Se impone la necesidad de formar a los profesionales de la información sobre la base de una racionalidad comunicativo-cognitiva compleja que trascienda la visión meramente tecnológica, para pasar a una visión mucho más holística de estas profesiones. Así se articulan con el aprendizaje individual y organizacional, y la expansión de la inteligencia social.
Por William Ricardo Zambrano
Periodista deportivo, doctor, docente e investigador.
La convergencia digital ha permeado los medios, que han introducido otras formas de comunicación basadas en la interactividad, nuevas relaciones entre los usuarios, otras mediaciones técnico-comunicativas, cambios en la concepción de información, transformaciones en los modelos narrativos y expresivos con expansión de las posibilidades de navegación e hipertextualidad. “Lo que obliga a crear sinergias entre la ciberprensa, la ciberradio, la cibertelevisión y las redes sociales y un nuevo universo espacio-temporal, a fin de afrontar el nuevo modelo de comunicación interactiva” (Ardila, 2008, p. 17).
Castells (2009) agrega que este desplazamiento obedece al tránsito de la sociedad de la información a la del conocimiento y a la comunicación: la cibersociedad sustentada en la metáfora de las redes, y no solo redes electrónicas, sino humanas, sociales, organizacionales, informativas, cognitivas y comunicacionales. El tránsito de la sociedad de la información a la sociedad del conocimiento y la comunicación es posible caracterizarlo a partir de dos metáforas señaladas por Galindo (2000): la verticalidad y la horizontalidad. En la sociedad de la información, simbolizada mediante la verticalidad, las características esenciales son la circulación y flujos de datos disponibles para el individuo a través de las TIC, según Pineda, Durante, Fernández y Belandria (2003).
Pero apenas estos elementos activan el proceso de conocimiento y de aprendizaje en su totalidad, el cual busca avanzar hacia la consolidación de nexos y relaciones entre las personas y sus epistemes a través de las computadoras, los hipermedios y las redes (horizontalidad), como lo predice Tapscott (2009), “entraríamos a la sociedad de la comunicación, para desembocar en el futuro en un contexto social que se valga de las tecnologías para fortalecer el aprendizaje y el ingenio humanos e inaugurar así la posibilidad de una era de la inteligencia interconectada” (p. 82).

Foto: Medium.
Ante estos rasgos generales distintivos del surgimiento de una nueva sociedad, Pirela y Peña (2005) complementan que se impone la necesidad de formar a los profesionales de la información sobre la base de una racionalidad comunicativo-cognitiva compleja que trascienda la visión meramente tecnológica, procedimental-instrumental, de las profesiones vinculadas con la difusión del conocimiento, para pasar a una visión mucho más holística de estas profesiones. Así se articulan con el aprendizaje individual y organizacional, y la expansión de la inteligencia social.
Lo mencionado exige un egresado múltiple, innovador de formas de interacción y relacionarse con otros como lo justifican Rodrigo y García (2010) cuando aseveran que se necesitan de profesionales capaces de vivir en un entorno en que los nuevos lenguajes resultan decisivos. Esta alfabetización no puede ser solamente técnica e instrumental sino procurar la capacitación para convertir la información en conocimiento y hacer de este un elemento de transformación social que, a su vez, garantice el mejoramiento del nuevo entorno del ecosistema comunicativo.
Dichas competencias se asocian con conceptos y destrezas referidas a la calidad, al alto rendimiento, la excelencia, al desarrollo de nuevos métodos, la combinación de las exigencias entre tecnologías de la comunicación, al pensamiento creativo, la resolución de problemas con mínimos márgenes de error, al trabajo en equipo y, sobre todo, a los deseos de aprender.
Lo afirmado lo respalda Lohmann (2009) cuando explicita que el profesional del mundo globalizado debe ser sensible a las culturas, con conciencia social y astucia política, poseedor de un conocimiento amplio, con capacidad y disposición para aprender durante toda la vida y participante de equipos multidisciplinarios; un comunicador y periodista efectivo, con habilidad para hablar en lenguas extranjeras, ético, innovador, emprendedor, flexible y con disposición a movilizarse para responder con eficiencia a las exigencias de la convergencia mediática.
La emergencia de la denominada convergencia de los medios tradicionales a digitales, engloba diversos retos para los programas de Comunicación y de Periodismo tales como investigar, diseñar, proponer, implementar y validar nuevas producciones, lenguajes y narrativas para el mundo empresarial.
De igual forma, las organizaciones siguen adoptando tecnologías interactivas de vanguardia, lo que exige nuevos formatos, enfoques no lineales y relaciones que se producen entre agentes heterogéneos: empresas, públicos y audiencias segmentadas. Los objetivos descritos apuntan a profundizar teóricamente sobre la concepción educativa basada en competencias; caracterizar dicho esquema de formación en la enseñanza de las ciencias de la información, y proponer competencias para el profesional de la información, a la luz del planteamiento mediático.
Según Thompson (2005), los programas de Comunicación y Periodismo han acumulado buena evidencia empírica sobre el proceso de la comunicación, pero el campo sufre cada vez más de ‘erosión’ epistemológica; tenemos conocimiento sólido en muchas áreas, pero tendemos a sostener una orientación débil en los currículos, distantes de las exigencias del mundo digital.
Botelho (2008) ratifica lo descrito al afirmar que se formulan programas estructuralistas de Comunicación y de Periodismo, con abordajes dialécticos y fenomenológicos que hacen hincapié en la emisión, recepción, medios, contexto o en el mensaje, según el interés y la realidad socio histórica del país. Además, priorizan aspectos discursivos, político-económicos, alejados de una realidad mediática y social.

La implementación de tecnologías permite manejar plataformas y sistemas. Parafraseando a McLuhan (2003), hoy podemos decir que el software es el mensaje. Si el software es transversal a todos los medios, recreados por las interfaces digitales, “la educación para los medios más que nunca debe ser transversal, ser transmedia, ser el código del código, intentar explicar cómo se construyen los relatos, cómo se los consume y cómo se transforman los contenidos mediáticos que viajan de un dispositivo a otro” (Albarello, 2016, p. 3). A juicio de Ocampo (2007) está “abarcando horizontes más amplios en la construcción de nuevos modelos de comunicación de cara a un mundo cada vez más inmerso en internet” (p. 22).
Por tal motivo, no podemos entender la comunicación únicamente desde la perspectiva de transmisión del emisor a su audiencia; el profesional de hoy debe conocer las dinámicas de la red, su conexión a través de la Web 2.0, su identidad en el ciberespacio y disponer de sistemas personales de búsqueda y acceso a la información. Ibarra (2002) complementa que “estos cambios han iniciado una progresiva transformación de los puestos de trabajo; es síntesis, un desdibujamiento de las fronteras tradicionales de las rutinarias funciones que anteriormente realizaba la planta laboral” (p. 26).
Hoy, los procesos productivos de los medios de comunicación demandan que los trabajadores combinen competencias técnicas y académicas que los capaciten para decidir, aprender y adaptarse con facilidad a las distintas formas de organización del trabajo; además de desenvolverse con ingenio, mostrar múltiples habilidades comunicativas y periodísticas, y manejo de contingencias en las funciones rutinarias que antes llevaba a cabo la planta laboral.
Es importante que tanto estudiantes como directores de programas de Comunicación y Periodismo entiendan que las tecnologías son solo una herramienta que, por sí sola, no pueden generar crecimiento y desarrollo, ya que para esto se hace indispensable un ser pensante y éticamente responsable. Vásquez et al. (2009) finalizan diciendo que dichas competencias y las que se avecinan, proyecten una situación compleja multidimensional cuya identificación, planificación, implementación y evaluación constituyen desafíos.
Nos espera un gran desafío: una articulación entre la comunicación y la educación que esté a la altura del reto mediático, que indague en sus cimientos, que derribe toda visión neutral de la tecnología que aún hoy perviva, y, sobre todo, según Albarello (2016), que alumbre nuevos caminos para construir una comunicación liberadora que use las herramientas digitales y dote de nuevo sentido a los medios de comunicación.
Próxima entrega: 7 de mayo de 2024: Propuesta de nuevas competencias y perfiles del comunicador y periodista en la convergencia mediática.





























