El segundo gimnasta en el escalafón nacional, detrás del medallista olímpico, Ángel Barajas, cucuteño como él, también de la cantera de Jairo Ruiz, volvió a ser figura, ahora en los II Juegos Panamericanos Junior, en Asunción, Paraguay. Su camino sigue las mismas huellas de Barajas para encaminarse a los más altos sitiales, incluidos los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, en 2028.
Por Alberto Galvis Ramírez
Director de la Revista Olímpica
El gimnasta cucuteño Camilo Vera Carrascal volvió a ser figura internacional, ahora en los II Juegos Panamericanos, realizados hace algunos días, en Asunción, Paraguay, al ganar tres medallas de oro, en paralelas (compartido con su paisano Jorman Álvarez), barra fija y salto, y una de plata, en la competencia por equipos.
Con ese resultado, Vera confirma que es otra auténtica realidad en ese grupo de atletas que se forjan bajo la orientación del entrenador Jairo Ruiz, en la cantera cucuteña, en la cual han desfilado las más importantes figuras de este deporte en Colombia, como Jossimar Calvo, campeón en certámenes múltiples y mundiales y Ángel Barajas, el primer medallista olímpico colombiano, en París 2024.

Los resultados de Vera insinúan un mano a mano con Barajas, por la supremacía de la gimnasia colombiana, en el nuevo ciclo olímpico, el que conducirá a Los Ángeles 2028. Con seguridad, la sapiencia de Jairo Ruiz buscará que los dos avancen en una sana competencia que les brinde opciones exitosas a los dos y, desde luego, a Cúcuta y a Colombia.
Camilo Vera Carrascal nació en Cúcuta hace 18 años, en una familia de gimnastas, porque su abuelo, Lucio Hernando Vera, y sus tías Erla Mayerli y Erika Vera fueron gimnastas y representaron a Norte de Santander en torneos nacionales, y su tío Jairo Vera fue durante un tiempo, entrenador de gimnasia, antes de convertirse en técnico de natación clavados, en Cúcuta.
Precisamente fueron sus tías, hermanas de su mamá, Sara Zuleima Carrascal, quienes le enseñaron las primeras lecciones a Camilo, y cuando tenía apenas cuatro años lo motivaron a presentarse ante Jairo Ruiz Casas, en el gimnasio de la Liga Nortesantandereana, ubicado en el coliseo menor Eustorgio Colmenares Baptista, de Cúcuta.

La disciplina, su gran fortaleza
Desde el comienzo, arropado por toda la familia, Camilo demostró condiciones físicas para la gimnasia, pero, especialmente mucha disciplina, para dejarse conducir por su entrenador, lo que garantizaba un trabajo enfocado en el futuro.
Entonces aparece el primer obstáculo extra: como la situación económica de su padre no era la mejor, debió aceptar un trabajo como administrador de una finca, en el Catatumbo, y la familia entera se trasladó a esa región, afectada por la violencia guerrillera. Camilo tenía 11 años, y ante la carencia de escenarios y herramientas para seguir sus entrenamientos, él, y sus hermanos, Jhan Carlos, de 14 años, y Dana, de 10, quienes eran judocas, debieron seguir su respectivo deporte en un improvisado tierrero construido con palos, cemento y ladrillo, en un rincón de su finca, en zona rural del Catatumbo, sí, el mismo pedazo de patria que hoy sufre por la violencia desatada por el ELN, que ha desplazado a miles de paisanos suyos. “Ahí teníamos una paralela, una barra y unas pesas de ladrillo, para hacer las rutinas”, recuerda Camilo.
Los tres jóvenes tenían enormes condiciones y corto recorrido, y ya se habían consagrado en torneos nacionales: Jhan Carlos era medallista nacional, subcampeón en los juegos Intercolegiados Supérate 2019; Camilo, en torneos nacionales en la categoría preinfantil, y Dana apenas daba sus primeros pasos y se lamentaba por la situación que los acompañaba: “tenemos muchas dificultades, pues estamos en una finca en la zona del Catatumbo para estudiar y entrenar, no tenemos luz y es peligroso, no tenemos Wifi para hacer nuestras actividades escolares, tenemos un celular que debemos cargar en una finca vecina, a través de Whats App enviamos nuestros trabajos y las rutinas del entrenamiento”.

En el Catatumbo se hizo más fuerte
El conocimiento impartido por el entrenador Jairo Ruiz le llegaba a Kheyner Camilo con muchas dificultades, por la ausencia de tecnología, pero eso no los desanimó, porque su pasión por la gimnasia permaneció intacta.
Camilo recuerda esa difícil etapa de su vida, no como una pausa, sino como una oportunidad para crecer en medio de unas limitaciones extremas, que lo hicieron mucho más fuerte y firme para enfrentarse a lo que viniera en su vida y en el deporte.
Poco después, el acoso de la guerrilla produjo efectos contrarios y positivos, porque la familia regresó a Cúcuta, y Camilo volvió a las huestes del maestro Jairo Ruiz Casas, el forjador de la gimnasia en el Norte de Santander, con quien siguió construyendo un futuro que lo ha llevado a los primeros lugares de la gimnasia infantil y juvenil de Colombia.
En ese momento, el número uno de la gimnasia colombiana era su paisano Jossimar Calvo, pero una camada de jóvenes crecía, encabezados por la nueva joya, Ángel Barajas, apenas un año mayor que Kheyner Camilo. Pocos podían creer, que, cuando apenas estaba incubándose la figura de un niño como Ángel Barajas, ya su formador tuviera otro, casi de su misma edad, que le disputara la condición de nueva joya de la gimnasia colombiana, también cucuteño como Barajas; también gimnasta múltiple, y también su alumno.
Claro, todos estos jóvenes campeones fueron el resultado de un largo proceso (“largo”, es un decir, porque apenas empiezan a salir de la infancia), que comenzó cuando eran muy niños y se fue consolidando hasta los años en los cuales su desarrollo físico y mental fue consolidándose.
Hoy, la más connotada figura se llama Ángel Barajas, pero sus pasos son pisados muy de cerca por Camilo Vera Carrascal, y mañana podría ser otro más de la camada de Jairo Ruiz, lo que insinúa una lucha por el poder de la gimnasia colombiana, con alta cuota de los gimnastas nortesantandereanos.

“Potencia, fuerza y velocidad”
Como todos los pupilos de Jairo Ruiz, Camilo es muy disciplinado, comprometido, serio y responsable con sus planes de entrenamiento, que cumple diariamente, casi todo el día en el gimnasio de la Liga.
Así lo define su descubridor y forjador: “Es un gimnasta muy potente, tiene fuerza y velocidad. Es el único gimnasta latinoamericano en el momento que hace la rutina de doble con triple en piso, un ejercicio de mucha complejidad, y solo habrá unos cinco gimnastas en el mundo que la hacen, incluyendo la categoría de mayores”.
“La gimnasia para mi representa absolutamente todo. Quiero crecer como persona y deportista, soy consciente que con el deporte puedo lograr esas metas”, confiesa Camilo, quien se perfila como una de las grandes figuras de la gimnasia colombiana, en el ciclo olímpico que nos conducirá a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028.
Durante su corta carrera ha sido: tercero tres veces, y una vez segundo, en la categoría preinfantil; campeón por equipos y tercer puesto nacional, en suelo; campeón nacional preinfantil cuatro veces; campeón y subcampeón suramericano, y cuádruple campeón y una vez subcampeón, en los Juegos Bolivarianos de la Juventud, además de múltiple medallista en los Juegos Nacionales Eje Cafetero 2023, y ahora triple campeón en los II Juegos Panamericanos, celebrados en Asunción Paraguay, hace pocos días.
“La gimnasia para mi representa absolutamente todo. Quiero crecer como persona y deportista, soy consciente que con el deporte puedo lograr esas metas”, confiesa Camilo, quien se perfila como una de las grandes figuras de la gimnasia colombiana, en el ciclo olímpico que nos conducirá a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028.





























