualquier obstáculo.
“Creo que algunas de mis grandes cualidades como patinadora es que soy explosiva, tengo mucha fuerza muscular y un buen nivel aeróbico […] Ahora, más enfocado a lo mental es que soy persistente y perseverante, lo que caracteriza a muchos de los deportistas de nuestro país”.

El hielo
Avanzó el tiempo, Isabella cumplió cinco años practicando a nivel competitivo el patinaje y llegó el 2020, un año en el que, además del cambio radical de vida que el mundo entero sufrió por la pandemia, la familia Caicedo Gutiérrez ya se encaminaba hacia rumbos desconocidos en territorios con significativa distancia social, cultural, climática, laboral y deportiva frente a Colombia: Canadá.
“El hecho de irme a Canadá y cambiar las ruedas por el hielo no fue, como tal, una decisión mía, sino un conjunto de acontecimientos que dieron paso a eso […] Mis papás venían trabajando en el proyecto de venir a Canadá desde antes de que yo naciese y justo en ese momento se dieron las cosas para que saliéramos […] Fue algo que simplemente sucedió y que creo, y estoy segura, así debió haber pasado”.
A pesar de que Isabella hoy ve con diferentes ojos su mudanza hacia Montreal, previo al viaje ella se mostraba confundida y, por momentos, en desacuerdo por el cambio de vida que estaban por afrontar; sabía que era muy probable que el patinaje sobre ruedas acabara para ella.
“Me afectó bastante el cambio. Antes de venir a Canadá estuve en una concentración para un Campeonato Nacional Interligas, y en el momento que recibí la noticia, que fue más progresiva que instantánea, me golpeó un poco por no poder cumplir el sueño de luchar por un lugar en el seleccionado de Colombia para un Campeonato Mundial […] Siempre me afectó todo, pero entendí que mis padres veían mucho más allá que yo y que sabían que había más y mejores oportunidades de ir a unos Juegos Olímpicos, pero sobre el hielo”.
Y así fue; los Caicedo Gutiérrez entendieron, desde el inicio, que para ir a territorio canadiense no habría que botar por la borda todo lo logrado por su hija, la única, durante toda su vida. Incluso sabían que Isabella podría llegar aún más lejos sobre el hielo que en ruedas.

“Mis padres me pintaban ir a Canadá, más como una oportunidad que como una pérdida; aunque en un inicio no lo vi de esa manera, poco a poco me fui dando cuenta que esa fue una de las mejores decisiones que pudimos tomar en nuestras vidas”.
No obstante, a pesar del metódico plan que su familia tenía listo, cualquier cambio grande es difícil de asimilar, pues el acople no solo abarcaba lo deportivo, sino lo cultural, y así, todo cuesta un poco más de lo esperado.
“Nos tuvimos que acostumbrar a un nuevo mundo, a un nuevo idioma y a varias culturas […] El camino hacia el hielo fue escalando de a poco, yo seguí entrenando sobre ruedas, porque no quería dejarlas, sin importar las dificultades de escenarios y entrenamientos. Sin embargo, un día conocí un mega escenario en el que se practicaba bicicleta, rollerski y patinaje sobre hielo; ahí conocí a mis actuales compañeros, entrenadores y tuve mi primer acercamiento con el hielo […] La transición de ruedas a hielo se fue dando naturalmente„ en un momento empecé a dejar la práctica sobre ruedas, como un ejercicio de fortalecimiento, como un parte de mi entrenamiento físico y ya no como deporte en sí […] Además, mi inicio fue el short track, modalidad en la que, por su técnica, no me favorecía seguir practicando en ruedas.”

La adaptación
Cualquiera diría que, al tratarse de una disciplina más del patinaje, el cambio de ruedas a hielo sería relativamente sencillo, pero no fue tanto así. Isabella se enfrentó a ángulos y técnicas totalmente nuevos para ella y que le costaron. Sin embargo, su memoria técnica y muscular le permitió adaptarse y aprender más rápido de lo esperado.
“Sorprendentemente para mí, y para muchos, me acoplé rápidamente a la disciplina. Sentía que ya lo había practicado, que no era nada desconocido […] Gracias a mis aptitudes supe, un poco, cómo despeñarme sobre el hielo”.
A esta adaptación a contrarreloj se le sumaron los compañeros y entrenadores que la acogieron de tal manera que el proceso rumbo a Juegos Olímpicos Invernales de la Juventud, aunque duro y desgastante, fue rápido, divertido y fructífero para Isabella, quien fue guiada muy de cerca por Mackenzie Blackburn, patinadora olímpica de invierno, y Nicolás Laborde, bogotano y uno de los máximos exponentes colombianos del short track.
“Estoy muy agradecida por haber contado con unos compañeros y entrenadores tan especiales y atentos como los que tengo acá en Canadá, me acogieron como un miembro más de su familia y me tuvieron mucha paciencia. A pesar de que aprendía a un ritmo más lento, y cosas que para ellos eran básicas, supieron entender mi situación y me han ayudado, hasta el día de hoy, a progresar y llegar a obtener grandes resultados […] Mis entrenadores sabían que queríamos ir a Juegos Olímpicos, se unieron a nuestro objetivo, me fui adaptando a todos los entrenamientos, dentro y fuera del hielo, aprendiendo toda la técnica y ángulos. Gracias a eso, y al Comité Olímpico Colombiano, en una sola temporada pude competir en varios eventos a nivel Canadá y en un campamento en Corea del Sur”.

Posicionada, Isabella Caicedo se convirtió, así como lo es Laborde a nivel absoluto, en referente del patinaje sobre hielo juvenil de Colombia, consiguiendo hacer parte del seleccionado nacional en varios certámenes a nivel internacional.
“Representé por primera vez a Colombia en Corea, en una competencia en la que gané los 500 metros femeninos short track, fueron cuatro vueltas y media […] Para la clasificación olímpica volví a representar a nuestro país en las Copa Mundo Juveniles de long track Italia 2023”.
El camino a Gangwon
Pero la joven capitalina, ya acostumbrada a los cambios drásticos en su vida, tuvo que adaptarse a uno más, el último y el que la llevaría a ser parte de la delegación nacional que competirá en Gangwon 2024: tuvo que cambiar de la pista corta a la pista larga.
“Mi cambio de short track a long track fue porque en la pista corta ya no había posibilidades de clasificar a Juegos Olímpicos, por lo que Sebastián Uprimny, representante de los deportes de invierno en Colombia, vio la oportunidad de clasificar a las justas olímpicas juveniles de invierno en la pista larga, estábamos a tiempo para los certámenes clasificatorios, y me lo propuso […] Era la decisión de ir, o no, a unos Juegos Olímpicos, así que cambié de modalidad”.
Y así fue. Isabella consiguió su cupo al patinaje sobre hielo de pista larga de los Juegos Olímpicos Invernales de la Juventud, justa olímpica que se llevará a cabo desde el 19 de enero del 2024 en Corea del Sur, y en la que contará con Isabella Vargas, también de patinaje sobre hielo; Tomás Palmezano, de skeleton, y Samuel Jaramillo con Juliana Castaño, de esquí de fondo, como compañeros.
“La clasificación a los Juegos Olímpicos Invernales de la Juventud Gangwon 2024 me lo tomé con mucha calma, pero por dentro estaba muerta de la emoción […] Es una oportunidad única en la vida y que no se va a volver a presentar; puedes ir a muchos Juegos Olímpicos, pero solo puedes ir una vez a unos de la juventud, e ir por invierno fue una sensación indescriptible que me llenó de calma”, concluyó Isabella.





























