Categorías
Revista Olímpica

Un homenaje en vida: ¿por qué la Sala de Prensa hoy se llama David Cañón Cortés?

Por Ciro Solano Hurtado

Presidente del Comité Olímpico Colombiano

Escuchar a César Augusto Londoño y al profesor Héctor Urrego Caballero es saber que ya estaba todo dicho. Por eso decidí resumir lo esencial en un compromiso concreto: vamos a hacer un libro en honor a David Cañón Cortés, un volumen que recoja sus grandes gestas junto al deporte colombiano. 

Y fijé una fecha pública para honrar esa palabra: el 21 de enero, en la ceremonia de los Premios Altius del Comité Olímpico Colombiano, entregaremos ese libro y, con él, el reconocimiento Vida y Obra a don David por todo lo que le ha entregado al país.

Este homenaje, que hoy rebautiza nuestra oficina de comunicaciones como Sala de Prensa David Cañón Cortés, no es un acto protocolario. Es un acto de justicia y de memoria. Quisimos hacerlo en vida, como debe ser, porque David es un ícono del periodismo deportivo en Colombia. Son más de 60 años persistiendo en el buen periodismo, y no solo como reportero o presentador: también como gestor de grandes eventos, como dinamizador del movimiento olímpico, como dirigente gremial que ha defendido la dignidad del oficio y ha promovido su unidad.

Un pionero que nos mostró el camino

Conservo nítidas las imágenes de los años setenta, cuando la televisión abría su camino y los noticieros iban ganando su propio lenguaje. David presentaba el segmento deportivo y, junto a figuras como Humberto Rodríguez Jaramillo o Eucario Bermúdez, fue precursor de una forma de contar que acercó los Juegos, los torneos y los atletas a los hogares colombianos. Luego, ya en Bogotá, muchos crecimos viendo y oyendo el fútbol, el boxeo y tantas disciplinas en formatos que marcaron época, con voces entrañables como Juan Harvey Caicedo y Pacheco. Ese ecosistema, que hoy parece natural, se construyó con el esfuerzo de quienes, como David, abrieron el camino.

Me impresiona pensar lo que significaba hacer periodismo deportivo hace seis décadas: sin inmediatez, con desplazamientos complejos, con tecnologías incipientes. Había que ingeniárselas para que la noticia llegara. Ese temple explica por qué David sigue vigente y activo, impulsando iniciativas como su Noticiero Olímpico semanal, y por qué nos pareció evidente que su nombre debía quedar grabado en la casa del olimpismo colombiano.

La decisión y su sentido

La decisión del Comité Ejecutivo fue unánime. Mientras exista el movimiento olímpico, esta sala llevará su nombre. No porque un rótulo baste para saldar una deuda, sino porque necesitamos símbolos que eduquen: que le recuerden a cada comunicador, a cada atleta, a cada dirigente que entra a este espacio, que aquí se honra el trabajo serio, la ética y la coherencia.

No es casual que el libro que hoy anunciamos nazca con una petición del profesor Urrego y con el respaldo de tantas voces del periodismo. Será una obra coral, con testimonios, crónicas y fotografías; una memoria viva que deje constancia de una vida profesional que tocó la radio, la televisión, la gestión, el gremio y, sobre todo, a las personas.

Un mensaje a las nuevas generaciones

Cuando me preguntan qué les diría a los jóvenes periodistas, respondo: sigan la vida y obra de David. Sigan su disciplina, esa que lo sostuvo cuando “trasladar la noticia” era casi una hazaña. Sigan su respeto por el público y por los protagonistas; su capacidad de servicio al olimpismo; su vocación para formar y unir. Hoy la tecnología facilita el acceso, pero no sustituye la esencia: el criterio, la verificación, la responsabilidad. Que nadie confunda la herramienta con la profesión.

El propio David lo explicó con claridad: estamos en un tiempo complejo para definir qué es periodismo y quién es periodista. La conclusión es simple y exigente: quien se sienta periodista debe defender ese nombre frente al medio. Hacer diferencia entre el mensaje casual y el oficio responsable. O, como dice una frase que él recordó recientemente: “Quien hace las cosas correctamente no tendrá problema.”

Gratitud y tarea

Agradezco a don David por su ejemplo; al Comité Ejecutivo, por respaldar sin titubeos esta decisión, y a la familia del deporte y del periodismo, por acompañarnos en una ceremonia sobria y profunda, a la altura del homenajeado.

Nos queda ahora cumplir la tarea: escribir ese libro que le prometimos al país y entregarlo el 21 de enero junto con el Altius Vida y Obra. Y nos queda, sobre todo, honrar el nombre que ya vive en nuestra sala: trabajar cada día con el rigor, la decencia y la pasión que David Cañón Cortés nos enseñó.

Porque los atletas forjan medallas, y el buen periodismo forja legado.