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Revista Olímpica

Alfonso Pérez cierra la tripleta de Munich 1972

El mismo 7 de septiembre de 1972, día de la consagración de Clemente Rojas Morales, un elemental boxeador nacido en Malangana, Bolívar, cartagenero, obtuvo la tercera medalla olímpica para Colombia, segunda del boxeo nacional. También recordamos a este héroe y celebramos con él las bodas de oro de su hazaña*.

Alfonso Pérez Torres era, a los 14 años, un estupendo prospecto de beisbolista que brillaba como jardinero izquierdo y quinta bate de Indios de Escallón Villa, que decidió, en el momento de gloria del equipo, irse del deporte colectivo al individual, porque quería honores para él solo.

Nacido en Malangana, Bolívar, el 16 de enero de 1949, Alfonso, que había practicado atletismo antes de abandonar el colegio en segundo de bachillerato, contribuyó a que Indios conquistara el campeonato juvenil en Cartagena, a donde sus padres llegaron en 1955 desde su natal Malagana, Bolívar, en procura de progreso. Fue campeón de bateo y recibió 100 pesos del Club de Leones, el patrocinador, pero una vez gastado el dinero le dijo al director técnico Hernando Villarreal que no contara más con sus servicios.

Octavo entre 11 hermanos, Alfonso ya había ido a entrenar boxeo en el gimnasio del Cuerpo de Bomberos, a la entrada del barrio Bocagrande, sólo que no había tenido disciplina para dedicarse de lleno. Era un peleador natural, de esos que pelean tres y cuatro veces en la calle en un mismo día. Pero una vez decidió meterse de cabeza en el boxeo, un deporte individual, lo hizo para quedarse.

Su padre, Juan, celador del Sena, institución en la que el hijo luego estudiaría mecanografía, no se molestó por el cambio repentino de deporte. Pero su madre, Dominga, se disgustó, aunque entonces se empeñó en alimentarlo mejor: le preparaba casi todo los días un almuerzo, a lo campeón: sopa de coliflor con ojo de vaca. «Eso te da fuerza y nunca estarás debilucho» decía la madre al hijo.

Como miembro del club Empresas Públicas Municipales y Torices se forjó como boxeador bajo la dirección de Pancho Villa, Pedro Acosta, Armando Velásquez y Chico de Hierro

Luego de cumplir 18 años  inició una carrera vertiginosa. Alcanzó seis títulos nacionales, desde el peso gallo hasta el ligero; varios trofeo como el púgil más técnico, y se convirtió en el mejor boxeador aficionado del país.

Pierde y recupera el cupo a Munich 72

Pero no solo era en casa. En el extranjero también brilló: obtuvo oro en el Torneo Centroamericano y del Caribe en 1970, en La Habana; repitió metal ese año en los Juegos Bolivarianos, en Maracaibo, Venezuela, y plata en los Juegos Panamericanos de Cali, en 1971, en una protestada decisión frente al puertorriqueño Luis Dávila, declarado por los jueces como el campeón, y oro en el Torneo Centroamericano y del Caribe de Puerto Rico, en 1971, luego de derrotar a Dávila. 

Sin embargo, en el selectivo a los Juegos Olímpicos de Munich-1972, en el campeonato nacional de boxeo de mayores en Barranquilla, cae por decisión frente a Emiliano Villa, del Atlántico, en memorable pelea, que contó con la participación de un jurado foráneo. 

El estadounidense Sidney Martin era el técnico nacional para los Juegos Olímpicos de Munich, pero renunció. Fue remplazado por el cubano Sócrates Cruz, quien estaba convencido de las condiciones de Pérez y decidió que llevaría a los Juegos Olímpicos a los dos boxeadores. Entonces hizo un movimiento magistral: dejó a Pérez en ligero y subió a Villa a welter ligero. Así, los dos fueron a Alemania.

«Fue una preparación rigurosa en Bogotá y Cali, donde permanecimos más tiempo. Yo estaba fuerte y no sentía los golpes de nadie. El boxeo colombiano jamás había ido a unos Juegos Olímpicos y con ese equipo, cada uno de los siete integrantes sabía que un buen botín se tendría al regreso de la ciudad alemana», recuerda hoy Pérez.

Alfonso Perez, con su medalla olímpica.

La batalla para el bronce olímpico

En la categoría ligero se inscribieron 37 púgiles de igual número de naciones. A Pérez lo favoreció el sorteo y no combatió en la primera ronda. 

Cuando subió por primera vez al cuadrilátero impuso su técnica, que consistía en un boxeo elemental pero efectivo: de jab de izquierda y recto de derecha. Así ganó por decisión de los jueces. «Dominé desde el primer minuto», recuerda.

La segunda batalla fue ante Karel Kaspar, de Checoslovaquia, considerado favorito de los europeos. Pero el colombiano supo contrarrestar el mal momento del comienzo, y al final de la batalla le levantaron los brazos. «Fue la pelea fue difícil. Ese checo era trabajoso», dice ahora.

La cuarta ronda, para asegurar una medalla de bronce, le tocó frente al turco Erasian Doruk. Desde el primer campanazo fue un intercambio de golpes, pero sobre el final del tercero, el colombiano logró imponer las condiciones y se quedó con el apretado triunfo. 

«Era la primera medalla del boxeo colombiano y la segunda de la delegación nacional, luego de la plata del tirador Helmut Bellingrodt. Me emocioné, pero quería llegar al oro», dice.

Injusta decisión lo privó de la final 

El obstáculo para acceder a la última ronda era Lászlo Orbán, de Hungría. Otra vez, en las semifinales del 9 de septiembre, Pérez impuso el one-two: jab y recto, y aunque la pelea resultó emocionante dejó la sensación de ser el ganador.

Sin embargo, tres de los cinco jueces decretaron ganador a Orbán, que pasó a la final y el colombiano debió conformarse con el bronce. «El público protestó la decisión de manera ruidosa, pero eso era un arreglo para favorecer a los peleadores de los países de La cortina de hierro. Yo gané, pero el fallo fue para él. Me sentí impotente porque gané más fácil que a los otros que enfrenté».

Unos días después, Cartagena recibió a Alfonso Pérez Torres como un héroe, en un recorrido que terminó en casa de sus padres, en el barrio Escallón Villa, frente al estadio de béisbol Once de Noviembre. José María Villalobos, más conocido como El perro, quien más tarde sería promotor de boxeo, realizó una recolecta en el mercado y en un camión mandó los ingredientes para un gigantesco sancocho, además de diez cajas de ron Tres Esquinas.

Un regalo entre los calzoncillos 

«No olvido ningún detalle de aquel día. En Bogotá, el director de Coldeportes, Humberto Zuluaga me regaló 50 pesos y me lo metí en la parte delantera de mis interiores por temor a que me robaran. Menos mal, porque una caja de zapatos que me regalaron de Alemania se perdieron… Yo recuerdo también que en el recorrido dos carros se chocaron… Fue una fiesta inolvidable».

Entonces el país supo que Pérez trabajaba como cartero en Adpostal. Alfonso Múnera Cabas, presidente de la Federación Colombiana de Boxeo, y su consejero, pidió un traslado para evitar desgaste físico y a Pérez lo enviaron como mensajero interno de las oficinas. «La medalla me sirvió en el trabajo, para ayudarles a mis hermanos a conseguir empleo y obtener mi casa sin tantos documentos».

Aunque recibió ofertas, Alfonso no pasó de inmediato al profesionalismo. Desde los 16 años vivía con su esposa Mercelis Peralta, dos años menor que él. 

Asistió a los Juegos Bolivarianos en Panamá, en 1973, y entonces sí debutó en el rentado, y noqueó en dos asaltos a Desio Rovira, en Cartagena, el 6 de abril de 1973. Su carrera aficionada, quedó en 209 victorias y 3 derrotas. Entre sus víctimas se contabilizan siete cubanos.

Fulgurante carrera profesional

Hizo una fulgurante carrera como profesional. Empató y noqueó al ídolo Bernardo Caraballo; derrotó, como preliminarista del gran Antonio Cervantes Kid Pambelé -entonces rey mundial welter junior-, al filipino Bert Nabalatán y en la misma Panamá fulminó al futuro campeón mundial Eusebio Pedroza. 

Recibió ofertas para irse a Venezuela con Ramiro Machado, entonces manejador de Pambelé, pero no quiso dejar a su entrenador Chico de Hierro. Aunque llegó a estar clasificado en el escalafón mundial y estuvo a punto de combatir con los campeones mundiales de entonces, el panameño Ernesto Ñato Marcel y el nicaragüense Alexis Arguello, sin apoderado fue desfavorecido en el exterior y, desmotivado, su carrera se diluyó hasta el retiro en 1981. 

«No fui campeón, porque no había en Colombia un promotor como lo hubo después con Billy Chams y (Luis Guillermo) El Mello Otoya. Tenía todo para coronarme», dice.

Pérez no se alejó del boxeo y se dedicó a entrenar a jóvenes peleadores. Por sus manos pasaron ex campeones mundiales profesionales, como su sobrino Juan Polo Pérez (supermosca), Elvis Álvarez (mosca), Harold Mestre (gallo) y Yonnhy Përez (gallo).

«No me quejo. Sigo entrenando con mucho entusiasmo. Tengo una pensión, luego de haber trabajado 17 años con Adpostal y 14 como marinero de draga en el Terminal Maritimo. Soy feliz con mis 11 hijos, ocho varones y tres damas, mientras veo crecer a mis 16 nietos.

“Además conservo, como mi tesoro preciado en el deporte, esta medalla olímpica», finaliza, al tiempo que estampa un beso al galardón de Munich-72…