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Revista Olímpica

La eventualidad del ser virtuoso

Se trata de entender el camino de la victoria, no como ejercicio de voluntades individuales, sino como proceso que desde la educación lleve a considerar el concepto de ser virtuoso, entendiendo por ello los valores que conforman el ser ciudadano.

Fabio Alfredo Navarro Pasquali

Filósofo de la Universidad Nacional, Abogado de la Universidad Libre de Colombia, Especialista en Filosofía del Derecho y Teoría Jurídica de la Universidad Libre, Magíster en Historia de la Pontificia Universidad Javeriana.

“Pero sólo una gracia tengo que pedirles.   Cuando mis hijos sean mayores, os suplico los hostiguéis, los atormentéis como yo os he atormentado a vosotros, si veis que prefieren las riquezas a la virtud y que se creen algo cuando no son nada; no dejéis de sacarlos a la vergüenza si no se aplican a lo que deben aplicarse y creen ser lo que no son; porque así es como yo he obrado con vosotros. Si me concedéis esta gracia lo mismo yo que mis hijos no podremos menos de alabar vuestra justicia. Pero ya es tiempo que nos retiremos de aquí, yo para morir, vosotros para vivir ¿Entre vosotros y yo quien lleva la mejor parte? Eso es lo que nadie sabe, excepto Dios.” (Platón Diálogos. Pág.19. 1.979) 

Foto: Ciencias Sociales Jimdo.

Una forma de Introducir.

Una de las principales preocupaciones de quienes se ocupan de lo que se denomina “lo griego” tiene que ver con la tragedia, como escenario de construcción de un ser humano empeñado en valores supremos, que le permitan entrever desde el dolor mismo la condición propia del ser humano. Ese luchar constante consigo mismo, por lo demás, que lleva al escenario fundamental del destino común como superación dialéctica frente a un mundo radicalmente distinto, pero que, lentamente se asume como ejercicio libertario.

“A los orígenes de la tragedia en Atenas están ligados dos hechos de carácter eminentemente político y guerrero: Las victorias de Maratón y Salamina, en la guerra que sostienen los griegos contra los persas. En ambas batallas debió tomar parte Esquilo. En ambas batallas, cuando el espíritu político condujo la existencia griega al heroísmo y en ello alcanzó su confirmación y su más clara meta, encuentra el poeta el principio necesario para la realización de su propia existencia; hasta el punto de que en el epigrama escrito para su tumba afirma que lo más meritorio que ha realizado en su vida ha sido tomar parte en la batalla de Maratón.” (Betancourt., 1.980)

Largo y desesperanzador proceso, volver sobre sí mismo y no encontrarse para asumirse como ser libertario, porque ni siquiera entiende que se halla extraviado en sus propios senderos. Extraña paradoja esa de encontrarse en un mundo que sólo le reconoce como protagonista en la batalla y gestor de la victoria, pero que, exige el aparecer en el escenario de lo público con sonriente gesto, como si tal manifestación guerrera fuera suficiente para constituir la virtud que ha de servir de base al quehacer cotidiano del pueblo.

Se trata entonces de entender el camino de la victoria, no como ejercicio de voluntades individuales, sino como proceso que desde la educación lleve a considerar el concepto de ser virtuoso, entendiendo por ello los valores que conforman el ser ciudadano.

Política, como ejercicio de vida común a través del arduo quehacer de la virtud y el ejemplo del heroico ciudadano que lleva con honor y ejemplar conducta los altos pendones y colores de su pueblo, más allá de la indignidad. 

Acercamiento a una eventual definición de la virtud.

En Laques y el Valor, uno de los Diálogos de Platón en el que intervienen Lisímaco, Melesias, Aristides, Tucídides, Nicias, Laques y Sócrates, quienes dialogan al respecto del valor como actitud; Lisímaco inicia preguntando a Nicias y a Laques: 

“¿Habéis visto a ese hombre armado que acaba de trabajar en la esgrima?” (Platón Diálogos, 1.979. p. 43)

Pregunta que se afirma, según Laques, en la pretensión de indagar a los contertulios sobre la educación de sus hijos, como proceso orientado a formar ciudadanos que, más allá de las veleidades propias de los tiempos, les permitiera cumplir con el bienestar de la sociedad que habitaban. 

Más allá de la esgrima como práctica guerrera, pero a partir de ella, entendido su ejercicio como arte sobre el cual, llegado el caso, se decantará el valor del guerrero para llevar a la ciudad el honor de la batalla cumplida en su nombre,  garantizando la eternidad de su gloria, pero también, como soporte del ejercicio y práctica, elevando la  conciencia y fortaleciendo las pautas de educación para las gentes que, no sólo llevaran banderas a las justas, sino que serán presente – futuro, como legado histórico construido en función del ser – pueblo.

El ejercicio y entrenamiento de los jóvenes para asistir a las distintas instancias del pueblo en sus gestas públicas, trasciende los márgenes del ser glorioso y guerrero, para constituirse en ejemplo de virtud que, no sólo entraña el valor expuesto en las justas, sino que, representar al pueblo significa convertirse en camino de lo que ha de entenderse como ser virtuoso, suma plena de valores.

“Sócrates – por tanto, se trata de saber si entre nosotros, hay alguno que sea hábil y experimentado para dar cultura a un alma y que haya tenido excelente maestro.

Laques – Cómo, Sócrates, ¿no has visto nunca personas que, sin ningún maestro, se han hecho más hábiles en ciertas artes que otras con muchos maestros.?

Sócrates – Si, Laques, he conocido algunos y todos éstos podrán decirte que son muy hábiles; pero tú no los creerías jamás mientras no hagan antes, no digo una, sino muchas obras bien hechas y trabajadas.”(Ibidem. Pág, 48)

Se desprende de lo afirmado por los contertulios, que de nada sirve ser ilustre ejecutor de técnicas marciales o amplio conocedor de temas de distinta índole, si tales saberes no establecen las bases sobre las cuales el pueblo ateniense alcanzaría la gloria entre los distintos pueblos con los cuales eventualmente confrontaría.

Mayor desgracia se desprende de lo así planteado, si el pueblo no lograra alcanzar su transformación moral y de bienestar propios del ejercicio sublime del saber, o, como se desprende de los argumentos socráticos en pregunta al contertulio Laques:

“Sócrates – Nuestros dos amigos ¿no nos han invitado, aquí, Laques para deliberar con nosotros acerca de qué manera se podrá hacer nacer la virtud en el alma de sus hijos y hacerlos mejores.? 

Laques – Eso es.” (Ibidem Pág.53)

Foto: Voces de Libertad.

La virtud como legado pueblo – ciudadano – pueblo.

No se indaga por una victoria o por la buena ventura de jóvenes sometidos a entrenamiento de distinta naturaleza para alcanzar la victoria en los campos de batalla, pero si sobre el sendero a transitar por el pueblo, para alcanzar la cumbre, guiado por el ejemplo y sabiduría de quienes habiendo superado a través de su formación la precariedad de su propio entorno, dejaron como ejemplo a seguir la virtud.

Pero ¿qué es la virtud?, insiste Sócrates frente a sus contertulios, pues no es suficiente designarla como suprema condición del pueblo, atado a sus distintas formas de pensar y actuar o siguiendo quizá el actuar de sus héroes guerreros. Vale volver al Diálogo:

Sócrates – Bien Nicias, dime, te lo suplico, tomando la cuestión en su origen, si no es cierto que, desde luego, hemos mirado el valor como una parte de la virtud.

Nicias – Es cierto.

Sócrates – Conforme a tu respuesta, si el valor no es más que una parte de la virtud, ¿no hay otras partes que, reunidas con aquella, constituyen lo que llamamos virtud.?

Nicias – ¿Cómo puede ser de otra manera?

Sócrates – En este punto piensa como yo; porque, además del valor reconozco también otras partes de la virtud, como la templanza, la justicia y muchas otras ¿no las reconoces tú también.?

Nicias – Sin duda.”  (Ibidem. Pág. 57)

No basta entonces el valor en la batalla o en la misma cotidiana existencia para poder hablar de la virtud, pues esta debe entenderse como conjunto de valores, que Sócrates señala como determinantes en la formación de los jóvenes que no solo representarán a su pueblo, sino que, serán los exponentes de su forma de vida y de educación. 

La virtud, más allá de toda duda, del hombre que se negó a cumplir una orden de las autoridades de la ciudad por considerarla injusta, prefiriendo el desenlace fatal de su desobediencia, antes de perder la entereza y la dignidad. Mantener su entereza, sentido de justicia y dejar en la memoria de su pueblo el brillo de la virtud (areté).

La atleta Gabriela Urías, auxilia a Viviana Cramer, en una competencia callejera, como un buen ejemplo de virtud. Foto: Yahoo Noticias.

Conclusión.

Como ejemplo de virtud se puede recordar el difícil momento de la triatleta Viviana Cramer, quien cae a escasos metros de la meta y recibe la ayuda de la competidora Gabriela Urías, que en noble y virtuoso gesto la ayuda a levantar y la lleva hasta la meta, permitiendo, además, a su vencida rival cruzar la meta delante de ella, pues ese era el lugar que ella tenía antes de su caída. 

Cómo no recordar las enseñanzas sobre la virtud de Sócrates quien, frente a sus jueces, reconoce la autoridad que les asiste para condenarlo a muerte en atención de las leyes vigentes y pide para sus hijos la fuerza de la justicia, si fuere el caso de eventuales infracciones por ellos cometidas. Más allá del dolor o la pena debe primar la virtud como ejercicio que trasciende las propias pretensiones, para dar lugar al bien común. El pueblo virtuoso como superior categoría. 

Bibliografía

Betancourt., W. (1.980). La tragedia griega y los origenes del espiritu político. Manizales: Ponencia presentada al IV Foro Nacional de Filosofía. Universidad de Caldas. 1.980.

Platón Diálogos. (1.979. p. 43). México. D.F., México: Porrúa S.A.

Platón. (Pág. 48. 1.979). Platón Diálogos. México D.F.: Porrúa.