Este bogotano encarna dos etapas del billar contemporáneo, en Colombia. En sus primeros años de vida, hasta la mayoría de edad, estuvo cerca del billar libertino, porque su padre era administrador de locales no santos. Después de los 18 se dedicó a la alta competencia, con especial coraje y valentía, cuando este deporte alcanzó el estatus que tiene hoy.
Por Alberto Galvis Ramírez
Director Revista Olímpica
¿Es posible que un ser humano afectado de “temblores esenciales” gane una partida de billar? Es más: ¿es posible que triunfe en un campeonato? Más aún: ¿Es factible que se corone campeón o subcampeón mundial?
Pues normalmente es imposible, porque es necesario vencer las leyes de la naturaleza humana, pues el billar depende de un pulso firme y estable, y los “temblores esenciales” afectan precisamente el pulso y la estabilidad.
Pues esta historia asombrosa la protagonizó Pedro González Escobar, un sencillo bogotano que había luchado durante varios años para clasificar a un campeonato mundial de billar, y luego de lograrlo, en el año 2022, con Huberney Cataño, empezó a sufrir de “temblores esenciales”, movimientos involuntarios en antebrazos y manos, que afectan actividades que requieren calma, estabilidad y puntería, como el billar.

En los días previos al Mundial de Billar, González Escobar no podía siquiera coger el taco. Una vez enterado Huberney del grave problema de su compañero, en lugar de asumir una posición fatalista le dio todo el apoyo moral necesario y lo animó a ir con él al torneo, que se celebraría en Viersen, Alemania, sede de casi todos los más importantes certámenes del billar mundial.
Con pocas esperanzas de lograr una decorosa actuación, los dos colombianos llegaron a tierra germana, practicaron, y en medio de la incertidumbre de Pedro, y el optimismo de Huberney, comenzaron su participación.
Extrañamente, cuenta Pedro, pudo controlar los “temblores esenciales” en cada una de sus rutinas, porque a pesar de sentirlos y sufrirlos todo el tiempo ejecutó un billar casi perfecto. El primer golpe lo dio Pedro González, ante Países Bajos, al aventajar en su estreno al número uno del mundo, Dick Jaspers, mientras Huberney superaba a Jean Paul de Bruijn.
Posteriormente, la pareja colombiana venció a la dupla francesa de Jérôme Barbeillon y Cédric Melnytschenko; al dúo coreano de Kim Haeng-jik y Cho Jae-ho; al los alemanes Martin Horn y Ronny Lindemann, y a los belgas Frédéric Caudron y Eddy Merckx, para llegar a la final, en la cual enfrentaron a los turcos Tayfun Taşdemir y Can Çapak, quienes los derrotaron, luego de unas partidas brillantes, que recibieron los elogios de los sorprendidos participantes en ese torneo.
De regreso a Colombia, la dupla recibió todos los honores por su hazaña, y un buen apoyo económico que premiaba muchos años de dificultades y tropiezos, de los dos atletas, que lograron la más grande hazaña en la historia del billar colombiano.

Destinado para el billar
Pedro González Escobar, nuestro invitado en esta semblanza, nació en Bogotá, el 27 de mayo de 1976, con un destino marcado por el billar, porque su padre, Pedro González, era administrador de billares, en una época en la cual el trago, el cigarrillo y la prostitución eran normales entre los billaristas. Su infancia la vivió al lado de su mamá, Ana Celia Escobar y sus hermanos, mayores que él, Oscar, Jairo y Olga Lucía, en el barrio Santa Fe, en el centro de Bogotá, mientras estudiaba en el Gimnasio Santa Rosa de Lima, primero en la sede del barrio, y después, en un convento ubicado en la carrera 28, entre calles 20 y 22, de Bogotá, frente a los apartamentos Usatama.
Desde muy niño, dos deportes estuvieron en su radar: el fútbol, que escogió en el colegio, y el billar, que parecía haberlo escogido a él, por influencia natural de su padre, pero que no podía practicar porque, en ese momento, estaba prohibido el ingreso de menores a los billares.
En el fútbol se destacó como portero, en la Escuela del exjugador brasileño Walter Waltinho, en programaciones que se realizaban en los campos de Chigüiros. Entretanto su hermano Oscar jugó microfútbol, pero sin rigor, y sus otros hermanos se dedicaron a los estudios.
A pesar de crecer en el gremio del billar debieron ocurrir dos sucesos tristes para que se acercara al taco y a las bolas. El primero: su carrera en el fútbol terminó a los 15 años, por una lesión en la cadera que le afectó el fémur de la pierna derecha y lo envió a la Clínica Roosvelt, al oriente de Bogotá, de la cual salió enyesado y así debió permanecer durante un año, con la prohibición de no volver al fútbol, que cambió por el billar. Pero como era menor de edad no podía ingresar a los locales destinados a esta práctica. Entonces jugaba en unos denominados billarines, abiertos a los jóvenes como él, en los cuales conoció buena parte de los secretos de este deporte, mientras estudiaba en el Gimnasio Santa Rosa de Lima.
En esas dos actividades le llegó la mayoría de edad, en 1999 y su título de bachiller. Sin embargo, ocurrió el segundo hecho doloroso que afectó su vida: la separación de sus padres, que lo llevó a dejar los estudios y a comenzar su vida laboral en Almacenes Only, ubicados junto a la Academia Colombiana de Billar, administrada por su padre, en el barrio Chapinero.
Comenzó entonces la primera actividad seria en el billar, porque todas las tardes salía del Only, e ingresaba al local de enseguida, el de la Academia, para dedicar largo rato a jugar billar, sin consumir licor, ni fumar, en una mesa que su padre le había separado, exclusivamente para él.
Desde comienzos de los años noventa, del siglo XX, la Federación Colombiana de Billar, presidida por el boyacense Antonio Molano Escobar, presidente de los Seguros Sociales, daba los pasos necesarios para convertir el billar en un deporte alejado de los vicios. Molano llamó a Pedro González, padre, para que se encargara de la dirección técnica y de la logística de la entidad, con la intención de darle la orientación que convirtiera al billar en un deporte de alta competencia.
En 1999 se celebró la I Copa Mundo de Billar en el Centro de Convenciones Gonzalo Jiménez de Quesada, bajo la presidencia de la Federación de Antonio Molano, y la dirección logística de Pedro González, el papá del joven que daba sus primeros pasos.

El joven Pedro González Escobar participó en esa Copa Mundo, al lado de grandes jugadores a quienes admiró, como Jaime Bedoya, El Pote González, José Gómez, Aristóbulo López, Rodrigo Gómez y Eleazar Ramírez, entre otros, y aunque no ganó nada, aprendió de ellos. Precisamente el veterano Pote González, contratado por su padre, fue su profesor en esos primeros años.
Un año después, Antonio Molano lideró la realización de la II Copa Mundo de Billar, en Colombia, en la sede de Corferias, en la cual González participó, sin ningún protagonismo, como quemando esas etapas de aprendizaje, que lo llevarían a la cúspide del billar nacional.
Sin embargo, los problemas familiares derivados de la separación de sus padres, afectaron a Pedro tanto, que se retiró del billar entre los años 2002 y 2003, dejó los estudios, se independizó de la familia y se dedicó al trabajo como vendedor en Only, ahora en la sede del Barrio Restrepo, ubicada justo al lado del Club Internacional de Billar, es decir, su deporte permanecía como un imán a donde él fuera.
En 2006 ocurrió lo que tenía que ocurrir, tres hechos que le definieron su ruta futura en el billar. El primero, aceptó la invitación de un amigo, para salir del retiro y participar en un torneo, en dicho Club Internacional, que ganó, en la segunda categoría, y se redescubrió como buen jugador de billar. Segundo, se enredó en el Only, con una señora que era la amante del administrador del almacén, quien lo echó del puesto. Y tercero, llegó al país, procedente de Estados Unidos, el entrenador colombiano José Demetrio Pepe Hernández, contratado por la Federación, quien tendría la tarea de modernizar el billar colombiano, quien conoció a Pedro González y se convirtió en su entrenador. Estos tres sucesos lo llevaron a hacer el empalme con su nueva y definitiva profesión, jugador de billar, para comenzar una historia que lo elevaría a los mejores escenarios del mundo.
Los resultados se empezaron a ver al año siguiente, porque en 2007 se consagró campeón nacional de mayores y ganó el cupo para participar en el Panamericano de México, pero la Federación, ahora presidida por Jorge Aldana Matiz anunció que habían sido negadas las visas a la totalidad del equipo nacional, y que se cancelaba el viaje. Dice Pedro que la verdad fue que a Aldana le negaron la visa y él decidió cancelar la participación de todo el equipo, decisión que generó una enorme frustración colectiva, en quienes eran los mejores billaristas colombianos.
En los cinco años siguientes, Pedro González registró un fuerte bajón en sus resultados, dice él, que desmotivado por las pésimas administraciones de la Federación, hasta que en 2018 llegó a la presidencia Jorge Eliécer Franco Pineda, quien adelantó una profunda transformación que modernizó y saneó el billar de alta competencia en Colombia.
En 2016 recibió el más fuerte impacto emocional de su vida, al fallecer su padre.
En 2018 decidió desafiliarse de la Liga de Billar de Bogotá, para vincularse a la del Atlántico y trasladarse a vivir a Barranquilla, en donde, bajo la orientación de José Pepe Hernández, en la distancia, logró desplegar lo mejor de su juego y alcanzar las más destacadas figuraciones de su vida.

En ese año, Pedro González venció en 12 torneos nacionales; participó y ganó por primera vez el Campeonato Panamericano, celebrado en México, a donde viajó, acompañado por su entrenador, cuyos gastos fueron pagados por maestro y alumno, y clasificó al Mundial de Egipto, en el 2019, en el cual fue eliminando en la primera ronda.
En ese mismo 2019 volvió a ganar el Panamericano, realizado en Lima, Perú, al cual viajó acompañado por su técnico, José Pepe Hernández, y por Jorge Franco Pineda, y clasificó para el Mundial del 2020, realizado en Dinamarca, en el cual avanzó a la segunda ronda.
Cuando andaba acumulando títulos en los torneos domésticos, llegó la pandemia del COVID 19, durante la cual, desde el confinamiento, en Barranquilla, ganó un torneo nacional virtual.
En 2021, al regresar a la presencialidad ganó por tercera vez el Panamericano, realizado en Lima, Perú, y obtuvo el cupo para los Juegos Mundiales Birmingham, Estados Unidos, en los cuales terminó cuarto, luego de perder con su compatriota José Juan García, quien obtuvo la medalla de plata.
En el 2022, Pedro González y Huberney Cataño lograron la hazaña del subcampeonato mundial, en Viersen, Alemania, con la cual abrimos esta semblanza.
En 2023, Pedro González, con apoyo psicológico, y en pleno tratamiento para recuperarse de los “temblores esenciales”, participó con Huberney Cataño en el Panamericano, en el cual no lograron destacarse, pero ganaron una nueva clasificación al Mundial del 2024, realizado de nuevo en Viersen, Alemania, en donde fueron eliminados en la primera ronda.
En 2024, de nuevo con Huberney, ganó su tercer título panamericano, en el torneo celebrado en Buenos Aires, Argentina, y obtuvieron el cupo para el Mundial del 2025, en Bélgica, en el cual Huberney fue cuarto y Pedro, quinto.





























