Por Filiberto Rojas Ferro
Coordinador de comunicaciones del Comité Olímpico Colombiano
Por la puerta del tiempo entró el periodismo deportivo. De la mano de voces legendarias, cámaras en blanco y negro y micrófonos de largo aliento, llegó también la voz cálida y firme de David Cañón Cortés. Esta vez, no para narrar, sino para recibir el homenaje que su vida merecía desde hace mucho: ver su nombre eternizado en la oficina de comunicaciones del Comité Olímpico Colombiano.
En la mañana bogotana del 15 de octubre, la sede del Comité Olímpico se llenó de historias, de afecto y de memoria viva. La placa fue descubierta con aplausos, pero sobre todo con gratitud. En adelante, la Sala de Prensa David Cañón Cortés no será solo un espacio de trabajo: será también símbolo y recordatorio de que esta profesión se ejerce con pasión, rigor, ética y amor por el deporte.
Las palabras comenzaron a brotar como si fueran columnas habladas. El primero en tomar el micrófono fue César Augusto Londoño, quien recordó cómo aquel joven periodista que apenas comenzaba tuvo el privilegio de compartir set en su primer Mundial de fútbol con gigantes como David Cañón, Gabriel Muñoz López y Álvaro Fonseca Cornejo.
“David no solo es un símbolo del periodismo, es un ser humano extraordinario. En 1982, cuando aún era un novato, me acogió sin pretensiones. Ese gesto marcó mi carrera para siempre”, reconoció César Augusto.

Londoño (foto) no fue el único con recuerdos entrañables. También lo hizo Germán Mejía Pinto, quien narró cómo gracias a David, en pleno furor por Juan Pablo Montoya en la Fórmula 1, Caracol y RCN se unieron para transmitir juntos, por primera vez, bajo la campaña «Una sola radio».
“Eso no fue fácil. Pero David lo hizo posible. Tenía esa habilidad para unir, para construir. No solo fue periodista: fue gremialista, visionario, defensor del oficio y de sus colegas”, aseguró el narrador y experto en Colombia de automovilismo, Germán Mejía Pinto.
José Agustín Martínez lo dijo sin rodeos: “Don David me enseñó a amar los deportes invisibles. Me mostró que el periodismo no debe quedarse con lo fácil o lo popular. Que hay que ir más allá. Este homenaje es el más justo que le han hecho a un maestro del periodismo… y del olimpismo”.
Un homenaje en vida, como debe ser
Héctor Urrego Caballero, decano del ciclismo colombiano, compartió no solo su admiración, sino una reflexión profunda:
“En Colombia solemos hacer homenajes cuando ya es tarde. Esta vez el Comité Olímpico Colombiano acertó. Homenajear en vida no es solo un gesto bonito, es un acto de justicia. Es decirle a alguien que su legado tiene valor aquí y ahora, no solo en la nostalgia del recuerdo”, reconoció el ‘Profe’ Urrego.
Urrego destacó que David ha sido clave en la evolución del oficio: “Es una figura que ha hecho escuela sin pretenderlo, solo con el ejemplo. Su ética, su entrega y su amor por el deporte están en cada rincón de esta sala que hoy lleva su nombre”.

Una ética que se hereda
Ricardo Ruiz, presidente de Acord Bogotá, lo recordó como su primer amigo en el gremio. El que lo formó, lo orientó y luego le dejó la responsabilidad de seguir la defensa del oficio:
“David fue mi guía, mi faro. Me enseñó que no se trata solo de crecer rápido, sino de construir con paciencia. El periodismo es una siembra larga. Él sembró y hoy todos cosechamos”, dijo Ricardo.
Y fue Carlos Julio Guzmán quien compartió una de las escenas más reveladoras del maestro en acción: durante los Juegos Centroamericanos de Medellín 1978, David les asignó un hotel a las afueras de la ciudad: “Lo hizo para cuidar al equipo, para evitar las distracciones. En el fondo, nos enseñó que el periodismo no solo se hace con talento, sino con disciplina, con carácter y con responsabilidad”.
También lo recordó como el gran formador de equipos de trabajo, alguien que cada noche los reunía a planear las transmisiones y los inspiraba con su pasión por contar cada historia con rigor y profundidad.
Y como si las palabras no bastaran, todos coincidieron en una idea: “que su nombre quede para siempre en la sala de prensa es también un tributo a toda la prensa deportiva colombiana, la que madruga, la que investiga, la que cree que cada deportista tiene una historia que merece ser contada”.
La voz de quien lo ha contado todo
Y como si el corazón del periodismo decidiera hablar, David Cañón Cortés cerró el acto con un mensaje que, como todo lo que ha dicho en su carrera, sonó sincero, modesto y profundamente simbólico:
“Como lo he reiterado, el nombre es una circunstancia, un accidente, si se quiere, porque yo lo que estoy representando es el periodismo deportivo del país. A nombre de ese periodismo le agradezco al doctor Ciro Solano como presidente de la institución, a todo el comité ejecutivo, a todo el pueblo deportivo de Colombia y al mismo periodismo que nos ha dado la oportunidad de figurar”, comentó David Cañón.
Sus palabras no se quedaron solo en el agradecimiento. Fueron también una advertencia lúcida sobre el presente del oficio:
“Estamos en un momento no crítico, pero sí difícil respecto a la definición de qué es periodismo, quién es periodista, en un momento tan complejo con estos aparatos, con la tecnología que nos atropella todos los días… Hoy todos los científicos dicen: el medio soy yo. Pero el medio tiene herramientas, y el periodista que se sienta periodista tiene que defender ese nombre frente al medio. Hacer una diferencia entre alguien que manda un mensaje porque tiene un celular o una cámara, y alguien que realmente es un periodista responsable”.
Y a las nuevas generaciones les dejó una máxima de vida: “Si se comprometieron en esto, cumplan. Háganlo a cabalidad. Defiéndanlo. El que hace las cosas correctamente no tendrá problemas. Esa es la única fórmula que conozco”.
Con este gesto, el Comité Olímpico Colombiano hace algo más que honrar a un periodista. Le dice al país que el deporte también se construye desde la palabra. Y que quienes han narrado nuestras glorias con pasión y compromiso, merecen estar en el mismo panteón simbólico de nuestros atletas.





























