Este menudo y compacto joven nacido en Antioquia y criado para el deporte en el Valle del Cauca, es, sin discusión, el mejor pesista colombiano de la historia, por haber sido varias veces campeón mundial y doble medallista olímpico, en la categoría de los 62 kilogramos, al ganar plata, en Londres 2012, y oro en Río 2016
Por Alberto Galvis Ramírez
Director de la Revista Olímpica
Si recordamos la difícil historia de Óscar Figueroa Mosquera no es para echarle sal a heridas ya sanadas, sino por su final feliz, el del compatriota que se enfrentó y derrotó las adversidades, primero, de la mano de su mamá y de sus hermanos, y luego, alzando sus brazos al cielo, no para suplicar ayuda, sino para merecer la gloria a través de las pesas.
Tal vez él no sabe qué momento fue más duro y a la vez más importante, si cuando su mamá Hermelinda logró, a punta de inmensos trabajos y sacrificios que sus hijos estudiaran, o cuando levantó su primera medalla olímpica, en Londres 2012. Tal vez los dos instantes forman parte de esos puntos de quiebre que lo llevaron a convertirse en un héroe del deporte colombiano.
Si nos referimos al esfuerzo de su mamá cuando logró, con trabajos humildes darles educación a sus hijos Wilson, Jorge, Juana y Óscar, debemos rendirle tributo a esas madres valientes, corajudas y perseverantes, que no conocen la derrota, cuando se trata de sacar sola adelante a sus hijos. Y esa valentía, ese coraje y esa perseverancia los heredó Óscar y le sirvieron para caminar de derrota en derrota, en Atenas 2004 y en Beijing 2008, hasta la primera victoria final, en Londres 2012, para alcanzar su primera medalla olímpica, y continuar cuatro años más, para subir a lo más alto del podio, en Río 2016, y adjudicarse el segundo oro olímpico de las pesas colombianas.
Su historia de lucha y superación comenzó cuando tenía nueve años de edad y debió salir de Zaragoza, Antioquia, por culpa de los enfrentamientos entre paramilitares y guerrilleros. Acompañado de su madre, Hermelinda Mosquera, y de sus tres hermanos, Juana, Wilson y Jorge, se dirigieron a Cartago, en el Valle del Cauca, en donde una familiar, en busca de amparo.
Atrás quedaron varios años de imborrables vivencias en familia: la libertad que les brindaba la inmensa finca en las afueras del pueblo, de propiedad de su padre, Jorge Isaac Figueroa, en donde sembraban maíz, yuca o plátano, o se divertían jugando con las gallinas y los cerdos, lo que hizo que su infancia fuera feliz “porque no nos faltaba nada”; el traslado diario a la Escuela Francisco de Paula Santander, para cursar sus primeros años de estudios; las visitas al río Popuné, en donde se convertían en buzos para buscar oro, o a la mina de su papá, también para escarbar, hasta hallar el preciado metal, en su primer contacto con el oro que luego buscaría y hallaría en el deporte, en los más altos niveles, y un recuerdo imperecedero: las demostraciones de fuerza del pequeño y menudo Óscar, quien era capaz de levantar las piedras más grandes.

Una madre es invencible
Sin embargo, la historia feliz llegó a su final. Cansada y asustada, Hermelinda tomó la determinación de partir hacia nuevos rumbos. Cogió de la mano a sus cuatro hijos, menores de edad, y se fue sin su esposo a Cartago, en el norte del Valle del Cauca, en donde ella había vivido unos años y residía una de sus hermanas, quien le brindó su apoyo.
En su nueva forma de vida, Hermelinda trabajó de empleada doméstica para lograr que sus hijos estudiaran en el Colegio Técnico Ciudad de Cartago, y como el dinero no le alcanzaba, logró que los dos hijos menores, Juana y Óscar, fueran recibidos en la Fundación Teresita Cárdenas de Candelo, que prestaba sus servicios al Instituto de Bienestar Familiar, lo que les aseguró la comida diaria, mientras aprendían oficios como panadería y carpintería, y recordaban sus tiempos en la agricultura.
Entonces, apareció el deporte, que se convirtió para Óscar en una vía de escape de la difícil situación que debió vivir en su nueva tierra: practicó fútbol, baloncesto, natación y hasta karate, antes de dedicarse con juicio al levantamiento de pesas, que acogió luego de seguir el consejo de un profesor de educación física en el colegio, quien ponderó su complexidad, musculatura y fuerza.

Novela de desafíos
La novela de Óscar Figueroa Mosquera en las pesas, colmada de retos, comenzó en 1994, cuando, con 11 años de edad, llegó al gimnasio de pesas de Cartago y fue recibido por las hermanas pesistas Damaris y Carmenza Delgado, quienes buscaban talentos para este deporte. Recuerdan ellas que era tímido, no se metía con nadie, no cruzaba palabras con ninguno de los demás compañeros y, según ellas, figuras de las pesas colombianas, era un muchacho al que le faltaba esa chispa para salir adelante. Ella desconocían que cuando era pequeño sorprendía a mineros y a campesinos de Zaragoza, por la fuerza que desplegaba para levantar piedras imposibles para un niño como él.
Las hermanas Delgado se dieron cuenta que era un portento de las pesas, y que debía pasar de inmediato a una categoría superior y a un manejo más especializado. Entonces lo remitieron al entrenador del Valle, Jaiber Manjarrés, quien confirmó que se trataba de todo un fenómeno de la fuerza, pero que debía ser pulido, en la técnica. Entonces hizo gestiones para que Indervalle lo apoyara y para que pudiera vivir a Cali.
Sus vaticinios se cumplieron muy rápido, porque Óscar demostró unas grandes condiciones, pero, especialmente, una capacidad de aprendizaje, que hicieron que su desarrollo lo llevara a los 19 años, a obtener el primer título mundial juvenil de pesas de Colombia, en los 57 kilogramos.

El afortunado servicio militar
Cuando ya tenía un reconocimiento y el deporte era una forma de vida para él, Óscar tuvo que prestar el servicio militar, en el Batallón Agustín Codazzi de Palmira, Valle. Este deber patrio, en lugar de ser un obstáculo en su carrera deportiva se convirtió en su mejor momento para reafirmarse en las pesas.
En el primer día del servicio, el joven conoció a su superior, el sargento primero Oswaldo Pinilla, con quien se había relacionado cuando este era, en 1998, técnico de pesas de las Fuerzas Armadas, y el deportista, un muchacho de 1,65 metros de estatura, 62 kilos de peso, fornido y de tez morena, con muchas ambiciones. Este reencuentro los dejó contentos a los dos, porque Pinilla creía que era un talento de impredecibles alcances.
Figueroa Mosquera Óscar Albeiro llegó curtido al ejército, sabía lo que era “voltear”, porque su vida no había sido fácil, y pronto demostró que le gustaba ser militar, pues era, ante todo, disciplinado y humilde, porque desde muy pequeño lo aprendió al lado de su madre.

Lesionado en Atenas 2004 y en Beijing 2008
Las tristezas lo acompañaron en sus dos primeros Juegos Olímpicos, a los que llegó con marcas personajes, que, de repetirlas, le representarían medallas. En 2004, en Atenas, Grecia, una lesión lo sacó de competencia, sin poder siquiera demostrar el alcance que tenía.
Triste, pero optimista, como en otros pasajes de su vida, siguió adelante, porque tenía la convicción de sus metas olímpicas
Llegaron los Juegos Olímpicos de Beijing, en 2008, de nuevo, con la convicción de querer ser medallista. Pero, también de nuevo, otra lesión lo sacó del escenario. Triste, pero convencido de su valía, celebró la medalla de su paisano Diego Salazar y volvió a empacar el sueño de estar en el podio de Londres 2012.
A su regreso a Colombia dice haberse no “encontrado”, sino estrellado con el técnico nacional de pesas, el búlgaro Gantcho Karouskov, a quien Óscar consideraba agresivo y maltratador en sus métodos y planes, y le atribuía “una lesión que casi me deja parapléjico, producto de levantar y levantar pesos, sin límite alguno”.

Londres 2012 y Río 2016
En Londres 2012, sin Gantcho, quien fue relevado de la dirección nacional de las pesas, y con Jáiber Manjarrés y Oswaldo Pinilla, como orientadores, llegó su revancha. Le tocó pelear duro, vencer la presión, para, en el último intento del envión asegurar la plata y, con 177 kilogramos, quedarse con el récord olímpico.
Cuatro años después, en el escenario de Río de Janeiro, Figueroa consiguió el máximo galardón de su luchada carrera. Mientras cumplía con sus rutinas en busca del oro, en la tribuna, una bandera colombiana grande se izaba cada vez que levantaba con éxito la palanqueta. Debajo de ella se ocultaba Hermelinda, su mamá, quien, emocionada, no se podía dejar ver de su hijo. «Era una sorpresa. Él no sabía que yo había viajado a verlo. Por eso, cada vez que superaba una marca, yo levantaba la bandera para festejar, pero también para esconderme”.
Cuando Óscar ganó, al primero que abrazó fue a Pinilla, su técnico, el sargento primero que le dio la bienvenida en aquella mañana de 2004 en el Batallón Agustín Codazzi, el mismo que lo acompañó a librar y a ganar sus mejores batallas deportivas.
Luego, la sorpresa. Para Figueroa ver a su mamá en Río de Janeiro fue el mejor premio, tal vez mucho más significativo que la medalla de oro: un abrazo, el beso y otra vez las lágrimas, esta vez de felicidad, de un hombre que minutos antes, en la plataforma, se había quitado las zapatillas y las dejó a un lado, en un rito con el que los pesistas le dicen adiós a la actividad competitiva, y qué mejor que irse levantando el brazo derecho, empuñando la medalla de oro y mostrándosela al mundo, con orgullo.
Después de Río, Oscar Figueroa decidió continuar sus entrenamientos, con la intención de participar en Tokio, en 2020, sus quintos Juegos Olímpicos, mientras se graduaba como administrador de empresas, en la Universidad Santiago de Cali. Sin embargo, el 26 de noviembre de 2019, a los 38 años, y durante una rueda de prensa anunció su retiro del deporte competitivo.
En los años siguientes, Óscar Alveiro Figueroa Mosquera, el más grande pesista colombiano de todos los tiempos, obtuvo una maestría en Gerencia Pública y una especialización en Dirección y Gestión Deportiva.

Su palmarés
Campeonatos mundiales
-Campeonato Mundial Juvenil de Halterofilia de 2000, quinto en la categoría de 57 kg.
-Campeonato Mundial Juvenil de 2001, medalla de oro en la categoría de 56 kg.
-Campeonato Mundial Juvenil de 2002. medalla de bronce en la categoría de 56 kg.
-Campeonato Mundial de 2006, medalla de plata en la categoría 62 kg, en arranque.
-Campeonato Mundial de 2007, cuarto en la categoría de 62 kg.
-Campeonato Mundial de 2009, cuarto en la categoría de 62 kg.
-Campeonato Mundial de 2011, cuarto en la categoría de 62 kg.
-Campeonato Mundial de 2013, medalla de bronce en la categoría de 62 kg. y medalla de oro en envión.
-Campeonato Panamericano de 2008, medalla de oro en la categoría de 62 kg, medalla de oro en envión y medalla de plata en arranque.
-Campeonato Panamericano de 2012, medalla de oro en la categoría de 69 kg, medalla de oro en envión y medalla de plata en arranque.
-Juegos Panamericanos de 2011, medalla de oro en la categoría 62 kg.
-XX Juegos Centroamericanos y del Caribe, medalla de plata en la categoría 62 kg.
-Juegos Bolivarianos de 2005, medalla de oro en la categoría 62 kg, medalla de oro en envión, medalla de oro en arranque.
-Juegos Bolivarianos de 2009, medalla de oro en la categoría 62 kg, medalla de oro en envión.





























