Claudia María Ruiz fue pionera del patinaje colombiano, primero como una de las pocas practicantes del país, y luego por haber conquistado la primera medalla colombiana en un Campeonato Mundial. Y todo esto transcurrió en tan solo 10 años de carrera, la década del nacimiento femenino de esta actividad en Colombia.

Por Alberto Galvis Ramírez
Director de la Revista Olímpica y presidente de la Academia Olímpica Colombiana.
Claudia María Ruiz Silva nació en Cali el 13 de marzo de 1971. Su infancia fue la normal de una niña de clase media que alternaba sus estudios con algunas actividades deportivas variadas, hasta que le fue regalado un par de patines en la Navidad de 1976, cuando tenia 6 años de edad.
En ese momento los implementos deportivos que le había traído el Niño Dios no le cambiaron la vida, pero cinco años después sí, porque decidió tomar el patinaje más en serio.
Un año después soñó que sería campeona mundial a los 21 de edad. Sin embargo, el objetivo lo alcanzó a los 19 años, con el histórico valor agregado de ser el primer monarca colombiano del patinaje en la categoría de mayores, en contra de los vaticinios que la señalaban como candidata a una medalla no dorada y tal vez después de Luz Mery.
Entre 1981 y 1990 Claudia Ruiz se llenó de títulos nacionales y centroamericanos y un subcampeonato panamericano.
Cuando fue llamada por el técnico australiano Billy Begg para que conformara el equipo nacional que participaría en el campeonato mundial de mayores de 1990, programado en Bello, Antioquia, sintió que había llegado el momento de demostrar sus progresos, aunque no pensó que se adelantaría la soñada consagración programada para dos años después.

En la tarde del jueves 15 de noviembre de 1990, pocas horas antes de comenzar Mundopatín, en Bello, Antioquia, Claudia Ruiz, la sencilla y hermosa caleña que había ganado buena cantidad de títulos nacionales en nueve años de carrera deportiva rompía el ayuno de Colombia en torneos mundiales y ganaba la primera presea de oro mundial del patinaje nacional en su historia.
Su logro, aunque difícil, contrastaba en ese mundial con el de Luz Mery Tristán, consagrada dos días después: ganó su primer título mundial casi sin proponérselo, mientras su compañera pereirana, lo hizo luego de varios intentos fallidos.
“Fue increíble. Yo al principio no entendí lo que significaba el tiempo que había impuesto. Luego, cuando mis rivales se fueron quedando me di cuenta de que mi triunfo era un hecho. Pensé en mucha gente, en mis familiares, mis amigos, en Sergio Pino, mi novio”, dijo al diario El Tiempo, poco después de obtener el oro.
También hubo reconocimientos para su técnico y para el patinaje por el significado que había tenido en su vida.
“Es que yo le debo mucho al patinaje. Por eso me alegró tanto el título. Es una forma de agradecerle a la gente, que siempre confió en mi: Phillipe Begg, mi entrenador, y a los patrocinadores”, agregó.
A pesar de sus deseos de protagonizar una larga carrera deportiva, Claudia Ruiz claudicó poco tiempo después.

Efímero reinado
A su regreso del mundial de Bello, recibió los honores por la gloria de ser la primera campeona mundial del patinaje colombiano y un empleo en la Gobernación del Valle, por gestión adelantada por el titular de entonces, Mauricio Guzmán.
Su vida amorosa también cambió porque terminó su idilio con Sergio Pino y comenzó un romance con el también patinador vallecaucano Luis Hernando Montaño, que terminó en matrimonio en 1993.
Al año siguiente quedó embarazada y debió abandonar el patinaje para dedicarse a cultivar su noble estado. A finales de 1994 dio a luz a su hijo Juan Felipe, que le exigió muchos sacrificios en los primeros meses. En 1995 determinó regresar a las pistas, aunque sin la misma fortuna anterior.
Poco tiempo después se deshizo su matrimonio y ella debió tomar las riendas de la crianza de su hijo, acompañada por su mamá Enelia. Desde entonces forman un trío indisoluble aún en los momentos más difíciles.
La vida de Claudia Ruiz fue relativamente tranquila hasta el año 2000. Tuvo el empleo que le brindó la estabilidad suficiente para educar a su hijo y no pasar apuros. Pero ese año el encanto terminó porque fue despedida.
Comenzaron entonces los días más difíciles de la vida, durante los cuales, Claudia ha podido sobrevivir vendiendo perfumería fina.

“Promesas, siempre hubo promesas pero ninguna se cumplió. Fuimos recibidos por el entonces Presidente César Gaviria y tan solo el Gobernador del Valle de la época, Mauricio Guzmán Cuevas, me ofreció un puesto que mantuve durante nueve años hasta que en la reforma del 2000 me sacaron sin tener en cuenta mis esfuerzos por dejar en alto el nombre de Colombia”, declaró a el diario El País en reportaje publicado en el año 2004.
“De mis títulos mundiales, panamericanos y centroamericanos, así como de muchos festivales en Europa, sólo me quedan medallas, trofeos y camisetas, que no me han servido para dejar la legión de desempleados que hay en el país”, agregó en el mismo reportaje, con un dejo de tristeza que la acompaña desde hace varios años.
Sólo el recuerdo de la hazaña lograda el 15 de noviembre de 1990 en la pista de Bello, Antioquia, mitiga un tanto el dolor de sentirse una gloria del deporte colombiano, aunque sumida en el olvido.





























