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Revista Olímpica

Clara Juliana Guerrero, ejemplo de talento y disciplina

 Debutó en el ciclo olímpico en los Juegos Bolivarianos de Arequipa en 1997 y, desde entonces, siempre se ha subido al podio cuando representa al país. Ya son 27 años de carrera deportiva en el ciclo olímpico y Clara Juliana se ha subido al podio en más de 60 oportunidades, en individual, dobles, ternas y equipos de Bolivarianos, Suramericanos, Centroamericanos y del Caribe y Panamericanos.

Por Filiberto Rojas Ferro

Director de comunicaciones Comité Olímpico Colombiano

Ser múltiple campeona mundial, integrar el Hall de la Fama Internacional del Bolo y ser la colombiana que más medallas ha ganado en la historia del ciclo olímpico para nuestro país, son los logros que hacen de la quindiana Clara Juliana Guerrero Londoño un ejemplo de talento y disciplina para las nuevas generaciones.

Sus logros no han sido cuestión del azar, ya que Clara Juliana ha dedicado su vida entera a entrenar y perfeccionar sus lanzamientos con una disciplina única, exclusiva para los grandes atletas, quienes construyen, a base de esfuerzo, carreras deportivas exitosas, que luego se convierten en prototipo a seguir por niños y jóvenes.

Aunque la historia de Clara Juliana empezó como una fantasía para cualquier bolichero, en una cuna de pines, bolas, pistas y muchas moñonas, la vida la ha llevado por un camino de sacrificios, disciplina y esfuerzos que se describen de forma perfecta con su apellido: Guerrero.

Su abuelo, Leonardo Guerrero, fue uno de los fundadores de la Corporación Bolo Club, la primera bolera de Armenia, lugar donde se conocieron Diego Guerrero y Clara Inés Londoño, padres de Clara, quienes, junto con su primer hijo, Diego Fernando, iniciaron un sueño en familia que hoy ha hecho realidad la menor de la casa.

Con tres meses de embarazo, Clara Inés todavía lanzaba en las pistas del Bolo Club. El 22 de abril de 1982, llegó la nueva integrante de la familia de bolicheros: Clara Juliana, quien dio sus primeros pasos cerca de las pistas y se convirtió en la fan número uno de sus padres, al punto de querer lanzar y jugar como ellos, los héroes de la infancia.

Sin embargo, la natación y el voleibol aparecieron en su camino. En la mañana entrenaba natación, iba al colegio, en la tarde lanzaba bolas en la bolera y los fines de semana integraba el equipo de voleibol del Colegio San Luis Rey, una rutina tan exigente que la obligó a elegir, a tomar la primera gran decisión de su vida cuando sólo tenía nueve años: Eligió el bolo para seguir con el linaje familiar, extender la dinastía de bolicheros y emprender la ruta de su vida ligada al deporte del hogar.

Con 12 años, más una disciplina y madurez incomparables, Clara Juliana se dedicó a su deporte, que en la familia ya había dado alegrías en eventos regionales y nacionales con su abuelo, sus padres y su hermano Diego Fernando, el motor de la infancia para ir a aprender y a entrenar.

El talento la llevó a, con 15 años, integrar la Selección Nacional de mayores, en los Juegos Bolivarianos de Arequipa, en Perú, donde la orgullosa representante del Quindío comenzó el exitoso camino, lleno de moñonas con el tricolor nacional y con la ilusión de llegar al profesionalismo.

Fue por eso que se declaró admiradora del venezolano Amleto Monacelli, el primer latino en llegar al Circuito Profesional de Bolo en los Estados Unidos, quien por su estilo motivó a Clara Juliana a visualizar un sueño: competir y ganar en el PWBA, el equivalente en bolo del LPGA del golf o el WTA del tenis: la máxima carpa mundial.

Una vez finalizó el colegio, Clara se radicó en Medellín para estudiar Negocios, sin descuidar la meta que se había trazado con el deporte, un propósito que alimentó en cada concentración con la tricolor, cuando su amiga Sara Vargas la empezó a motivar para dar el salto a Estados Unidos, la cuna del bolo mundial.

Sara la convenció, pero la decisión no era individual, como su vida y el bolo; la última palabra era familiar. Viajó a Armenia, se reunió con sus padres y, con total apoyo, como los más grandes patrocinadores de su vida, Clara viajó en 2002 con pocas palabras aprendidas en inglés, pero cargada de ilusiones, desafíos y sueños.

La Universidad de Wichita, en Kansas, una de las mejores de los últimos tiempos en la formación de bolicheros, recibió a la hija de Armenia. El primer año fue para aprender inglés y entrenar, pues si no sabía hablar el idioma no podía jugar para el selecto equipo de su plantel.

Pasó el 2002, regresó en 2003 a Colombia, presentó los exámenes exigidos de idiomas y en agosto, con otro gran esfuerzo familiar (que implicó venta de casa y carro) regresó a Kansas, para integrar el equipo de la Universidad de Wichita, con el que se hizo grande durante tres años, a pesar de que todo el esfuerzo parecía ser en vano, pues en ese mismo 2003, por falta de recursos, cerraron el PWBA Tour. Su sueño parecía imposible.

Con la desaparición del PWBA Tour, Clara empezó a competir contra los hombres en el PBA Tour, la única opción para sostener el rendimiento que le permitiera vestir el tricolor nacional en cada certamen internacional; lo hizo con méritos, como en el Campeonato Mundial de Las Vegas en 2009, cuando alcanzó la hazaña más grande de su vida deportiva: Ganó dos medallas de oro en todo evento y la final de maestros, para ser incluida en el Salón de la Fama Internacional del Bolo.

El resto de sus logros son más conocidos, como las medallas de oro panamericanas en las últimas tres ediciones: Toronto 2015, junto con Rocío Restrepo en dobles y en individual en Lima 2019 y Santiago 2023, donde ganó la medalla 101 de Colombia y la 29 de oro, la cifra récord como delegación.

Ya son 27 años de carrera deportiva en el ciclo olímpico y Clara Juliana se ha subido al podio en más de 60 oportunidades, en individual, dobles, ternas y equipos de Bolivarianos, Suramericanos, Centroamericanos y del Caribe y Panamericanos, triunfos que la convierten en referente del deporte colombiano y ejemplo de talento y disciplina para el país.