Con la alegría y la energía que siempre expresa, el clavadista antioqueño Daniel Restrepo García prepara su equipaje para participar en los Juegos Olímpicos, los de París 2024, con la tranquilidad, la seguridad y la madurez que lo han caracterizado. Restrepo es un ejemplo de superación física y mental, gracias al deporte.
Por Alberto Galvis Ramírez
Director de la Revista Olímpica del COC y presidente de la Academia Olímpica Colombiana.
Ese joven que vuela y se contorsiona en el aire con el sincronismo y la altura del águila; que coordina sus movimientos para lograr una rutina bien memorizada y coordinada; que habla con rapidez e inteligencia y escucha con atención y paciencia, y que planifica y memoriza tareas y metas, es el mismo a quien, antes de los 14 años le diagnosticaron “trastorno de déficit de atención con hiperactividad” (TDAH), enfermedad que riñe con aquellas características que lo hacen hoy una estrella de los clavados.

Daniel Restrepo García, quien nació el 24 de marzo del año 2000, en el municipio colombiano de Itagüí, Antioquia, logró convertir en oportunidad el dictamen de un médico, que con sinceridad les dijo a sus padres que esa enfermedad, que traería como consecuencia un despiste permanente, unido a movimientos acelerados y falta de atención y concentración, podía ser controlado con droga o con deporte. Sus padres eligieron la actividad física y lo matricularon en la natación carreras y en el taekwondo, dos deportes que podrían reunir lo requisitos para controlar su enfermedad, por lo menos hasta la edad adulta, cuando podía desaparecer. Y los dos deportes colmaron sus necesidades: la natación, concretamente los clavados -que fue la modalidad que escogió Daniel, por consejo de una profesora del colegio- le brindó la posibilidad de explotar todas las energías que le sobraban por su hiperactividad, y hacerlo en el aire, como un pájaro libre, y el taekwondo, la tranquilidad para calmarse y concentrarse, dos factores que cambiaron su vida, porque no solamente logró controlar el trastorno, alcanzar el grado de cinturón negro en el taekwondo y convertirse en figura mundial de los clavados.

Daniel Restrepo se alista para sus terceros Juegos Olímpicos, porque estuvo en los Olímpicos de la Juventud, en Buenos Aires, en 2018, y en los supremos de Tokio 2020, y estará en París 2024.
La primera impresión que nos llevamos de Daniel Restrepo ocurrió durante el regreso del Palacio de Nariño, en el bus que transportó a la delegación colombiana que participaría en los Olímpicos de la Juventud Buenos Aires 2018, hasta el COC, después de la entrega de bandera por parte del presidente, Iván Duque, y fue impactante. Nos hallamos frente a un muchacho extrovertido, conversador, acelerado, alegre, equilibrado y agradable, muy por encima del comportamiento de un joven de 16 años, común y corriente. Algo especial se notaba en este muchacho que había recibido del presidente la bandera nacional, para llevarla y agitarla con orgullo, como cabeza del equipo colombiano, en el desfile en Buenos Aires. Con seguridad ese “algo”, era el mismo “algo” que lo hacía genial como atleta.

En esos Juegos de Buenos Aires abrió su puerta hacia el éxito, al ganar dos medallas de oro: una en individual, trampolín de tres metros, y la otra en la categoría mixta, junto a la clavadista china Shan Lin.
Posteriormente hizo su estreno en el campeonato Mundial de Clavados, en Gwangju (República de Corea), y estuvo cerca de clasificarse para la final de trampolín de tres metros, pero finalizó 14 en la etapa clasificatoria, es decir, a dos puestos de esa final. A pesar de la decepción que este resultado le causó, poco después se convirtió en campeón Panamericano, en la misma prueba, en Lima, superando a los mayores de las Américas, resultado que le otorgó la clasificación a los Olímpicos de Tokio 2020.
«Ha sido un camino duro, difícil, con muchas caídas, lágrimas y momentos difíciles. Para llegar ahí y conseguir el cupo Olímpico tuve que pasar por varios baches, varios momentos complicados», recuerda Daniel.

Para Tokio 2020, juegos que se celebraron en 2021, por la pandemia del COVID 19, Restrepo había dicho: «espero estar en la final, estar entre los 12 mejores del mundo, aunque soy consciente de que soy muy joven, que son mis primeros Juegos Olímpicos de ‘mayores’ y que vienen muchos más Juegos por delante». En su estreno olímpico finalizó en la posición 17.
Después de Tokio sufrió una lesión en la columna vertebral, que logró superar gracias a mucha fisioterapia y al sueño de volver a unos Juegos Olímpicos, los de París 2024, que era su nueva meta. “Realmente es muy complejo mantener un nivel deportivo mundial, pero uno tiene que saber para dónde va y hasta dónde quiere llegar, por eso hablamos del enfoque. Muchas veces eso tiene que primar ante otras cosas. Hay momentos en los que hay que hacer sacrificios. Primero están los objetivos y las metas que uno quiere lograr”, dijo después de esa recuperación, y le prometió a su mamá que estaría en París 2024.
Una vez de regreso a las piletas, Daniel se enfocó en ese cupo que le permitiera seguir su camino hacia el gran sueño de estar en una final olímpica. Su trabajo como atleta lo combina con su otra gran pasión, la música, que le da mucha tranquilidad; además, estudia producción musical.

Un Daniel Restrepo García maduro, aplomado, sereno y disciplinado llegó a Fukuoka, Japón, en busca de su clasificación a los Juegos Olímpicos de París 2024. Y lo logró, el 19 de julio de 2023, al finalizar décimo en la prueba trampolín tres metros, con 382.80 puntos. Dice: “…fue una serie muy reñida. Cuando mostraron los resultados me di cuenta que había clasificado. El puntaje estaba muy cerrado. Me quité un peso de encima,.. qué respiro. En la competencia hay que estar bien en todas las fases para quedar adentro y después de estar en la final. De ahí para adelante todo es ganancia”.
París 2024 verá a un Daniel Restrepo García en toda su dimensión física y mental, convencido de sus capacidades y alcances: “siento que hago los clavados muy fáciles. La fluidez en el aire es algo que cualquier clavadista no tiene. Es algo único que tengo yo. Tienes que hacer las cosas sin pensarlas. Tu cuerpo ya se lo sabe. Es un movimiento que se hace innato. Son tantas repeticiones que tu cuerpo se lo aprende de memoria. Ése es el secreto».





























