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Revista Olímpica

Experiencias de valores olímpicos, con atletas de altos logros.

El deporte ha sido solamente una herramienta para cambiar pautas culturales, que son mucho más difíciles de modificar. Son cambios que, indiscutiblemente impactan mucho más allá del deporte, porque lo hacen desde la educación y la cultura.

Por Silvia Dalotto Marcó

Directora de la Academia Olímpica Argentina.

En el año 2017, un año antes de los Juegos Olímpicos de la Juventud Buenos Aires 2018, me convocaron, junto con mi equipo a un campo de entrenamiento. Ustedes saben que los Juegos Olímpicos de la Juventud tienen una franja etaria de 14 a 18 años y son los únicos Juegos en los cuales pueden participar los jóvenes de esa edad, porque para los siguientes, ya no pueden hacerlo, precisamente por edad. 

Por primera vez en la historia de la Argentina se organizó un campus de entrenamiento, con más de 500 jóvenes, todos integrantes de selecciones nacionales, potenciales atletas a clasificar para Buenos Aires 2018. De esos 500 quedarían 70, nada más. Para ellos era una oportunidad de entrenar, de aprender sobre dopaje, sobre hidratación, de hablar con referentes mayores ya consagrados, que iban a dar las charlas. Pero nos pidieron que trabajáramos sobre valores olímpicos. Teníamos solamente 40 minutos para trabajar con ellos. Funcionó, no porque lo diagramáramos bien, sino porque a veces las cosas se dan sin pensarlas.

Lo hicimos mezclando deportes. Entonces, nos llegaron los de balonmano playa, los de esgrima, los de boxeo, los de básquet, los de rugby, los de gimnasia rítmica, todos juntos. Resultó interesantísimo ver los comportamientos, de acuerdo con los deportes. 

Había un banner con el pilar educativo que íbamos a trabajar en el día. Por ejemplo, el juego limpio. Les preguntábamos ¿qué  sabían del juego limpio? ¿quién entiende de juego limpio? Si no hablaban les dábamos un ejemplo; debatíamos dos minutos sobre el juego limpio, y generábamos un juego, en donde las reglas establecían que nadie los iba a controlar.  ¿Cuál era la consigna, porque no iba a haber un árbitro y tenían un determinado tiempo para cumplirlo? Cuando terminaban de jugar hacíamos la reflexión. Nunca nombrábamos a nadie, ni puntuábamos a nadie, pero nos dimos cuenta quién había hecho trampa, y ahí empezaba la verdadera reflexión, es decir, cuando un entrenador nos dice que hagamos 200 abdominales y hacemos 120. Entonces era empezar a reflexionar sobre qué pasaba con la trampa, sobre quién era el primer perjudicado con la trampa y la falta de honor que eso significaba. Terminábamos hablando de cómo esos comportamientos se repetían en la vida personal, por ejemplo, cuando un semáforo está en rojo y nos pasamos. 

La reflexión era que lo que aprendiéramos e hiciéramos en el deporte debíamos hacerlo -por ejemplo jugar limpio- en la vida.

Me tocó implementar esto en Guatemala, con un grupo de 50 atletas, y Guatemala trabaja en el Comité Olímpico con sicólogos. Cuando terminamos los cinco pilares a través de juego les puse en una pantalla dichos pilares y les pedí que cada uno, de manera anónima, escribiera en qué pilar se sentía fuerte y en qué pilar se sentía débil.

El 80 por ciento de los atletas jóvenes de Guatemala, de selecciones nacionales contestaron que se sentían débiles en el equilibrio entre cuerpo, mente y voluntad. Los psicólogos tomaron esta información y empezaron a trabajar súper fuerte, en este tema. Entonces es una herramienta que puede detectar muchas cosas; depende del grupo con el que actuemos y del nivel que trabajemos.  

La mayor satisfacción para mí fue cuando llegaron los atletas, literalmente tiraron los teléfonos celulares, porque la actividad era divertida. Ese es el gran desafío: ¿cómo hacemos para que por un rato se desconecten y sean parte del juego? Todo dependerá también del grupo, porque hay grupos más apáticos y hay grupos más entusiastas.

En el deporte se pierde más de lo que se gana en términos de logros, de triunfos de medallas. Es un permanente volver a empezar, como es también la vida, que es un permanente volver a empezar. 

A este Congreso venía con la  intención de hablarles de resiliencia, pero, la verdad  es que me expoliaron las presentaciones de nuestros amigos de ayer en la tarde, sobre deporte en los territorios, porque ellos hacen un cambio que impacta en comunidades, no solamente en lo deportivo, porque el deporte ha sido solamente una herramienta para cambiar pautas culturales, que son mucho más difíciles de cambiar. Son cambios que impactan mucho más allá del deporte, porque impactan desde la educación y la cultura. Crear oportunidades a través del boxeo, a través del deporte con los migrantes, a través de lo que nos contaba el poli zumba, me pareció fantástico, porque lo que se logra es desarrollar la resiliencia, en toda su dimensión.. Esto que comentaban ayer sobre el chico de Venezuela, que contó que a través del deporte se empezó a sentir escuchado, empezó a tomar otro rol y terminó siendo un líder.

La construcción comunitaria es la única forma de que el programa subsista.  La sostenibilidad en el tiempo de los programas tiene que ver con el compromiso comunitario para que así sea, obviamente el compromiso global. Y para ello debemos estar todos bien preparados.

Recuerdo que  hasta los años 70, el nadador estadounidense Mark Spitz había sido el único atleta en ganar siete medallas de oro olímpico, hasta que apareció su compatriota también nadador, Michael Phelps, y ganó ocho en Beijing 2008. Decía Phelp “si no te preparas, estás preparado para fallar”. También podríamos decir: “es mejor estar preparado y tener la oportunidad que tener una oportunidad y no estar preparado”.

En definitiva hay que estudiar estos temas, hay que revisar esta documentación, hay que ver cómo potenciamos los programas que ya tenemos para agregarles valor. Debemos aprovechar  la gran inspiración que van a significar los juegos de París, porque van a estar en todos los medios, porque todos se van a enterar de que estos Juegos existen.

Uno puede trabajar desde las ONG, los clubes, las federaciones, las universidades,  las escuelas, los sistemas gubernamentales, pero, en definitiva, lo importante es prepararse, tratar de armar un esquema y después, adaptarlo, porque como les decía, a veces las planificaciones no se adaptan a la realidad, entonces tenemos que ver cómo adaptamos nuestra realidad al proyecto que queremos implementar.