Durante más de 60 años, ha ejercido el periodismo deportivo, en radio y televisión, con calidad, creatividad, resiliencia, disciplina y ética. Hoy, a sus 84 años sigue vigente como en los años dorados, en el movimiento olímpico, que se enorgullece de seguir contando con su talento.
Por Alberto Galvis Ramírez
Director Revista =l´9mpica
David Cañón Cortés forma parte de una exclusiva generación de periodistas que hace más de 60 años, paso a paso, sin afanes, pero sí con la obligación de sobrevivir trazaron caminos para darle forma al aún precario periodismo audiovisual de Colombia; sacaron de la nada ideas que fueron dando forma a un estilo de comunicación muy colombiano, y luego de lanzar sus inventos acompañaron al periodismo deportivo colombiano en su desarrollo posterior. Y hoy, a los 83 años, Cañón sigue vigente, con su voz, su imagen y su inteligencia, en los medios de comunicación del Comité Olímpico Colombiano.

Nacido en Maripí, una pequeña población agropecuaria y esmeraldera de Boyacá, el 12 de diciembre de 1941, en la familia del hijo de campesinos y empleado oficial de la alcaldía, Luciano Cañón Peña, y de la ama de casa Carmen Cortés de Cañón, quienes tuvieron en esa población los cuatro primeros hijos, Mariela, David, Myriam y Marco Antonio, y tres más, en Bogotá, a donde llegaron luego de una romería para esquivar la violencia partidista desatada entre liberales y conservadores, y la necesidad de asegurar la supervivencia.
Su padre era liberal y declarado seguidor de Gabriel Turbay, rival en el partido Liberal del líder izquierdista Jorge Eliécer Gaitán
Antes de 1948, acosados por la violencia que afectaba a Maripí, Luciano Cañón y Carmen Cortés echaron mano de sus dos hijos mayores, Mariela y David, mientras los dos siguientes, Myriam y Marco Antonio se quedaron bajo la protección de una de sus abuelas, y partieron rumbo a Bogotá, la ciudad que más garantías brindaba, en una época en la cual liberales y conservadores se mataban sin piedad, en los campos colombianos. Residenciados transitoriamente en Fusagasugá, Cundinamarca, Luciano empezó a trabajar en el comercio de papa, entre Pasca y Fusa. En la tarde del 9 de abril de 1948, cuando se dirigían con su carga hacia Pasca circuló la alarma entre los pobladores, sobre el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, en Bogotá.

En los días siguientes, la violencia entre liberales y conservadores aumentó en la zona, lo que obligó a que el jefe de la familia y su esposa tomaran de la mano a sus hijos, menores de 10 años, y partieran rumbo a Bogotá.
Instalados en arriendo en una casa del barrio Ricaurte, y reunida toda la familia, con la llegada, provenientes de Maripí, Boyacá, de los hijos menores, Myriam y Marco, su padre empezó a trabajar en el negocio de la madera, en Guayabetal, Cundinamarca, en la vía a Villavicencio.
Al poco tiempo, con algunos ahorros raspados a sus ingresos, Luciano logró comprar la primera casa en Bogotá, en el mismo barrio Ricaurte, mientras la madre activaba una nueva forma de apoyo a la economía familiar, con el arriendo de habitaciones, a boyacenses que escapaban de la violencia generalizada en el campo colombiano.
Además de sus estudios en la Escuela Pública del mismo barrio, David invertía sus horas de descanso “gaminiando”, es decir, calle arriba y calle abajo, mientras jugaba trompo y cinco huecos, y asistía al cine denominado “vermouth”, después rebautizado como “matinal”, de 10:00 am. a 1:00 PM. con su primer compinche, Héctor Castro, quien le alcahueteaba otras locuras, como ir a los radioteatros de las emisoras Nuevo Mundo (matriz de Caracol) y Nueva Granada (matriz de RCN). En estas andanzas, sin saberlo, estaba dando sus primeras puntadas como periodista, porque desarrolló su vocación melómana, detrás de artistas especialmente mexicanos, como Pedro Vargas, Tin Tan y Pedro Infante; de boleristas caribeños, como Beny Moré y Daniel Santos, y de humoristas como Montecristo, Hebert Castro y el dueto cómico-musical, Los Tolimenses, que eran presentados con frecuencia en esos radioteatros.

La comunicación lo atrae
Sin terminar el bachillerato, y atraído por los medios de comunicación, David empezó a estudiar en el Colegio Superior de Telecomunicaciones y entró a trabajar como mensajero en la agencia inglesa de publicidad Colman Prentis and Varley, CPV, que manejaba, entre otros productos, a Totogol, Shell y Nescafé. En esa empresa conoció a su mecenas, Alberto Piedrahita Pacheco, quien era jefe de Radio y Televisión de la agencia, quien quedó impactado por la inteligencia y la creatividad del muchacho de 17 años. Dos años después, David Cañón se graduó en el Colegio Superior de Telecomunicaciones, y Piedrahita le consiguió su segundo empleo, en Emisora Suramérica, como «disyóquey» o «pinchadiscos», de 11 de la noche a 6:00 de la mañana, jornada en la cual disfrutaba poniendo música de sus artistas predilectos, especialmente de los boleristas del Caribe. En este oficio aprendió las tareas de locutor-control, pues debía escoger las canciones, en inmensos discos en acetato, anunciarlas por el micrófono y ponerlas a sonar, y eso, durante siete horas continuas, en medio de la absoluta soledad.

Posteriormente, David Cañón entró a trabajar a Radio Juventud, al lado de otros jóvenes, como Alfonso Morillo y un paisano suyo nacido en Tunja, de nombre árabe, Yamid Amat, con quienes hacía tres horas de noticias y tres más de locución. De Yamid y de Morillo aprendió hasta los trucos de la radio de la época, como copiar las noticias de otras emisoras, como Nueva Ganada, Nuevo Mundo y Radio Santa Fe, para armar el noticiero propio. Posteriormente trabajaría en Emisora 1020, con otro grande de la radio colombiana, Carlos Pinzón.
Su carrera en forma en los deportes comenzó en 1965, cuando regresó a RCN, como coordinador de eventos deportivos.
Tiempo después tuvo que visitar el almacén de la emisora para pedir, no recuerda qué, porque su atención quedó congelada en una joven empleada santandereana, de 18 años, de quien quedó herido de muerte. Regresó a su puesto de trabajo sin el implemento que necesitaba, pero que ya no le importaba, porque lo que ahora quería del almacén era capturar con su corazón a esa bella joven, a quien se le declaró. Luego de un corto noviazgo, el 8 de abril de 1967, cuando él tenía 25 años y ella 18, se casaron y empezaron a construir una familia durante los últimos 58 años, que ha sido el motor de su vida.

Primeras e importantes transmisiones internacionales
A mediados de 1970, David Cañón Cortés ingresó a Caracol, por invitación de Mario Leyva Mejía, con quien hacía la Cabalgata Deportiva Gillette, uno de los programas emblemáticos de esos años, en la radio deportiva colombiana. A mediados de 1971, como locutor deportivo formó parte del equipo que cubrió por primera vez para la televisión colombiana, un evento de alta dimensión, los VI Juegos Panamericanos, en Cali. Cuando terminaron fue contratado por el recién creado pool RTI, Punch y Caracol, destinado a producir transmisiones para la TV colombiana. En este nuevo escenario alternó con figuras, como Fernando Gómez Agudelo, ex primer director de Inravisión, nombrado por el presidente de facto, el general Rojas Pinilla, y el libretista de televisión, Bernardo Romero Pereiro, de quien asegura que aprendió mucho de televisión.
En los años siguientes, David Cañón formó parte de los equipos del pool, que transmitieron los Juegos Olímpicos de Múnich 1972, en los cuales Colombia ganó sus tres primeras medallas olímpicas, y los mundiales de fútbol de 1974, 1978 y 1982, y un interligas de baloncesto, en el 74, con el cual el país conoció más a San Andrés y Providencia, por la alta calidad de sus jugadores. Todas estas actividades las alternaba con la presentación de las noticias deportivas en Telediario, de Arturo Abella, con el permiso del pool.
En 1978 Medellín celebró los Juegos Centroamericanos y del Caribe, que fueron transmitidos al mundo por Inravisión, con la programadora Imagen 2000 Televisión, bajo la dirección general de David Cañón.
A partir de ese año, Inravisión (hoy, RTVC) abrió una nueva licitación para adjudicar franjas de programación en los tres únicos canales, todos públicos, Cadena Uno, Cadena Dos y Cadena tres. Alberto Piedrahita Pacheco crea la empresa Color Comunicadores, para producir contenidos de TV., e invita a ser sus socios a David Cañón, Fernando González Pacheco y Juan Harvey Caicedo. Inravisión les adjudica por cuatro años la franja dominical de las 10:00 AM. a las 12 M., en la Cadena Uno, y ellos inauguran el programa Fútbol, el mejor espectáculo del mundo, para transmitir, por primera vez en Colombia, fútbol internacional.

La venganza del Chavo del Ocho
Sagradamente, todos los domingos, el grupo de profesionales presentaba los más atractivos partidos de fútbol de las ligas de Italia, Alemania, Brasil y Argentina. Su audiencia fue creciendo, al mismo ritmo que sus finanzas, y el incontenible éxito los arropó hasta 1982, cuando en la nueva licitación, Inravisión excluyó la franja dominical de 10:00 a 12 M., para reservarla a programación infantil, y en cambio abrió la misma franja, pero los sábados. Como no era obligación volver a aspirar con Fútbol, el mejor espectáculo del Mundo, Piedrahita les comentó a sus socios, que desde México le habían propuesto presentarse a la licitación de Inravisión de ese año, con un programa de humor, de un comediante, que daba tumbos para hacerse notar, que a él le parecía mediocre y cursi. Piedrahita y sus socios prefirieron seguir con Fútbol, el mejor espectáculo del mundo y se presentaron para el Canal Uno, mientras el programa de humor en mención era propuesto para la Cadena Dos, por Colombiana de Televisión, para la misma franja. A las dos programadoras les fueron adjudicados los espacios, de 10:00 AM. a 12 M., es decir se convirtieron en competencia. Al poco tiempo, las estadísticas de rating, que les favorecieron sobrados en el cuatrienio anterior se invirtieron y Fútbol, el mejor espectáculo el mundo fue superado con más del 80 por ciento, por El Chavo del Ocho, del “comediante mediocre y cursi” Chespirito, que comenzaba su eterno reinado en Latinoamérica. “Hasta mis hijos, que estaban pequeños, veían El Chavo y no el programa de su papá”, recuerda David Cañón.
Este fue el definitivo punto de rompimiento de la economía familiar de Cañón, porque la empresa más exitosa de los cinco años anteriores se quebró, como una especie de venganza del Chavo, por haberlo rechazado, y les dejó un rosario de deudas, de las cuales salieron, gracias al apoyo de su amigo Samuel Duque, presidente de la entonces programadora RCN Televisión, quien acogió la franja de las 10:00 AM., de los sábados, asumió la deuda y contrató como empleado a David Cañón, para que dirigiera dos espacios de TV., El Deporte de la Semana y Fanáticos del Fútbol, la antesala de La Polémica, que tuviera mucho éxito años después, que contaba, además, con la presencia del que fuera importante director de dramatizados de TV., el argentino David Stivel, y los periodistas Jairo Alonso, Oscar, Restrepo y Esteban Jaramillo, entre otros.
Casi en el intermedio de esos dos cuatrienios contradictorios, en 1978 Medellín celebró los Juegos Centroamericanos y del Caribe, que fueron transmitidos al mundo por Inravisión, con la programadora Imagen 2000 Televisión, bajo la dirección general de David Cañón.
A esa propuesta siguió la de la dirección de deportes, de la programadora, y poco después, el mismo cargo, pero en RCN Radio, que le permitió dirigir las transmisiones del Tour de Francia, en esa época gloriosa de los años ochenta del siglo XX, y de los mundiales de fútbol hasta 2010, cuando decide pensionarse.

Las vocaciones gremial y olímpica
Pero además de su enfermedad por el periodismo, David Cañón desarrolló dos vocaciones más, la gremialista y la olímpica. De 1980 a 1990 fue presidente de la Asociación Colombiana de Periodistas Deportivos, Acord, y después del retiro profesional, volvió a transitar por los inmensos territorios del movimiento olímpico, como parte de la Academia Olímpica Colombiana, a la cual pertenece hoy, y a responder a una invitación que le hiciera Ciro Solano Hurtado, actual presidente del Comité Olímpico Colombiano, para que dirigiera el Canal Olímpico del COC, con el cual ha cumplido jornadas que le han hecho recordar esa brillante carrera que forjó durante el ejercicio periodístico, por más de 60 años.

Hoy, David Cañón Cortés, además del COC y de la Academia, dedica su tiempo a lo más importante para él, la familia. Desde 1994 vive con Cecilia arriba de las lomas de Tabio, Cundinamarca, vereda El Salitre, en donde adquirió un lote y construyó una cómoda casa, en la cual vivieron parte de sus vidas, sus hijos David, Mariana e Iván, quienes hoy los frecuentan mucho, con sus nietos, especialmente, Samuel, hijo de Mariana, quien es su máximo motivo de felicidad.
También, en la espaciosa casa de estilo inglés, caben las obras artísticas -pinturas, esculturas, y otras creaciones menos formales- de su señora Cecilia Granados, quien estudió en las universidades Tadeo Lozano y La Sabana, fue profesora y convirtió la residencia de sus sueños, en una verdadera galería de arte.
Pero lo que más se nota en la casa, y se ha notado durante 58 años de matrimonio, es el amor de dos seres humanos que han logrado acoplarse, gracias al fuerte temperamento de Cecilia, que pone orden, al estilo de la recia mujer santandereana, y a la nobleza inteligente y la aguda serenidad de David, un bonachón boyacense de pura raza.






























