Muchas curiosidades sucedieron en los primeros años de la Vuelta a Colombia. Recordamos, en la primera, en 1951, el dopaje colectivo y consentido por el médico y la primera acción oficial en contra del “profesionalismo”, emprendida por la Asociación Colombiana de Ciclismo.
En el primer dopaje del ciclismo colombiano, incurrieron todos los participantes y fue autorizado por un médico. Sucedió durante la primera vuelta, en 1951, en la etapa que terminaba en Manizales en un duro ascenso. El doctor Carlos Casas Morales, galeno de la carrera, se compadeció de los ciclistas por el esfuerzo que les esperaba, que consideraba inhumano, y les dio unas pastillas para fortalecerlos y a la vez protegerlos del frío.

En esta primera vuelta, las tentaciones del profesionalismo también se asomaron por encima de los hombros de los corredores, por la influencia de las competencias rentadas que se hacían en el Viejo Continente, y por el buen balance económico arrojado por el fútbol, que nadaba en un océano de dinero, en la época de El Dorado, que había comenzado en 1949.
Como la gente, entusiasmada por el atrevimiento de quienes participaron en la prueba ofrecía todo tipo de obsequios al paso por las ciudades, la directiva de la Asociación Colombiana de Ciclismo se permitió «incautarlos», para después entregarlos, pero en especie: en material para la continuación de las prácticas, método que se extendió durante varios años para evitar las tentaciones del dinero.
Una vez concluyó la vuelta, el 18 de enero del mismo año, y para aclarar el destino que habían tenido las donaciones en dinero hechas a los protagonistas de la vuelta, la Asociación envió una carta a todos los periódicos nacionales, en la cual explicaba el camino que debían seguir tales prebendas:
«Estimados señores: en vista de las publicaciones que ustedes han venido haciendo por medio de sus respectivos periódicos, respecto a los diversos premios en efectivo donados por varias casas comerciales y entidades particulares, para obsequiar a varios corredores de la Vuelta a Colombia, les manifestamos que esta asociación, como máxima rectora del deporte ciclístico de Colombia, no permite por ningún motivo, que estos premios sean entregados en efectivo a los corredores, para evitarles que pierdan sus condiciones de amateurs. Esta asociación se encargará de recoger los dineros ofrecidos y con ellos adquirirá repuestos y accesorios para reponer las máquinas, y los dineros que sobran serán invertidos en trofeos que serán dados a los diversos ganadores de la prueba.
Atentamente,
Enrique Santos Castillo, presidente y Donald Raskin, secretario». Archivos Asociación Colombiana de Ciclismo.
Esta fue la primera reacción en contra del profesionalismo en el ciclismo colombiano, posición que se conservó durante algunos años, para después dar paso a un deporte no rentado oficialmente, pero notoriamente comercial, entre bambalinas, y, finalmente llegar al ciclismo profesional que tenemos hoy.
Veamos la lista de los premios ofrecidos en la primera vuelta:
Ganador absoluto: un pasaje gratis a cualquier lugar de la República, cortesía de Panavián; copa de plata, obsequiada por el almacén Ley, de Bogotá; copa donada por la Asociación Nacional de Industriales y copa de la Jefatura Nacional de Educación Física del Ministerio de Educación.
Segundo puesto: un premio de $50, obsequiado por la empresa de viajes Tierra, Mar y Aire, de la carrera séptima de Bogotá.
Los vencedores en etapas ganaban copas de plata, cámaras fotográficas, cocteleras, cigarrilleras, pasajes, lámparas de mesa, encendedores, álbumes de discos, sombreros y estuches de copa.





























