El pasado viernes, 23 de junio, se celebró El Día Olímpico, en todo el mundo, para conmemorar la fecha de la creación del Comité Olímpico Internacional ocurrida ese día, en 1894. Esta es una breve reseña del significado de esta conmemoración, ligada a la salud, porque su importancia radica en combatir el sedentarismo y transformar a nuestra población en personas físicamente activas, como factor preventivo, frente a enfermedades no transmisibles.
Juan Pablo Medellín Ruiz
Ministerio del Deporte
«El deporte consiste en dotar al cuerpo de algunas de las virtudes más fuertes del alma: la energía, la audacia y la paciencia». Jean Giraudoux
El 23 de junio 1894, los participantes en el Congreso Internacional de Atletismo en París votaron unánimemente para restablecer los Juegos Olímpicos, por propuesta de Pierre de Coubertin. En ese día nacía el movimiento olímpico moderno. El Comité, para planificar estos Juegos fue llamado Comité Olímpico Internacional. Sus objetivos se resumen en los Objetivos del Movimiento Olímpico, que aparecen en la Carta Olímpica original, que guía la labor del movimiento olímpico internacional, «Objetivos» de Pierre de Coubertin que ahora se llaman «Principios Fundamentales» (Binder, 2007).
Pasaron 11 Juegos Olímpicos, hasta Berlín 1936 y la II Guerra Mundial, periodo durante el cual no se celebró el magno certamen, que fue programado en Londres, en 1948. Poco antes, el 23 de junio de 1948 se celebra el primer Día Olímpico Mundial, aprobado por la 42 ª Sesión del COI, en St. Moritz, Suiza, en el mes de enero, que se llevó a cabo con un total de nueve Comités Olímpicos Nacionales (Austria, Bélgica, Canadá, Gran Bretaña, Grecia, Portugal, Suiza, Uruguay y Venezuela).

Desde entonces, cada año, de manera ininterrumpida se celebra esta fecha, con un especial significado. La importancia del Día Olímpico radica en recordar la fecha del nacimiento del COI; sensibilizar y alentar a nuestra población a ser físicamente activa, utilizándose esto como factor preventivo ante la posibilidad de contraer en un futuro enfermedades no transmisibles fortalecidas por el sedentarismo, compartir diversas actividades que tienen una connotación deportiva y difundir la filosofía olímpica.
El Día Olímpico, como contradictor del sedentarismo nace del hecho que la inactividad física es el cuarto factor de riesgo de mortalidad más importante en todo el mundo (seis por ciento de defunciones a nivel mundial). Sólo la superan la hipertensión (13 por ciento), el consumo de tabaco (nueve por ciento) y el exceso de glucosa en la sangre (seis por ciento). El sobrepeso y la obesidad representan un cinco por ciento de la mortalidad mundial (Organización Mundial de la Salud, 2009). El sedentarismo aumenta en muchos países, y ello influye considerablemente en la prevalencia de enfermedades no transmisibles (ENT) y en la salud general de la población mundial.
Por otra parte, la inactividad física se estima que es la causa principal del, aproximadamente, 21 al 25 por ciento de los cánceres de mama y de colon; del 27 por ciento de la diabetes, y de cerca del 30 por ciento de la carga de la enfermedad isquémica del corazón.
Dentro del marco de la celebración del nacimiento del Movimiento Olímpico se pretende generar un cambio permanente en las personas. Por ende, las costumbres a perpetuar en ellas son, entre otras:

Niveles adecuados de actividad física para la prevención de las ECNT:
Los niños y jóvenes de 5 a 17 años deberían realizar un mínimo de 60 minutos diarios de actividad física moderada o vigorosa. La actividad física diaria debería ser, en su mayor parte, aeróbica (al menos tres veces por semana).
Los adultos de 18 a 64 años deberían hacer un mínimo de 150 minutos semanales de actividad física aeróbica moderada o bien 75 minutos de actividad física aeróbica vigorosa cada semana o una combinación equivalente de actividades moderadas y vigorosas. Dos veces o más por semana, deben realizar actividades de fortalecimiento de los grandes grupos musculares.
Los adultos de 65 años las mismas recomendaciones de los adultos. Los adultos de este grupo de edades con movilidad reducida deberían realizar actividades físicas para mejorar su equilibrio e impedir las caídas, tres días o más a la semana.
Está demostrado que la actividad física practicada con regularidad reduce el riesgo de cardiopatías coronarias y accidentes cerebrovasculares, diabetes de tipo II, hipertensión, cáncer de colon, cáncer de mama y depresión. Además, la actividad física es un factor determinante en el consumo de energía, por lo que es fundamental, para conseguir el equilibrio energético y el control del peso (Organización Mundial de la Salud, Estrategia Mundial sobre Régimen Alimentario, Actividad Física y Salud).

El término «actividad física» no debe confundirse con el «ejercicio». El ejercicio es una subcategoría de la actividad física, que se planea, se estructura, es repetitivo y con un propósito en el sentido de la mejora o el mantenimiento de uno o más componentes de la aptitud física. La actividad física incluye ejercicio, así como otras actividades que implican el movimiento corporal y se realizan como parte del juego, el trabajo, el transporte activo, las tareas domésticas y las actividades recreativas.
El aumento de la actividad física es no sólo un problema individual social; exige una intervención multidisciplinaria y adoptar un enfoque culturalmente poblacional, multisectorial, relevante (Global Strategy on Diet, Physical Activity and Health, Physical Activity).





























